«Siempre supe que, aunque las pasara putas, no iba a hacer otra cosa en mi vida»: Miguel Ángel Refoyo ante el abismo.
El cine lleva más de un siglo demostrando que la escasez aguza el ingenio y que lo que no puedes pagar acaba obligándote a decidir.
Hay bitácoras en internet que no son solo páginas web, sino trincheras de resistencia cultural, templos de la cinefilia sin concesiones y faros para los que entendían la red como un territorio de libertad creativa. En 2004 nació 'Un mundo desde el abismo', el mítico blog creado por Miguel Ángel Refoyo "Refo". Durante años, aquel espacio se convirtió en un referente ineludible gracias a sus miles de críticas afiladas, obituarios memorables, crónicas deportivas únicas y ensayos culturales que marcaron a toda una generación de lectores. Tras una década de silencio en la que el abismo pareció apagarse, la noticia saltó por los aires: el próximo 22 de octubre, el blog reabre sus puertas. Mantiene la misma mirada incisiva, el mismo pulso narrativo y el abismo de siempre, pero con un formato renovado y contenidos inéditos.
Detrás de este regreso se encuentra una de las mentes más polifacéticas y singulares del panorama cultural independiente. Licenciado en Ciencias de la Información y natural de Salamanca, la trayectoria de Refo es un viaje fascinante a través de las fronteras de la creación. Es periodista, crítico de cine, publicista, guionista de radio, televisión y cómics, e incluso autor de relatos de terror, ciencia ficción y una novela inédita.
Pero si su pluma digital ha dejado huella, su mirada tras la cámara ha traspasado fronteras. Como realizador, Refoyo ha construido un universo propio que va desde sus inicios en vídeo con 'Abyecto' o 'El Código de las Sombras' hasta dar el salto al formato digital con 'El Límite', un cortometraje aclamado que recorrió los festivales nacionales e internacionales más importantes —llevando su cine desde muestras locales hasta Los Ángeles o el mismísimo Festival de Sitges—. A ello se suma otra de sus obras capitales, '3665' (estrenado a finales de 2013), un cortometraje futurista y postapocalíptico que contaba con la inolvidable voz en off de Álex Angulo, reflexionando sobre nuestro pasado desde los Eldorados del mañana.
Hoy charlamos con él con motivo de este esperado retorno a la blogosfera, de su inagotable pasión por contar historias y de cómo se vislumbra el abismo en esta nueva etapa.
I. LOS CIMIENTOS DE UN CREADOR Y LA MIRADA CINEMATOGRÁFICA
Empecemos por los cimientos. Eres licenciado en Ciencias de la Información, natural de Salamanca, y cuentas con una trayectoria amplísima como periodista de cine, publicista, editor de contenidos y guionista de radio, televisión y cómics, además de autor de relatos de terror, ciencia ficción y una novela inédita. ¿Cómo influye toda esta polifacética carrera en tu forma de mirar y contar historias hoy en día?
Miguel Ángel Refoyo:
Siempre he tenido presente que lo primero que hice en la vida fue contar historias, aunque ni supiera lo que estaba haciendo. Tenía un Madelman en una mano y un Airgam Boy en la otra, y entre los dos se levantaba un universo de emboscadas, de regresos a casa y del vieje del héroe. Contaba lo que veía. Tenía imaginación, yo qué sé. O era un flipado. Aquello creo que era montaje, aunque seguro que no. Pero me divertía conmigo mismo. Y siempre supe lo que quería hacer en esta vida.
El cine llegó a los cuatro o cinco años. Por eso me cuesta separar el mirar del escribir. Analizar un plano, preguntarse por qué el director corta ahí y no medio segundo después, porqué es un contrapicado o se aleja la cámara… Todo eso acaba filtrándose en la sintaxis de cualquier frase. Dibujé y escribí muy pronto y ya sabía que, aunque las pasara putas, no iba a hacer otra cosa en mi vida. Pasé por radio, periódicos, revistas, publicidad, guiones, relatos, cortometrajes. Ninguna de esas escuelas me dio un método. A cambio, me dieron oficio, que creo que es más útil. Mi disciplina, si es que hay una, consiste en adaptarme al contenido. Cada proyecto pide su temperatura y su manera de respirar, y hay que ponerse a su servicio sin perder la voz propia. Todo me ha valido. Pero si te dijera que algo es importante dentro del engranaje, te diría que es la lectura. El cimiento de todo, con la misma voracidad para un clásico que para un tebeo de quiosco.
Lo que menos esperaba es seguir siendo feliz haciendo esto. Veo una película, abro un libro, paso las páginas de un cómic, lo huelo… y vuelve la sensación del niño con los muñecos: algo está a punto de empezar. No sabría vivir lejos de la escritura. Es donde pienso, donde descubro lo que opino mientras lo opino. Y queda mucho por contar, más de lo que consigo darle forma.
En el terreno audiovisual, diste el salto con cortometrajes en vídeo como 'Abyecto' o 'El Código de las Sombras', para después consolidarte con trabajos en formato digital como 'El Límite', que recorrió festivales nacionales e internacionales, y el futurista '3665', que reflexionaba sobre el pasado con la voz inconfundible de Álex Angulo. ¿Qué supuso el cine en tu evolución creativa y cómo conviven el realizador audiovisual y el escritor que llevas dentro?
Miguel Ángel Refoyo:
Empecé a rodar en la universidad, con la sensación de llegar muy tarde al medio. No tenía cámara, dependía de los demás, y de aquella prisa salieron cortos muy gamberros, hechos en plan guerrilla con una MiniDV y con todos divirtiéndonos mucho. Ninguno aspiraba a nada. Cerveza, amistad y cine ¿Qué más quieres? Pero fueron mi toma de contacto, y aprendí sobre la marcha: cómo se planifica, cómo se mueve un rodaje, quién espera a quién, cuánto cuesta una hora de luz mal aprovechada.
‘El Límite’ fue muy distinto. Tenía muchos proyectos y todos eran caros. Este tampoco fue barato, pero ahí empecé a hacer algo más serio y senté las bases de lo que quería, visual y formalmente. Sigo contento de lo que hicimos porque no fue fácil, y porque salió de ahí una manera de mirar lasas cosas con las que me identifico. Y estoy muy orgulloso del equipo del que me rodeé, del que aprendí mucho, porque casi todos ya habían hecho cosas a un nivel profesional en cine. Uno de los secretos del cine es que los que te rodean sepan más que tú.
Con ‘3665’ repetí la lección, pero más a fondo. Había guiones mejores, pero eran inviables, y me tocó ajustarme a una historia que pudiera rodarse. No fue un rodaje tan apasionante como el anterior. Me lo tomé de otra forma. Tanto, que planifiqué cada sección del rodaje, incluso las que no me incumbían, en una especie de locura obsesiva de la que no me arrepiento, pero fue muy agotador. Aun así, con algo más de medios habríamos contado la historia como fue concebida. Lo digo sin quejarme, porque también tuve un equipo alucinante a mi cargo. El cine lleva más de un siglo demostrando que la escasez aguza el ingenio y que lo que no puedes pagar acaba obligándote a decidir. Lo que sí tengo que agradecer, y mucho, es la implicación de un montón de gente que entró en el rodaje y en la postproducción porque creía en la historia. Sin ellos no habría película, y ningún presupuesto sustituye esa fe.
En cuanto a cómo conviven el realizador y el escritor: cuando escribo no me pongo límites, y cuando ruedo las fronteras las impone el propio medio. Aprendí que si quería volver a rodar tenía que buscar una historia posible. Y, paradójicamente, de ahí salió un corto futurista, con algún efecto especial y una sociedad distópica. Una puta locura. Pero el fondo seguía siendo lo que me apasionaba contar: la memoria, lo que se pierde y quién se encarga de recuperarlo. El escritor sueña sin freno y el realizador lo trae a tierra. Se pelean, y creo que de esa lucha entre mi yo guionista y mi yo director sale lo mejor. No sé si volverá a producirse esa pugna de egos. Lo dudo, pero no cierro la puerta a que suceda.
II. EL MITO DE LA BLOGOSFERA Y EL SILENCIO DEL ABISMO
En 2004 nació un auténtico mito de la red: el blog 'Un mundo desde el abismo'. Durante años fue un referente gracias a sus miles de críticas, obituarios, crónicas deportivas y ensayos culturales. ¿Qué recuerdos guardas de aquella época dorada de la blogosfera y qué significó ese espacio para ti y para tus lectores?
Miguel Ángel Refoyo:
Todo empezó leyendo otro blog. Se llamaba ‘Nopodemosmás’, y lo escribía el gran Rafa Gil, un publicista de prestigio amigo de los hermanos Alvariño, que era amistad común. Yo lo miraba con curiosidad y envidia. Era una puerta abierta a poder escribir y que la gente lo leyera. Me dije: por qué no. Tenía mucho material escrito de periódicos, revistas y colaboraciones sueltas, un cajón lleno de textos, y tenía ganas de hacer cosas. De blogs no sabía nada. Me metí esperando muy poco, pero con ilusión. En pocas semanas vi que había gente al otro lado, que volvía, que comentaba, que esperaba el siguiente texto. Durante una época, fui adicto a escribir en el sentido literal. Abría el ordenador por la mañana, esperaba a que las horas de internet en las que podía acceder a la red, pensando en qué entrada subiría aquella noche. Todo lo que me pidiera el cuerpo. Aquel espacio no tenía límite de caracteres, y yo tampoco tenía costumbre de tanta libertad.
Hay una imagen que resume bien la época. Vivía, iba y venía de Madrid. Una vez en Callao, entre el gentío de la Gran Vía, alguien me saludó y me reconoció. Era el fulano que seguía el Abismo. Uno escribe a solas, en una habitación de Salamanca o en Madrid, sin saber muy bien a quién llegan las palabras, y de pronto alguien te para en medio de la calle para decirte que te lee. Estuvo guay. Acabé de cervezas con él. Pero el objetivo nunca fue el aplauso. Fue disfrutar escribiendo, con un contenido de esfuerzo y trabajo que poco tiene que ver con los creadores de contenido de hoy. La urgencia de producir venía para que algo se leyera. Aquello se escribía despacio, con la cabeza puesta en el texto y no en la métrica ni el algoritmo, que no sabía ni qué era. Por eso su vuelta es lo que es: el intento de un viajero carroza por crear cosas a su puta bola sin esperar mucho a cambio.
Sin embargo, el abismo se quedó en silencio durante una década entera. ¿A qué se debió este largo parón? ¿Cómo se gestó la decisión de volver a encender la mecha y por qué el 22 de octubre es la fecha elegida para este retorno?
Miguel Ángel Refoyo:
No fue un parón, fue una vida entera que pasó por encima. Tuve un hijo, que es lo mejor que me ha ocurrido y lo que más ha cambiado mi forma de estar en el mundo. Vinieron después una época de bajón anímico, el covid que nos descolocó a todos y más cosas. No fue fácil. Era padre y mi mujer se sacrificó por el bienestar familiar. Ella renunció a mucho. Yo pagué mi parte. Es lo bueno y lo malo de una relación de más de dos décadas. Hubo desilusiones, hubo frustración, y hubo meses en que escribir me parecía un lujo de otro que ya no era yo. Pero me quedo con una cosa: vi crecer a mi hijo cada día. Estuve ahí. Eso no hay oscuridad que me lo quite.
Siempre que me he caído me he levantado. Lo he escrito muchas veces. Y esta vez no fue distinto, solo que más lento. Me recompuse y dejé la oscuridad. Me mudé de casa y lo que tenía ahorrado para un nuevo corto mucho más caro me lo gasté en crear un contexto en el que estuviera feliz escribiendo. Y joder si lo he conseguido. Ahora tengo un sitio adecuado, una mesa, un ordenador con cuatro pantallas, una luz, unas estanterías, una butaca y una pantalla para ver pelis. Creo que, al final, no se trataba de hacer cine. Por eso la mecha se enciende ahora y no antes. No quería volver por inercia ni por nostalgia, quería volver cuando hubiera algo que contar y alguien en condiciones de contarlo. Y es ahora.
III. LA VUELTA Y LA RESISTENCIA CULTURAL
El avance oficial del regreso ya ha adelantado pistas sobre lo que nos espera. ¿Qué se va a encontrar el público fiel que llevaba diez años esperando y qué novedades o sorpresas trae esta nueva etapa en cuanto a formato y contenidos?
Miguel Ángel Refoyo:
Nada diferente y todo a la vez. Es la mejor manera que tengo de resumirlo. Nada diferente porque el espíritu es el mismo. Tengo veintitantos años más, claro. Un viejales. Un ‘boomer’, como cojones se llame. Y eso se nota en el pulso, pero el que escribe sigue siendo el que abrió aquel blog con una carpeta llena de textos. Todo a la vez porque en estos diez años no he dejado de escribir. Lo que se encontrará el lector fiel es el legado de los catorce años hasta el cierre, intacto y a su disposición, y además mucho inédito: ensayos, textos largos y reviews que escribí sin saber si algún día verían la luz. Desde 2016 hasta hoy. El formato es el de siempre. El Abismo tendrá mucho cine y escritura para un público que quiera leer. Las redes, el feedback inmediato, los shorts, lo visual, los pódcast, todo eso me la suda bastante। Y no lo digo con desprecio, lo digo con la franqueza de quien conoce su oficio. El Abismo son textos. Siempre lo fueron. Quien venga buscando un vídeo de diez minutos o una opinión en caliente se equivocará de sitio.
Tampoco me preocupa el alcance. No vuelvo a medir nada ni a perseguir a nadie. En principio, no quiero monetizar ni que me conozcan. No tengo nada que demostrarme a mí mismo ni a los demás. Vuelvo para escribir como antes, pensando, con rigor, con el gusto de dar forma a una idea hasta que se publica el texto. Si al otro lado hay tres, cien personas o mil, esa será la cifra que me satisfaga. Sorpresas habrá, pero serán de contenido y no de envoltorio. Esa es, quizá, la mayor novedad en un mundo que se ha vuelto tan ruidoso. Que les den a los creadores de contenido. Yo no estoy ahí. Soy escritor con carrera y estudios versado en letras, no un mono de feria célebre que vive en Andorra ganando mucha pasta o que congela basura soltando bilis tóxica.
Mantienes la misma mirada y el mismo pulso narrativo de siempre, pero el panorama digital y cultural ha cambiado radicalmente desde 2004. ¿Cómo ves el estado actual de la crítica cultural y de internet en la era de las redes sociales? ¿Hay espacio hoy en día para blogs de trinchera como el tuyo?
Miguel Ángel Refoyo:
Creo que sí hay espacio. Cambia el producto, no quien lo mira, lo escribe y lo juzga. A pesar de que las plataformas son lo peor que le ha pasado al audiovisual, por mucho que prometieran alternativas sin límites, el oficio de plantarse delante de una obra y preguntarse qué hay ahí sigue siendo exactamente el mismo. Lo que sí ha cambiado es que la crítica se ha convertido en un sistema de estrellitas y chorradas similares. Ya casi no hay reflexiones en profundidad o ensayos. Son veredictos efímeros redactados para que lo entienda hasta quien no sabe hacer la “o” con un canuto ¿Es accesible? Guay ¿No? Eres un brasas. Ya era así cuando empecé. No es un blog para gente incapaz de captar la atención o que no puede respirar sin el ‘scrolling’ más de un minuto. Cinco estrellas, tres estrellas, pulgar arriba ¡Venga ya! Eso no es escribir de cine.
Lo breve y el meme dictan las tendencias, deciden lo que importa durante tres días y desaparecen. Es una cultura autodestructiva. ‘Un mundo desde el abismo’ es lo contrario. Un blog denso. Vuelve a ser un entorno que exige algo de ti como lector. Y si te cuesta demasiado esfuerzo, no pasa nada. Hay millones de sitios hechos a tu medida.
IV. PASIONES, FANTASMAS Y REFUGIOS
Tienes un currículum cultural amplísimo —periodismo, cine, radio, publicidad, cómics...—, pero a nivel personal, cuando apagas las pantallas y dejas de lado los guiones, ¿qué aficiones o pequeños vicios inconfesables te roban el tiempo libre?
Miguel Ángel Refoyo:
Leer. Desde siempre y sin remedio. Es una afición devoradora, y lo mejor de mi suerte es que mi trabajo la incluye. Poder dedicarte a lo que haces en el tiempo libre es lo más bonito del mundo, con una trampa: la frontera entre el trabajo y el ocio se borra, y uno acaba sin saber si está descansando o produciendo. Pero no me quejo. Tampoco por lo que se cobra, que es muy poco. No concibo un día sin escribir o sin ver una película, y los días en que alguna de las dos cosas falla me veo desubicado. También vivo con música puesta. Jazz, bandas sonoras, rock, lo que caiga. Soy ecléctico por naturaleza: lo mismo me puede acompañar un disco de Coltrane mientras escribo que una banda sonora de John Williams mientras cocino, que es otra de las cosas que se me da bastante bien.
Luego está el deporte, y ahí sí que soy un apasionado. Fútbol, solo el Athletic Club, nada más. Los demás equipos me dan una pereza abrumante. Si tengo que elegir; el baloncesto, de todo tipo y a cualquier hora. Y si juega la Penya, ahí estoy. También soy un fanático de la NFL, con mis Patriots en cabeza, hagan lo que hagan. Veo la NHL, y mi equipo es Philadelphia Flyers. En realidad, veo de todo.
Entre los vicios, uno confesable y sabido es la cerveza.
Pero el mejor ritual de la semana llega los jueves, con una pachanga de baloncesto junto un grupo de tíos con los que se sintoniza muy bien dentro y fuera de la pista. Pasan los años, las rodillas protestan, los tiros ya no entran como antes, y aun así nadie falta. Si hay un lugar donde no escribo, no veo y no pienso en nada, es esa cancha con estos fulanos.
Eres de Salamanca y has vivido muy de cerca la noche y la cultura de la ciudad, pero también se te nota en los vídeos ese arraigo especial (hasta con guiños futboleros y devociones como el Athletic Club). ¿De dónde te viene esa vena tan fiel y pasional con tus equipos y tus cosas?
Miguel Ángel Refoyo:
Del Athletic Club soy por herencia, pero no por parte de padre, que es del Betis. Me llegó desde muy pequeñito por varios flancos; por mi abuelo materno, por unos tíos, por unos primos… en mi familia convive mucho athleticzale. Crecí rodeado de camisetas zurigorri, de domingos con la radio puesta, de aquellas ligas vascas y copas del Rey. Ser del Athletic Club nunca ha sido solo cuestión de fútbol. Es identidad, sentido de pertenencia, una filosofía que va por delante del resultado. Se lleva en la sangre, aunque suene a tópico, y los tópicos suelen ser verdad cuando se viven desde dentro. Además, los de Bilbao nacemos donde queremos.
Con todo lo demás ocurre lo mismo. Tengo un gran sentido de la lealtad. Mi grupo de mejores amigos son con los que estudié desde preescolar. Y las reuniones las hacemos con los compañeros de EGB, no con los del instituto o lo de la Universidad. Si sigo a alguien o a algo, es para siempre: un equipo, un director de cine, un disco, una cerveza, un sitio donde sentarse. No me gustan los cambios. Hay quien confunde la fidelidad con la falta de curiosidad, y no es lo mismo. La curiosidad es descubrir cosas nuevas, y la lealtad es saber qué merece la pena serlo. Yo hago las dos cosas. Y si todo está bien como está, por qué cambiar. Por eso El Abismo vuelve igual que antes
Salamanca y la noche son partes importantes. Durante una época universitaria fue mi hábitat; mucha fiesta, borracheras, excesos, escaleras y madrugadas que duraban hasta el amanecer. Lo que tenía que hacer, lo hice, y bastante estiré la bobada dipsómana. Tuve un niño, y pasado el umbral de cierta edad todo cambia. Prefiero las cosas tranquilas. No me arrepiento de nada, pero tampoco la echo de menos: aquellas noches ya me las he bebido enteras.
Teniendo en cuenta que has escrito mucho terror y ciencia ficción, y que tu blog se llama nada menos que 'Un mundo desde el abismo', ¿eres de los que disfruta pasando miedo con historias oscuras en la vida real o en el fondo eres un cinéfilo de sobremesa tranquilo y de los que huye de los sustos?
Miguel Ángel Refoyo:
Siempre me han flipado la literatura y el cine de terror, desde pequeño. No es un descubrimiento tardío, sino una afición con raíces largas. El nombre del blog, por cierto, viene de un aforismo de ‘Más allá del bien y del mal’, de Nietzsche, ese que dice que cuando miras mucho tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti. Podría tener que ver con mi gusto por lo tenebroso, pero en este caso el título es más grande que su explicación. Lo que me atrae del miedo es, sobre todo, la sensación física. La adrenalina de quedarte inmóvil en una butaca esperando lo que sabes que va a llegar. Y debajo de la adrenalina, los terrores atávicos: la oscuridad, lo que se mueve en el fondo de un pasillo, lo que no se ve. Ahora me dan miedo los políticos, cierto tipo de ellos. Como dice Terele Pávez, en ‘Las Brujas de Zugarramurdi’: “A mí las brujas no me dan miedo... a mí lo que me da miedo son los hijos de puta".
De niño pasé leyendo los clásicos, a Lovecraft, Poe, Stephen King, Dean Koontz, Richard Matheson… y viendo de las películas de la Hammer y de los clásicos de la Universal que emitían por la tele al terror de la época, que eran los ochenta, con el gore y todo tipo de cintas de género. Fue una educación sentimental a base de sombras, chorros de sangre y mucho arte y artesanía. Es un cine que me gusta y que me sigue gustando. Lo que no acabo de entender es la moda del terror elevado y todo eso. Me suena a modismo para convencer al que se avergüenza de ir a ver una de miedo. El terror cuando es bueno es bueno, y cuando es malo, tampoco lo arregla una etiqueta.
Para terminar, y mirando ya fijamente al 22 de octubre: si tuvieras que definir en una sola frase lo que significa este reencuentro con 'Un mundo desde el abismo' tanto para ti a nivel personal como para quienes nunca dejaron de mirar al fondo, ¿cuál sería?
Miguel Ángel Refoyo:
Es volver a casa tras cruzar el desierto, mi particular regreso a Ítaca, solo que aquí no me espera un reino sino un teclado, una cerveza fría y con las ganas de escribir recuperadas; y para quienes nunca dejaron de mirar al fondo, la prueba de que todo sigue ahí.
«Es volver a casa tras cruzar el desierto, mi particular regreso a Ítaca, solo que aquí no me espera un reino sino un teclado, una cerveza fría y con las ganas de escribir recuperadas; y para quienes nunca dejaron de mirar al fondo, la prueba de que todo sigue ahí.»
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