«El ego es el único guionista que nunca se corta»: Bruno Martín ante el abismo de 'Luger'
El cine independiente siempre es un rotundo plan B. Pero a veces el plan B es la mejor película que puedes hacer.
En un almacén polvoriento del polígono industrial P29 de Collado Villalba, entre olor a aceite quemado, chapa oxidada y café recalentado de máquina vieja, Bruno Martín habla de cine con la tranquilidad salvaje de quien no le debe nada a los despachos oficiales ni a la condescendencia de los festivales de salón. A sus espaldas, entre monitores de edición y cajas de material de rodaje apiladas contra la pared, reposan las cicatrices de Os reviento y la gestación de Luger, un thriller áspero, seco y macarra que dinamita la solemnidad corporativa del policíaco español para transformarse en un western urbano a quemarropa. Aquí no hay tibiezas: hay disparos certeros, barro en las botas y un pulso endiablado por el género en estado puro.
I. ROMPER EL HIELO Y 'LUGER'
Inevitablemente, la sombra de Os reviento y tu background como montador proyectan la idea de que Luger es puro ritmo e hipérbole muscular, pero la secuencia del bar funciona casi como una pieza de cámara minimalista; ¿hasta qué punto el ritmo de esta película se construyó en la mesa de edición o realmente estaba ya dictado por la claustrofobia espacial del guion?
Bruno Martín:
🎭 Pausa mientras apura el café y sonríe con cierto cinismo
Siempre he tenido claro que el tiempo es oro. Si tú puedes trasladar la misma idea y hacer una labor de síntesis para contar una historia en el menor tiempo posible, es algo que el espectador, a lo largo del metraje, agradecerá inconscientemente. Con esto no quiero decir que todas las películas tengan que estar contadas de manera vertiginosa; cada secuencia, cada personaje y cada historia en general tiene un tempo determinado. Encontrar ese tempo es lo complicado.
Yo siempre me siento cómodo con ritmos endiablados y, por supuesto, Luger y su ritmo estaban ya dictados desde sus inicios durante el proceso del guion. Como comentas, la secuencia del bar/restaurante —como alguna otra dentro del film— cambia el tono y el ritmo porque la tensión que sucede dentro de ella lo pide. Esa secuencia en concreto cambia hasta el tono de la peli para convertirse, por unos minutos, en un western urbano.
En un panorama donde el thriller español suele refugiarse en la sobriedad del policial corporativo o la solemnidad institucional, vosotros apostáis por un thriller macarra y pulp; ¿sentías que había un vacío deliberado en nuestra taquilla hacia la violencia lúdica y sin complejos, o era simplemente una pulsión de espectador egoísta?
Bruno Martín:
🎭 Risas francas
Puro egoísmo. Nunca tuve intención de llenar ningún vacío en taquilla puesto que no entiendo la taquilla. Sencillamente hice la peli que a mí me gustaría ver. Pensé que habría más zumbados como yo en el mundo que lo agradecerían.
Te defines abiertamente como hijo del cine de Tarantino, Guy Ritchie o Bielinsky, pero en Luger el 🎓MacGuffin que desencadena la catástrofe no es un maletín dorado ni un cargamento de droga, sino un vestigio bélico de la Segunda Guerra Mundial metido en una caja fuerte; ¿cómo se equilibra la referencia cinéfaga anglosajona con el barro, la picaresca y la cutrez sociológica de un polígono del extrarradio madrileño?
Bruno Martín:
La pistola Luger es un icono con carga histórica, cinematográfica y de coleccionismo; poner ese macrocosmos de la Segunda Guerra Mundial frente al microcosmos de unos perdedores pasando un mal jueves en un polígono del extrarradio madrileño crea un contraste y un riesgo dramático muy interesante.
Visualmente empleo composición y montaje seco, luz cruda, planos medios y diálogos coloquiales para las escenas; así el MacGuffin impulsa la trama sin anular lo local. La idea es que el objeto abra la caja de la historia, pero sean la picaresca, los miedos y las decisiones cotidianas de los personajes los que marquen su resolución. La Luger solo da nombre a una película que trata sobre la lealtad y las segundas oportunidades.
II. DECISIONES CREATIVAS Y PUESTA EN ESCENA
Has comentado en alguna ocasión que el cine de acción no admite "falsedades" en el plano físico. Teniendo a un especialista en artes marciales y atleta natural como Mario Mayo en el reparto, ¿cuánto hubo de resignación al tener que frenar el despliegue puramente físico para someterlo a la narrativa dramática y a un "Goliat con corazón"?
Bruno Martín:
Realmente no fue resignación, sino más bien algo similar a la disciplina. Frenamos el despliegue físico cuando la escena pedía emoción y verosimilitud. Por mucha calle y peleas que el personaje de Mario (Toni) tenga, siempre hay gente más chunga, peligrosa y en mayor número.
Aprovechamos la potencia de Mario con secuencias medidas y acciones concretas que multiplican su impacto sin convertir la película en una sucesión de golpes. El resultado es una especie de Goliat que puede noquearte en pantalla pero cuyo conflicto interior y pequeñas vulnerabilidades lo hacen creíble y profundamente humano.
Durante años has sido la mano derecha como actor y algunas veces coguionista de David Sainz, alguien con un sello autoral incontestable en el formato de guerrillero audiovisual; al ponerlo a él delante de la cámara como protagonista y dirigirlo tú, ¿cuántas veces tuviste que apagar al David-director en el set para que sobreviviera el David-actor vulnerable e impulsivo que exigía Luger? (Por cierto, dile que nos debe un retuit de nuestra crítica a Luger).
Bruno Martín:
Por suerte, David y yo nos respetamos muchísimo dentro de la profesión (¡y fuera también, jajaja!), y además, el papel estaba escrito expresamente para él. David conocía muy bien Luger y tenía consentimiento por mi parte y potestad absoluta para aportar lo que, dentro de su profesionalidad, creyese oportuno. Hay veces que intentar mejorar algún detalle puede conllevar ralentizar y, al final, es contraproducente. David se mueve de maravilla dentro de un rodaje y conoce los tiempos: cuándo opinar y cuándo no.
Rodearme de un protagonista director, un director de fotografía director (David Hebrero) y un productor ejecutivo director (Raúl Cerezo), ha sido enormemente beneficioso para una película de acción que debía rodarse en tan solo 20 días dentro de un polígono industrial en pleno movimiento.
El plano del maletero es un 🎓Tropos quemado hasta la saciedad por el cine negro noventero. Supimos que intentasteis rodarlo a través del cristal trasero de un Mustang y que la propia física del coche os obligó a terminar dentro del maletero de forma casi cómica; ¿cuántas de las decisiones que la crítica califica hoy de "brillantes homenajes de género" nacieron en realidad de un puro contratiempo técnico con el agua al cuello?
Bruno Martín:
No escondo mis inspiraciones, pero creo que, en la mayoría de los casos, los homenajes no aportan nada. Es por esto que muchos "homenajes" nacieron de la necesidad pura. Porque algún maestro ya los inventó en su día, porque era la manera más sencilla y elegante para resolverlo. Es cierto que intentamos evitar aquel plano del maletero pero, como bien dices, la física del vehículo nos lo impidió. Terminamos metidos ahí dentro porque era la única forma física de colocar la cámara.
Los analistas suelen etiquetar el plano secuencia como un alarde estético o de arrogancia técnica, pero vosotros admitisteis que los planos secuencia de Luger fueron un Plan B desesperado por falta de tiempo e iluminación. ¿El cine independiente de género en España se sostiene más sobre la pericia del diseño o sobre la capacidad de improvisación salvaje a última hora?
Bruno Martín:
🎭 Gesto contundente sobre la mesa
Para mí, el 90% de los planos secuencia son una llamada de atención de los directores. Son un "¡Eh! ¡Mirad lo que hago con la cámara!" que pocas veces aporta a la narrativa. Los grandes directores hacen que te olvides de la cámara, pues su cometido es contarte una historia. Inevitablemente, todos los directores tenemos cierto grado de narcisismo y todos queremos que nos hagan casito de vez en cuando.
El cine independiente está al servicio del mayor enemigo del cine y de la vida: el tiempo (y también los recursos). El cine independiente —de género o no— siempre es un rotundo plan B.
En el pase de prensa en Sitges la película arrancó con risas y ambiente de comedia gamberra, pero conforme avanza el segundo acto la violencia se vuelve áspera, sorda y sin espacio para el chiste. ¿No tuviste miedo de frustrar al espectador que pagó una entrada buscando una comedia desenfadada y se topó de golpe con un drama sobre la lealtad y el perdón?
Bruno Martín:
El objetivo que Santiago Taboada y yo tuvimos escribiendo la peli siempre fue el de frustrar al espectador. Pero un momento, que esto parece que suena mal y no lo es. Ofrecemos unos personajes con los que empatizar, con los que sentirte cómodo y fuerte. Pero llega un punto en el que unos tipos más duros y más fuertes se topan en su camino. Y es ahí cuando las risas se apagan.
Pero sigue la tensión, y volvemos a hacer esto un par de veces más durante el metraje para que, llegados a ciertos momentos, te sientas complacido con cómo se van desarrollando los acontecimientos. Considero que Luger es frustrante pero complaciente. Si alguien tuvo la idea de ver una comedia gamberra, ni el póster ni el tráiler daban esas señales... Aunque ahora que lo pienso, quizás el error fue sacar a David Sainz en grande en la portada, jajajaja.
III. OFICIO Y DIRECCIÓN DE ACTORES
Raúl Cerezo, tu productor ejecutivo, sugirió recortar del guion original una secuencia multitudinaria con 35 personas, tiroteos y hasta un tigre. ¿Ese ejercicio de podar el exceso convirtió la película en una obra más sutil e intrigante, o al montarla aún suspirabas por el espectáculo salvaje que se quedó en el tintero?
Bruno Martín:
Tener a alguien ducho en el terreno de batalla que supone un rodaje como Cerezo es un valor añadido indiscutible. Santi y yo hicimos una primera lectura con él de la primera versión que, inevitablemente, era algo entusiasta. La secuencia era espectacular, pero requería de unos cinco o seis días de rodaje y 35 actores con sus respectivos sueldos durante todas esas jornadas.
Sugirió que, en general, en la segunda vuelta fuéramos recortando lo que no fuese imprescindible: juntamos varios personajes en uno solo, quitamos secuencias y subtramas hasta que quedó una película muy diferente pero mucho más sutil, más interesante y mejor. No supuso ningún problema desprendernos de todas aquellas escenas. Muchas las guardamos en nuestro corazón para reciclarlas y adaptarlas en futuros proyectos donde podamos disponer de muchos más medios para poder llevarlas a cabo.
A lo largo de tu trayectoria has pasado por prácticamente todos los escalafones de la industria: auxiliar de producción, ayudante de dirección, montador, actor en series de emisión diaria como Acacias 38 o Patria, y creador de webseries; ¿cuál de todos esos "Brunos" anteriores sufrió más cuando pisaste el rodaje de tu primer largometraje como director?
Bruno Martín:
Creo que todos esos "Brunos" estaban dando saltos de alegría como niños con bicicleta nueva. En esta profesión tan vocacional, mucha gente tiene claro qué quiere ser dentro de ella. Yo he pasado por muchas facetas hasta encontrar esos lugares donde me siento cómodo. Y todas me han aportado armas para enfrentarme y entender esta profesión de una determinada manera.
No creo que ninguno sufriera; todos fueron parte de mi vida hasta que tuve que dar el do de pecho con mi primera película real. Todos aportaron algo a ese proceso que me llevó exactamente al lugar donde tenía que estar.
Llamar a la productora A Man From Murcia o rodar de punta a punta en el polígono P29 de Collado Villalba demuestra un orgullo por la periferia muy marcado. ¿Por qué el cine de género español ha tardado tanto en darse cuenta de que una nave industrial en un polígono en día laborable resulta un escenario mil veces más amenazante que una maqueta de plató?
Bruno Martín:
No somos los primeros ni seremos los últimos españoles en rodar algo en un polígono. Pero creo que sí los primeros en convertirlo en un personaje más. Casi todos los cortos y casi todas las webseries que he hecho han tenido una o varias secuencias en ese polígono. Crecí en él, quedaba con mis colegas en un descampado que había junto a unas vías donde se rodó una de las secuencias en particular. Pasábamos las tardes sentados en unos viejos asientos de coche abandonados al lado de un desguace donde nos colábamos para hacer el cabra mientras bebíamos kalimotxo.
Y siempre sentí que era un lugar mágico porque venía de la fuerte cultura industrial de los 80, donde muchas de mis pelis favoritas, videojuegos de recreativas y videoclips comenzaban o terminaban en sucios y oscuros callejones de polígonos. Las naves industriales son un escenario urbano universal y bello. Son prácticamente iguales aquí, que en Berlín, que en Michigan. Además, todo ese ladrillo, la chapa y esas chimeneas humeantes ayudaban a formar el perfecto background, atrapando a nuestros protagonistas en un laberinto de estructuras repetitivas y desorientadoras.
Decidiste reservarte el papel de Charlie en la película, argumentando con guasa que así ahorrabas presupuesto de casting para poder alquilar una steadycam. Más allá del chiste económico, ¿poseer formación como actor cambia la manera en que un director se comunica con su reparto cuando el espacio de rodaje se convierte en un infierno claustrofóbico?
Bruno Martín:
Como comentábamos antes y como Michael Caine decía en su libro Actuar para el cine, una película es una empresa temporal. Si tú conoces todos los estamentos de dicha empresa, te será infinitamente más fácil desenvolverte y ser resolutivo ante adversidades que ni siquiera tienen que ver directamente con tu departamento. Tener una visión global te otorga muchas más armas para enfrentarte al rodaje de una película y conseguir que los elementos externos —que son muchísimos— no diluyan en exceso la idea cinematográfica que tenías en la cabeza.
En Luger, los personajes femeninos —desde la abogada de moral distendida interpretada por Ana Turpin hasta la dueña de la casa de empeños o la camarera— rompen por completo la inercia del "cine de tipos duros". ¿Fue una decisión consciente para airear la "nabosfera" del género o simplemente una consecuencia de haber vivido el ambiente de barrio real?
Bruno Martín:
La peli tiene un componente de testosterona evidente. Pero Santiago y yo decidimos conscientemente que en Luger las mujeres mantuvieran peso, colmillo y matices: no solo inteligencia y valentía dentro de un mundo marcadamente masculino (el polígono y los trabajos físicos de fuerza), sino también complejidad emocional.
Trabajé con las actrices para forjar supervivientes que no temiesen enfrentarse a nada, pero que en determinados momentos se vieran superadas por la fuerza bruta de otros personajes. Así que no fue solo una “cosa del barrio” ni un simple gesto políticamente correcto: fue una elección narrativa deliberada para romper la inercia del “cine de tipos duros” y aportar realidad social. Buscábamos un reconocimiento palpable de las dificultades que muchas mujeres afrontan sin perder jamás la verosimilitud dramática.
IV. INDUSTRIA, POLÍTICA Y CONTRADICCIONES
Con el respaldo internacional de festivales como Austin o Estrasburgo, el aplauso en el Festival Sombra y el inapelable botín de 6 galardones en Isla Calavera y 5 galardones en los Blogos de Oro 2026 (incluyendo Mejor Película, Dirección y Guion) entre otros tantos (la película acumula 25 premios), entra en juego la inevitable conversación institucional: ¿ves alguna rendija real para que una película de acción rabiosa, independiente y macarra como Luger tenga cabida en las nominaciones de los Premios Goya, o la Academia sigue sufriendo una alergia incurable hacia el cine de género pulp? Y, por cierto: si suena la flauta y terminas nominado, ¿mantendrás la promesa que nos hiciste por Twitter tras nuestra crítica en Claqueta Ácida y nos caerá ese pase VIP para la gala, o nos tocará cubrir la alfombra roja a pie de calle?
Bruno Martín:
Creo que no voy a meterme demasiado en ese jardín más allá de comentar que para llegar a los Goya necesitas un respaldo humano y económico tremendo para poder hacer una buena campaña de visualización entre los académicos. No creo que sea una cuestión de alergias hacia ciertos géneros. Si una película dispone de pocos medios, imagina los recursos que quedan casi un año después de su producción.
No obstante, y con la mano en el corazón, te diré que vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para llegar a la gala de 2027. Lamentablemente, y llegado el caso, lo de la promesa sobre el pase VIP no creo que pueda cumplirlo pues no estará en mis manos. Lo que sí puedo garantizaros es que si me dejan rodar otra peli, tendréis pase VIP para el estreno de la misma.
Habéis levantado Luger mediante financiación privada y la tenacidad de La Dalia Films, al margen de las subvenciones tradicionales de las comisiones de evaluación oficiales. ¿El sistema actual de ayudas públicas condena al cine de acción o de terror español a ser siempre una proeza de guerrilleros?
Bruno Martín:
La verdad es que mis labores como productor han sido escasas y forzadas... Os reviento, Luger y poco más, y espero no volver a hacerlo nunca más. No entiendo la burocracia, el papeleo, los puntos, las subvenciones y toda esa mierda. Sé que Luger optó a la ayuda de la Comunidad de Madrid y que no nos la concedieron. Nos dieron un 47%. Insuficiente, que por más que le llores al profesor no va a darte el 5. Tampoco lo peleamos mucho ni malgastamos energías en ello. Las ganas por comenzar a rodar la peli estaban por encima de cualquier despacho.
Sobre qué parámetros, temáticas y géneros se toman esas decisiones institucionales prefiero no opinar. Yo me dedico a hacer películas sobre lo que me interesa. Si no entra dentro de los estandartes impuestos, perfecto: yo a mi rollo y ellos al suyo. Nadie me va a decir qué historia tengo que contar.
La banda sonora y el diseño de sonido de la película reciben elogios casi unánimes por la forma en que retumba cada golpe o disparo. ¿Cómo trabajaste la mezcla de sonido para evitar ese mal endémico del cine español donde la música devora los diálogos o las bofetadas suenan a cartón piedra?
Bruno Martín:
En ambos departamentos (música y sonido) tuvimos a auténticos titanes como Leví Star (con quien llevo trabajando toda la vida), Dani Bravo (sonido directo y mezclas) y el Pertigosaurio (diseño de sonido y mezclas). Dani Bravo hizo un trabajo en set increíble él solo... con secuencias en las que había hasta 8 personajes a la vez (como la de la oficina claustrofóbica, por ejemplo). Fuimos a postproducción con un material de primerísima calidad que remató Martín Jiménez en su estudio.
Técnicamente, cada impacto lleva entre siete y ocho pistas superpuestas para darle cuerpo y verosimilitud; no usamos “bofetadas de cartón”, sino capas de graves y texturas ambientales reales. Con Leví pasé 15 días en el estudio buscando la música y su identidad para el montaje, ya que era la única cosa que no tenía del todo clara antes de rodar. Utilizamos pocos elementos muy castizos (palmas, cajón flamenco) y algún elemento disruptivo (chelo) para mantener la tensión sin enmascarar los diálogos. El resultado es una mezcla potente y nítida donde los golpes retumban con peso y la música acompaña sin devorar jamás las voces. Y sobre todo: no hace falta estar subiendo y bajando el volumen de la tele.
En un mercado obsesionado con los algoritmos y las métricas de consumo de las plataformas, vosotros defendéis la mitología del objeto físico con una edición en Blu-ray repleta de extras. ¿Sigue habiendo espacio para el coleccionismo cinéfilo en la era del consumo efímero en streaming?
Bruno Martín:
Ni la más remota idea. Tristemente, supongo que irá desapareciendo, pero creo que no por completo. ¿Quién coño nos iba a decir en el año 2000 que irías a unos grandes almacenes y no encontrarías reproductores pero sí cientos de vinilos? El VHS vuelve a estar de moda... yo qué sé... Lo que sí sé es que yo tengo una colección de más de 2.000 títulos físicos y me apasiona. El formato físico ofrece piezas promocionales, extras tangibles e información para los fans que no tienen precio.
El Blu-ray de Luger, a cargo de la distribuidora 79 (con quienes ya colaboramos en la edición coleccionista de Os reviento), saldrá cargadito de extras físicos y digitales. Si todo va bien, esperamos estar firmando ejemplares en el puesto de 79 en octubre durante el festival de Sitges.
V. GUERRILLA DIGITAL, FUTURO Y SENTENCIA FINAL
Has planteado la posibilidad de ampliar el universo narrativo del polígono "Santos 117" en futuras entregas, precuelas o spin-offs. ¿Existe el peligro de que la obsesión moderna por crear "universos cinematográficos" asfixie la frescura autoconclusiva de una ópera prima?
Bruno Martín:
Sería muy fácil cagarla con una precuela, secuela, serie, crossover o spin-off mal planteado. Nos encantaría explorar esos caminos porque, aunque la película funciona de forma 100% independiente, deja un final abierto. La idea de una precuela siempre me ha fascinado especialmente, pero ahora mismo queremos centrarnos en otros proyectos y contar nuevas historias.
Lo más importante es mantener el estándar: hemos hecho la mejor película que fuimos capaces de hacer con los medios que teníamos, y no queremos precipitarnos ni decepcionarnos a nosotros mismos con la siguiente. Ojalá podamos devolver al público, que nos ha tratado con tanto cariño, una experiencia igual o incluso superior.
Llevas años defendiendo el formato de la webserie y las producciones autoproducidas en internet como A todo riesgo o Jauría Nick. ¿Qué lección aprendida en el "fango" de YouTube mantienes intacta hoy que ruedas largometrajes con mayor presupuesto?
Bruno Martín:
Creo que replantearía la pregunta, ya que no he rodado con un presupuesto comercial alto, pero sí lo suficiente como para levantar una película "de verdad".
La lección es clara: optimizar los recursos al 200%. Si hay dinero, detalles; si no lo hay, concepto puro. Luger no tiene florituras vacías y creo que ese es precisamente su punto fuerte: que no he podido hacer tonterías gratuitas con la cámara. Tenía que asegurarme de que cada día de rodaje nos llevásemos la secuencia resuelta al montaje. A lo mejor el día que me den diez millones de euros me vuelvo gilipollas y mis pelis empiezan a ser una basura pretenciosa. Intentaré evitar eso y seguir teniendo los pies en la tierra. Pero solo prometo intentarlo.
Se dice habitualmente que la primera película de un director es donde se quema toda la energía acumulada durante la juventud. Ahora que Luger ya no te pertenece y es del público, ¿qué certeza cinematográfica que tenías absolutamente clara antes de empezar a rodar ha saltado por los aires?
Bruno Martín:
Que he cometido errores, que los volveré a cometer y que nunca dejaré de aprender. Que no tengo ni puta idea de cine más allá de ser un mero espectador que ha tenido la suerte de contar con un puñado de seres humanos maravillosos que le han otorgado la oportunidad de capitanear una película.
> "El cine independiente siempre es un rotundo plan B. Pero a veces el plan B es la mejor película que puedes hacer."
🎬 Filmografía de Bruno Martín
Luger
★ Leer Crítica
Grasa
Filmografía oficial
Polis corruptos
Filmografía oficialConversación Registrada en Claqueta Ácida
Este expediente fue transcrito sin censura ni concesiones promocionales. Prohibida su dilución en lugares comunes.