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Perros Verdes 🔥 Fusión Nuclear

Climax — El baile de los demonios que Gaspar Noé nos coló con sangría

Gaspar Noé convierte una fiesta de bailarines en un infierno lisérgico de 95 minutos. Sudor, sangre y un plano secuencia que te dejará mareado. ¿Obra maestra o truco de feria?

✍️ Por: Silvia Mordaz
🎬 Director: Gaspar Noé
⏱️ Lectura: 9 min
🔥 Fusión Nuclear 8/10
Crítica y fotograma de la película Climax en Claqueta Ácida
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Climax: El baile de los demonios que Gaspar Noé nos coló con sangría 0:00 / --:--

El cine de Gaspar Noé siempre ha sido como un puñetazo en la boca del estómago: visceral, incómodo y tan brillante que duele. Climax no es la excepción. Estrenada en 2018, esta película francesa —o más bien franco-belga, porque el dinero siempre viene de donde menos lo esperas— es un experimento de 95 minutos que mezcla danza urbana, terror psicológico y una sangría envenenada con algo más fuerte que alcohol. Noé, ese enfant terrible del cine europeo, vuelve a demostrar que es el único director capaz de convertir una fiesta en un exorcismo colectivo sin necesidad de efectos especiales caros. Solo hace falta un grupo de bailarines, un internado abandonado y una cámara que no para de moverse ni un segundo. Spoiler: te va a doler la cabeza. Pero en el buen sentido, como cuando sales de un concierto y sientes que el mundo gira demasiado rápido a tu alrededor.

La premisa es sencilla hasta lo absurdo: veinte bailarines se reúnen en un internado perdido en el bosque para ensayar una coreografía. La primera media hora es puro éxtasis visual: cuerpos en movimiento, sudor, música electrónica y una energía que parece contagiosa. Pero luego alguien —o algo— envenena la sangría. Y entonces la fiesta se convierte en un infierno. Noé no se molesta en explicar quién lo hizo ni por qué. Para él, el porqué es irrelevante. Lo importante es el cómo: cómo reaccionan estos cuerpos jóvenes y sudorosos cuando el LSD (o lo que sea que hayan tomado) empieza a hacer efecto. Y vaya si reaccionan. Hay gritos, llantos, sexo, violencia, más gritos y, sobre todo, mucho, mucho baile. Porque incluso cuando el mundo se desmorona, el cuerpo sigue moviéndose. Es como si Noé nos recordara que, al final, todos somos animales atrapados en una jaula de carne y hueso, bailando al ritmo de nuestros propios demonios.

El rodaje de Climax fue tan caótico como la película misma. Noé reunió a un grupo de bailarines profesionales y amateurs, muchos de ellos sin experiencia previa en cine, y los encerró en un internado durante semanas. Les dio libertad para improvisar, para gritar, para llorar, para follar si les apetecía. Y luego los filmó con una cámara que parece tener vida propia, moviéndose entre ellos como un espectro borracho. Benoît Debie, el director de fotografía, ya había trabajado con Noé en Enter the Void y Irreversible, pero aquí lleva su estilo a otro nivel. Los planos secuencia de Climax no son solo un alarde técnico; son una declaración de intenciones. Noé no quiere que te sientas cómodo. Quiere que sientas que estás dentro de esa fiesta, sudando, mareado, preguntándote si lo que ves es real o solo un mal viaje. Y vaya si lo consigue. Hay un momento en el que la cámara gira 360 grados alrededor de un grupo de bailarines mientras la música de Thomas Bangalter (sí, ese Thomas Bangalter, de Daft Punk) retumba en los altavoces. Es tan hipnótico que casi olvidas que estás viendo una película sobre un grupo de gente envenenada. Casi.

Pero Climax no es solo un ejercicio de estilo. O, al menos, no del todo. Hay algo profundamente humano en el caos que Noé retrata. Estos bailarines no son actores profesionales interpretando un guion; son personas reales perdiendo el control, y eso se nota. Sofia Boutella, la única actriz conocida del reparto, está simplemente brutal. Su personaje, Selva, es una fuerza de la naturaleza: baila como si el suelo ardiera bajo sus pies y grita como si el mundo entero le debiera algo. Hay una escena en la que llora mientras se arrastra por el suelo, y es tan cruda que duele. No es actuación, es supervivencia. Y eso es lo que hace que Climax funcione: no es una película sobre una fiesta que se va a la mierda, es una película sobre lo que pasa cuando el ser humano pierde el control. Y en un mundo donde todos llevamos una máscara, ver a alguien quitársela —aunque sea en la ficción— es aterrador y liberador a partes iguales.

Climax still 1
Climax still 1

Dirección y puesta en escena: El caos como coreografía

Gaspar Noé no dirige películas, las coreografía. Y en Climax, esa coreografía es pura anarquía. La película está rodada en un plano secuencia virtual (con algunos cortes ocultos, porque incluso Noé tiene límites), y la cámara se mueve como si estuviera poseída. A veces sigue a un personaje, a veces se queda quieta observando el caos desde lejos, y otras veces parece que va a salir volando de la pantalla. Es mareante, sí, pero también es hipnótico. Noé no usa el plano secuencia como un truco, sino como una herramienta para sumergirte en el infierno que ha creado. Y vaya si lo consigue.

El diseño de producción es otro acierto. El internado donde transcurre la acción es un espacio claustrofóbico, lleno de pasillos oscuros y habitaciones que parecen celdas. La iluminación, a cargo de Debie, juega con los rojos y los azules para crear una atmósfera que va de lo onírico a lo terrorífico en cuestión de segundos. Hay una escena en la que los bailarines están en una sala iluminada con luces estroboscópicas, y es como si estuvieras viendo un videoclip de los 90 dirigido por un demonio. La música, por su parte, es una mezcla de electrónica, techno y sonidos ambientales que refuerzan la sensación de que estás dentro de un mal viaje. Thomas Bangalter (sí, ese Thomas Bangalter) compone una banda sonora que es tan esencial para la película como el guion o las actuaciones. Sin ella, Climax sería solo un ejercicio de estilo vacío. Con ella, es una experiencia sensorial completa.

Pero lo más impresionante de la dirección de Noé es cómo logra que el caos parezca coreografiado. Los bailarines se mueven como si estuvieran poseídos, pero sus movimientos no son aleatorios. Hay un ritmo, una cadencia, incluso en los momentos más desesperados. Es como si Noé hubiera tomado la esencia del cine de terror y la hubiera mezclado con la energía de un concierto de techno. Y el resultado es algo que no se parece a nada que hayas visto antes.

Climax still 2
Climax still 2

Actuaciones: Bailar hasta reventar

El reparto de Climax está compuesto en su mayoría por bailarines reales, no por actores. Y eso se nota. No en el mal sentido —al contrario—, sino en que sus reacciones son tan auténticas que a veces cuesta creer que no están realmente drogados. Sofia Boutella es la excepción, y su presencia eleva el nivel de la película. No solo baila como si su vida dependiera de ello, sino que actúa con una intensidad que te deja sin aliento. Hay una escena en la que su personaje, Selva, se arrastra por el suelo mientras llora, y es tan cruda que duele. No es actuación, es supervivencia.

El resto del reparto también brilla, aunque de una manera más instintiva. Souheila Yacoub, por ejemplo, tiene una escena en la que grita como si le estuvieran arrancando el alma, y es tan visceral que te dan ganas de taparte los oídos. Kiddy Smile, por su parte, aporta un toque de humor negro con su personaje, Daddy, un bailarín que parece estar disfrutando del caos más que nadie. Y luego está Romain Guillermic, cuyo personaje, David, es el único que parece mantener la cordura en medio del infierno. Su actuación es más contenida, pero no por ello menos impactante.

Lo más interesante del reparto es que, al no ser actores profesionales, sus reacciones son impredecibles. No hay guion que valga cuando el LSD (o lo que sea que hayan tomado) empieza a hacer efecto. Y eso es lo que hace que Climax sea tan fascinante: no es una película sobre actores interpretando un papel, es una película sobre personas perdiendo el control. Y en un mundo donde todos llevamos una máscara, ver a alguien quitársela —aunque sea en la ficción— es aterrador y liberador a partes iguales.

Lo mejor

  • La fotografía de Benoît Debie: Un espectáculo de luces, sombras y movimientos de cámara que te dejan sin aliento. Debie convierte el caos en arte, y cada plano es una obra maestra del cine de terror psicológico.

La actuación de Sofia Boutella: Bailar como si el suelo ardiera y actuar como si el mundo se acabara. Boutella es el corazón de Climax*, y su presencia eleva la película a otro nivel.

La banda sonora de Thomas Bangalter: Electrónica, techno y sonidos ambientales que refuerzan la sensación de que estás dentro de un mal viaje. Sin ella, Climax* sería solo un ejercicio de estilo vacío.

  • El plano secuencia: Noé no usa el plano secuencia como un truco, sino como una herramienta para sumergirte en el infierno que ha creado. Y vaya si lo consigue.
  • El caos coreografiado: Los bailarines se mueven como si estuvieran poseídos, pero hay un ritmo, una cadencia, incluso en los momentos más desesperados. Es cine de terror mezclado con la energía de un concierto de techno.

Lo peor

  • La falta de desarrollo de personajes: Con veinte bailarines en pantalla, es imposible que todos tengan profundidad. Algunos personajes son poco más que carne de cañón para el caos.
  • El ritmo irregular: La primera media hora es pura energía, pero luego la película se estanca en algunos momentos. Noé podría haber recortado diez minutos sin perder nada esencial.
  • La premisa simplona: Una fiesta que se va a la mierda por culpa de la sangría envenenada. Es un cliché del cine de terror, y Noé no se molesta en darle más profundidad.
  • El final abrupto: La película termina como si Noé se hubiera quedado sin batería en la cámara. No hay resolución, solo caos y luego oscuridad. Algunos espectadores se quedarán con un sabor agridulce.

El exceso de estilo sobre sustancia: Climax* es una película que vive y muere por su estética. Si no te engancha el estilo visual, no hay mucho más que rescatar.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Climax es una de esas películas que te dejan exhausto, como si hubieras salido de una fiesta a las seis de la mañana con el cuerpo lleno de sudor y el cerebro frito. Gaspar Noé ha creado un infierno lisérgico de 95 minutos que es tan hipnótico como aterrador. No es una película para todos los públicos —de hecho, es una película para casi nadie—, pero si te dejas llevar por su caos coreografiado, te encontrarás con una experiencia cinematográfica que no se parece a nada que hayas visto antes. No es perfecta, pero ¿qué lo es? Al menos Climax tiene la decencia de ser honesta: es un mal viaje, pero uno que vale la pena vivir. Eso sí, no la veas con resaca. 💀

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🛡️ Supervivencia Épica
🥱 Bostezómetro

Cero. La pantalla absorbió cada segundo de atención disponible.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

El móvil permaneció en el bolsillo donde debía estar.

😬 Índice de Cringe Ajeno 2/10
☕ Prescripción Terapéutica

Ninguna. Esta obra no necesita muletas estimulantes.

💥 Punto de Descarrilamiento

"Inexistente: pulso de hierro hasta los créditos finales."

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