Hope — el Avatar de saldo de Na Hong-jin
Simbiontes, virtuosismo técnico y el triunfo del sinsentido absoluto. Na Hong-jin vuelve con la superproducción más cara de Corea y la convierte en una fumada cósmica.
Crítica de Hope
🚨 ¡AVISO DE SPOILERS MÁXIMOS! Si no quieres enterarte de cómo se desmorona este circo cósmico, deja de leer aquí mismo. A partir de este párrafo, destripar el misterio es una obligación moral.
El regreso de Na Hong-jin y la apoteosis del caos rural
Hay directores que entienden el cine de género como un ejercicio de precisión quirúrgica, y luego está Na Hong-jin, que prefiere prenderle fuego a la consulta, rociar a los pacientes con gasolina y contemplar el incendio con una sonrisa torcida. Tras una década de silencio desde la traumática El extraño (The Wailing), el genio surcoreano regresa a la gran pantalla al frente de la producción más cara de la historia del cine de su país, con un presupuesto mastodóntico de entre 46 y 49 millones de dólares. El resultado, presentado a bombo y platillo en la Sección Oficial de Cannes, coge el manual del creature feature clásico y lo reduce a cenizas a los diez minutos de metraje.
Lo primero que desarma de la función es su ritmo endiablado: llevas una hora y doce minutos de metraje y jurarías que apenas han pasado treinta. El tiempo se desintegra en una montaña rusa pirotécnica de más de dos horas y media en la que es imposible desconectar. El punto de partida engaña: el remoto pueblo pesquero de Hope amanece con el ganado despedazado y, en lugar de racionar la sombra del monstruo durante hora y media a lo Tiburón, Na Hong-jin rompe la baraja de inmediato y te suelta el ganado despedazado... y, acto seguido, al bicho que se lo ha merendado. Cero rodeos.
Para lidiar con el entuerto, la historia nos regala a su arquetipo favorito: el policía de provincias más perdido que un pulpo en un garaje (un colosal Hwang Jung-min). Un agente incapaz de atarse los cordones, desbordado y cobarde, al que los acontecimientos aplastan sin piedad. Frente a él, el pueblo es una fauna maravillosa que convierte el relato en una auténtica comedia de enredo rural: desde el anciano cascarrabias, protagonista de una historieta escatológica de lo más bizarra mientras suelta sus particulares diálogos de besugo («así tú, así yo»), hasta la brigada geriátrica de choque, unos abuelos militarizados con cascos de la Segunda Guerra Mundial que cruzan el pueblo a toda pastilla en camioneta, devorando bocadillos y cargando fusiles AK-47 a discreción.
A este circo se suma el equipo de rescate moderno, una panda de listillos con estética de comando de Jurassic Park que llegan de la ciudad con supuesta vitola profesional, acompañados de un perro de caza al que se le pierde la pista a las primeras de cambio entre la maleza. Mientras tanto, los quinquis y paletos locales siguen a lo suyo, haciendo el ganso por el monte y buscando bronca con escopetas de perdigones.
Virtuosismo en el barro: fotografía, sonido y fuegos de artificio
Si algo impide que Hope acabe directamente en la basura cinematográfica es su deslumbrante factura técnica, un apartado en el que la película roza la maestría absoluta. El director de fotografía Hong Kyung-pyo (artífice visual de Parásitos, Burning y The Wailing) firma un trabajo magistral, aplaudido en el propio Festival de Cannes. Hong huye de las sombras fáciles y rueda el desastre a plena luz del día (daylight suspense), con ópticas de gran angular y planos secuencia hiperdinámicos que capturan la majestuosidad de los paisajes de Rumanía y Corea del Sur mientras los escombros vuelan por los aires.
En lo sonoro, el trabajo es una apisonadora. El compositor Michael Abels (Déjame salir, ¡Nop!) despliega una partitura orquestal agresiva, repleta de disonancias y metales que retumban en la caja torácica. El diseño de sonido juega además de forma brillante con los drop-outs, silencios repentinos e hirientes justo antes de que la masa muscular del bicho reviente un edificio, y genera una tensión sensorial insoportable.
Sumemos a esto el brutal diseño de producción de Lee Hwo-kyoung, que construyó decorados a escala real para reducirlos a escombros y permitió algunas de las mejores secuencias de especialistas y de conducción evasiva vistas en pantalla grande en años. La violencia es explícita, analógica y torrencial: ahí queda esa carnicería en la que un vecino es triturado contra una pared hasta abrir un socavón, y cuyo único rastro es una mano inerte asomando entre los escombros con la pulserita intacta.
El secreto del congelador y los Transformers biológicos
Toda la tensión atmosférica salta por los aires cuando el policía destapa el pastel al registrar el congelador de uno de los tontainas del pueblo y confirma que no hay maldiciones ni demonios tradicionales: son putos extraterrestres.
Pero aquí llega el gran volantazo de la película: estamos ante una especie de Transformers biológicos, alienígenas humanoides que mascullan una jerga galáctica indescifrable y son capaces de mutar a voluntad en bestias de cuatro metros de altura. Ahora se entiende por qué el monstruo principal estaba engorilado de cojones: entre que estrellaron la nave en el bosque y que los paletos guardan trozos de su estirpe en el electrodoméstico, la rabieta de proporciones bíblicas está más que justificada. De hecho, la lectura más socarrona de la película es que, si no les tocas las narices ni los atacas, los bichos vienen en son de paz: una estirpe de turistas interestelares incomprendidos (¡pobrecitos!) acosados por una panda de catetos violentos.
Eso sí, la coherencia de diseño se va a tomar por saco. La tribu de criaturas es un pastiche indigerible en el que cada monstruo es de su padre y de su madre:
Engendros con fauces circulares sacados del desierto de Dune*.
Cabezas con pétalos de carne a lo Demogorgon de Stranger Things*.
Viscosidades y tentáculos negros copiados del simbionte de Venom*.
- Rasgos de troll nórdico y la morfología lisiada del terror corporal de Javier Botet, Frankenstein y Gollum.
Y una paleta de colores bioluminiscentes que convierte la apoteosis final en un Avatar* de saldo y de extrarradio, donde en lugar de marines espaciales tenemos a un paisano a caballo y a cuatro abuelos con tirachinas dándose de palos con la fauna de Pandora.
Para colmo de males, hay un abismo sangrante entre la solidez de los escenarios reales y el CGI de las criaturas. En cuanto los monstruos digitales salen a correr bajo el sol radiante que captura Hong Kyung-pyo, el renderizado luce cantoso, robótico y estridente, y destroza la inmersión de los puristas que defendemos que cuanto menos se enseñe el bicho, mejor.
El clímax de la persecución y el despropósito hollywoodiense
La película alcanza su cénit visual, sonoro y disparatado en el minuto 49:33, cuando la criatura se presenta en sociedad agarrando a un lugareño por la pierna para usarlo de bate de béisbol contra otro, le propina un guantazo cósmico al policía y emprende la huida a la pata coja tras recibir un bombazo que le vuela una extremidad. Más tarde, cuando logran encadenarla, la película regala una desternillante secuencia de autopsia en un hangar, con los forenses intentando averiguar si el alienígena es chico o chica a base de hachazos y serruchos sobre una piel más dura que el pedernal.
Todo desemboca en la persecución definitiva por carretera: un coche de policía dando tumbos, un paisano huyendo a galope tendido en su caballo y la mole mutante a lo Venom-Demogorgon pisándoles los talones, envueltos en un muro de sonido instrumental machacón. La escena es puro cine: un cruce de cables entre el wéstern crepuscular, el patetismo criminal de Fargo y la incompetencia de unos «federaleski» de pacotilla. ¿El problema? Que es cien por cien predecible: sabes exactamente lo que va a pasar tres minutos antes de que ocurra, y la gracia está en ver llegar el impacto anunciado.
Y por si el circo no bastara, la traca final despeja cualquier duda sobre el desvarío de Na Hong-jin al revelar los rostros humanos de los alienígenas: ¡nada menos que Alicia Vikander y Michael Fassbender! Fassbender, convertido en el coloso mutante, y Vikander, ejerciendo de emperatriz cósmica, cierran el relato mirando a cámara con solemnidad shakespeariana para soltar la frase lapidaria de la función: «Bring forth true fate» («Que se cumpla el verdadero destino»).
Un broche de oro delirante que deja al espectador mirando la pantalla sin entender absolutamente nada.
Lo mejor
- Una factura técnica descomunal: la fotografía luminosa de Hong Kyung-pyo, la atronadora partitura de Michael Abels y la contundencia de los decorados físicos de Lee Hwo-kyoung.
- Las secuencias de especialistas: persecuciones con vehículos reales y destrucciones táctiles que son canela en rama para los adictos a la acción analógica.
- El reparto de la comedia rural: Hwang Jung-min componiendo al policía más inútil del cine reciente y la gloriosa brigada de ancianos militarizados con AK-47.
- La desfachatez del cameo: ver a Fassbender y Vikander soltar mantras cósmicos en mitad de una verbena de paletos surcoreanos.
Lo peor
- Un guion que es un puto sinsentido: las reglas del universo no existen, las motivaciones cambian a capricho y la historia no hay por dónde cogerla.
- Efectos digitales sonrojantes: la integración del CGI de los monstruos en planos diurnos luce inacabada, robótica y, por momentos, ridícula.
- Predecible dentro de su caos: pese al volumen de explosiones, los clímax de acción se huelen a kilómetros.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Hope es un fascinante naufragio de dimensiones bíblicas. Como pieza de suspense o de ciencia ficción seria, la película es un descalabro narrativo incomprensible. Sin embargo, gracias al músculo técnico arrollador de su equipo (fotografía, sonido, acrobacias de coches) y a su descarado abrazo al absurdo más absoluto, termina convertida en una de las comedias involuntarias de acción alienígena más salvajes, ruidosas y disfrutables de la década. Una auténtica fumada cinematográfica. 💀
🎬 Tráiler Oficial
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Hope: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Hope" en Claqueta Ácida?
- "Hope" tiene una nota de 2.5/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Odin Lagbert.
- ¿Merece la pena ver "Hope"?
- No. Le damos un 2,5/10 (Ácido Sulfúrico), nuestra categoría para lo que no recomendamos.
- ¿Quién dirigió la película "Hope"?
- "Hope" fue dirigida por Na Hong-jin.
- ¿Dónde ver online "Hope"?
- "Hope" se encuentra disponible en: Alquiler Digital / Formato Físico.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Odin Lagbert
Imposible desconectar. Llevas una hora y doce minutos y juras que han pasado treinta.
Ninguno. El caos pirotécnico se come los 157 minutos sin que mires el móvil.
Ninguna. Con el volumen de explosiones de Michael Abels, el sueño no es una opción.
"El registro del congelador del tontaina del pueblo, cuando se confirma que no hay demonios ni maldiciones, sino extraterrestres cabreados."
💬 El Veredicto de la Comunidad
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