🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚡ Ácido Cítrico

Revenge — Cuando el thriller de venganza se convierte en un manual de supervivencia femenina (y en un desastre de guion)

Una francesa con cuchillo y estilo: ¿thriller feminista o ejercicio de crueldad gratuita? La ópera prima de Coralie Fargeat divide más que un hacha en el cráneo.

✍️ Por: Silvia Mordaz
🎬 Director: Coralie Fargeat
⏱️ Lectura: 9 min
⚡ Ácido Cítrico 7.5/10
Crítica y fotograma de la película Revenge en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Revenge

Crítica de Revenge

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Revenge: Cuando el thriller de venganza se convierte en un manual de supervivencia femenina (y en un desastre de guion) 0:00 / --:--

La primera vez que vi Revenge en una sala de cine de barrio —aquella donde el aire acondicionado olía a palomitas rancias y a desesperación—, juré que alguien me había drogado. No por la violencia, que es esperable en un thriller de venganza, sino por la sensación de estar asistiendo a un experimento social fallido disfrazado de película. Coralie Fargeat, una debutante francesa con más ambición que presupuesto, decidió que el mundo necesitaba una historia sobre una mujer que se niega a ser víctima, y lo hizo con la elegancia de un elefante en una cacharrería. El resultado es una ópera prima que oscila entre el rape and revenge más cutre y el cine de autor más pretencioso, con un guion que parece escrito entre gritos y lágrimas de frustración.

Pero, oh, qué bonita es la fotografía, dirán algunos. Sí, lo es. Como lo es un cadáver maquillado para una sesión de fotos de moda. La diferencia es que aquí el cadáver es real, y el maquillaje, sangre auténtica que chorrea por las piernas de Matilda Lutz como si fuera un grifo mal cerrado. La crítica europea la alabó como una obra feminista valiente. La crítica estadounidense la tachó de exagerada y misándrica. Yo me quedo con lo segundo, pero con un matiz: es exagerada porque tiene que serlo. Porque el mundo real no perdona, y Fargeat lo sabe. Lo que no sabe es cómo contarlo sin caer en el ridículo más absoluto.

Y sin embargo, ahí está, en medio de tanto despropósito, una película que duele ver pero que no puedes apartar la mirada. Como un accidente de tráfico en hora punta. O como el momento en que Jen (Matilda Lutz) se da cuenta de que no va a morir en el desierto, sino que va a tener que luchar por su vida. Y entonces, la película se convierte en algo más que un simple ejercicio de crueldad: se convierte en un espejo deformado de nuestra propia cobardía colectiva. Porque, al final, Revenge no es sobre venganza. Es sobre el miedo. El miedo de los hombres a perder el control.

Y el miedo de las mujeres a no tenerlo nunca. Y eso, queridos, es mucho más terrorífico que cualquier cuchillo o cualquier balazo. Aunque, eso sí, los cuchillos y los balazos ayudan a vender entradas. Pero, ¿sabéis qué? A veces, el caos tiene su propia belleza. Y Revenge es el caos personificado. Con un vestido rojo, un cuchillo en la mano y una mirada que promete que esto no ha hecho más que empezar. O al menos, eso es lo que nos quieren hacer creer. Porque, al final, la película se desinfla como un globo pinchado, cuando la lógica se rinde ante el espectáculo.

Pero, ¿quién necesita lógica cuando tienes estilo? Y Revenge tiene estilo. Demasiado estilo. Tanto que ahoga al espectador en un mar de planos subjetivos, primeros planos de heridas abiertas y una banda sonora que parece sacada de un anuncio de perfume de los 80. Sí, lo habéis leído bien: la música de Robin Coudert suena a synthwave de discoteca abandonada, como si alguien hubiera decidido que una película sobre violación y venganza necesitaba un soundtrack que sonara a fiesta en la playa. Y no, no es una broma. Es la realidad. Una realidad en la que el cine de género se toma a sí mismo demasiado en serio, pero no lo suficiente como para no caer en el ridículo más absoluto.

O como el momento en que Jen se da cuenta de que no va a morir en el desierto, sino que va a tener que luchar por su vida. Es sobre el miedo. Pero, ¿sabéis qué? Y Revenge tiene estilo. Demasiado estilo. Y no, no es una broma. Es la realidad.

Fotograma de «Revenge»
Fotograma de «Revenge»

Dirección y puesta en escena

Coralie Fargeat llega a la dirección con la arrogancia de quien cree que el mundo necesita otra película de venganza, pero con una mujer como protagonista. Y vaya si lo intenta. El problema es que su puesta en escena oscila entre el thriller más convencional y el body horror más gratuito, como si no supiera decidir si quería hacer The Last House on the Left o Kill Bill. Los planos son largos, casi hipnóticos, como si Fargeat quisiera que el espectador se empapara de cada gota de sangre, cada grito, cada mirada de terror. Pero el problema es que, en lugar de generar tensión, genera incomodidad.

Y no la incomodidad necesaria, sino la incomodidad de quien se pregunta: "¿En serio esto es necesario?". El primer acto es una pesadilla de planos subjetivos, como si la cámara fuera el cuchillo que se clava en la carne de Jen. La fotografía de Robrecht Heyvaert, con sus tonos rojos y ocres, convierte el desierto en un personaje más, un escenario hostil que parece respirar. Pero, ¿sabéis qué? El desierto no necesita ser un personaje. Necesita ser un escenario. Y aquí, se convierte en un decorado de cartón piedra que huele a presupuesto ajustado y a localizaciones baratas. La escena en la que Jen es abandonada en el desierto es un prodigio de crueldad visual: el sol quemando su piel, la sed secando su garganta, los buitres esperando su turno.

Pero, ¿dónde está la lógica? ¿Por qué nadie la busca? ¿Por qué los hombres que la abandonaron no se preocupan por su supervivencia? Porque, al final, Revenge no es una película sobre justicia. Es una película sobre el espectáculo de la violencia. Y Fargeat lo sabe. Por eso, cuando Jen se levanta y decide que no va a morir, la película da un giro que, en otras manos, podría haber sido épico. Pero aquí, se convierte en un slasher de pacotilla, con Jen persiguiendo a sus verdugos como si fuera una heroína de cómic de los 80. Y el problema no es que sea exagerado. El problema es que es ridículo. Porque, al final, Revenge no es una película sobre venganza. Es una película sobre el miedo de los hombres a que las mujeres dejen de ser víctimas.

Otro fotograma de «Revenge»
Otro fotograma de «Revenge»

Actuaciones y guion

Matilda Lutz es el único motivo por el que Revenge no se hunde en el ridículo más absoluto. Su transformación de víctima a verduga es tan brutal como hipnótica, con una credibilidad que duele. Cuando Jen se arrastra por el desierto, con la piel quemada y los labios agrietados, Lutz no actúa. Sufre. Y cuando, horas después, se levanta con un cuchillo en la mano y una mirada que promete muerte, no está interpretando. Está viva. Y eso es lo más aterrador de la película: que, en medio de tanto exceso, haya algo real. El resto del reparto, en cambio, parece sacado de un reality show de los 90.

Kevin Janssens, como Richard, el hombre que la abandona a su suerte, tiene la presencia de un maniquí de escaparate. Vincent Colombe, como Stan, el otro cazador, es aún peor: su actuación oscila entre el histrionismo y la indiferencia, como si no supiera si estaba en una película de terror o en un episodio de Baywatch. Y los diálogos... Dios, los diálogos. Coralie Fargeat escribió el guion como si pensara que el público necesitaba frases como "No soy una presa" o "Esto no es un juego" cada cinco minutos. Y no, no es una broma. Es la realidad. Una realidad en la que el guion parece escrito entre gritos de frustración y lágrimas de desesperación.

Porque, al final, Revenge no es una película con un mensaje. Es una película con un grito. Y ese grito, queridos, es el de alguien que no sabe cómo contar una historia sin caer en el ridículo. Pero, ¿sabéis qué? A veces, el ridículo tiene su propia grandeza. Y Revenge es el ridículo personificado.

Lo mejor

  • La fotografía de Robrecht Heyvaert: Una obra maestra de contrastes entre el rojo de la sangre y el ocre del desierto, como si el infierno y el purgatorio se hubieran dado cita en un mismo plano. Los tonos cálidos convierten la violencia en algo casi poético, como si Fargeat quisiera que el espectador no solo viera la sangre, sino que la sintiera.
La transformación física de Matilda Lutz: Pasar de víctima a verduga en menos de dos horas es un logro que ni las mejores actrices de rape and revenge* han conseguido. Lutz no actúa su dolor. Lo encarna. Y eso duele más que cualquier cuchillo.
  • El primer acto de la película: Los primeros 30 minutos son una pesadilla visual, con planos subjetivos, sonidos distorsionados y una tensión que, por una vez, no depende de los sustos baratos. Es incómodo, es brutal, es necesario. Hasta que la lógica se rinde y la película se convierte en lo que siempre quiso ser: un espectáculo de crueldad.
La banda sonora de Robin Coudert: Sí, suena a synthwave de discoteca abandonada. Pero, ¿sabéis qué? Funciona. Porque Revenge no es una película seria. Es un exploitation film* con pretensiones de arte. Y la música, con sus sintetizadores estridentes y sus bajos profundos, es el complemento perfecto para una historia que no sabe si es un drama o una comedia negra.

Lo peor

El guion de Coralie Fargeat: Un desastre de incoherencias lógicas, diálogos ridículos y una estructura que se desmorona. ¿Por qué Jen no muere en el desierto? ¿Por qué los hombres que la abandonan no la buscan? ¿Por qué la película se convierte en un slasher* de pacotilla en el tercer acto? Porque Fargeat no sabe cómo contar una historia. Solo sabe cómo generar espectáculo.
El resto del reparto: Kevin Janssens y Vincent Colombe parecen sacados de un reality show de los 90. Sus actuaciones oscilan entre el histrionismo y la indiferencia, como si no supieran si estaban en una película de terror o en un episodio de Baywatch*. Y los diálogos... Dios, los diálogos. Frases como "No soy una presa" o "Esto no es un juego" cada cinco minutos. ¿En serio?


  • El tercer acto de la película: Cuando Jen se levanta y decide que no va a morir, la película da un giro que, en otras manos, podría haber sido épico.

  • La falta de lógica interna: ¿Por qué nadie busca a Jen en el desierto? ¿Por qué los hombres que la abandonan no se preocupan por su supervivencia? Y Fargeat lo sabe. Pero el público, no.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Revenge es el tipo de película que divide más que un hacha en el cráneo. Por un lado, tiene una fotografía deslumbrante, una protagonista que roba cada plano y una banda sonora que, aunque ridícula, funciona.

🎬 Tráiler Oficial

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Revenge: preguntas frecuentes

¿Qué nota tiene "Revenge" en Claqueta Ácida?
"Revenge" tiene una nota de 7.5/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Silvia Mordaz.
¿Merece la pena ver "Revenge"?
Con reservas. Le damos un 7,5/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
¿Quién dirigió la película "Revenge"?
"Revenge" fue dirigida por Coralie Fargeat.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Silvia Mordaz

🛡️ Supervivencia Épica
🥱 Bostezómetro

2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

El reloj aparece en escena justo cuando la subtrama secundaria pide paciencia.

😬 Índice de Cringe Ajeno 0/10
☕ Prescripción Terapéutica

1 espressos para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.

💥 Punto de Descarrilamiento

"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."

💬 El Veredicto de la Comunidad

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Nota de Claqueta Ácida 7.5/10
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