It — Bienvenidos a Derry: La Precuela que No Pedimos (y Que Menos Nos Merecíamos)
Andy Muschietti vuelve a Derry para contarnos el origen de Pennywise. Spoiler: el payaso sigue siendo lo más interesante de la habitación.
El celuloide se desenrolla con esa textura granulada de los años 60, como si Andy Muschietti hubiera encontrado un carrete olvidado en el sótano de su abuela y decidiera proyectarlo en la pared de un cine abandonado. It: Bienvenidos a Derry no es una precuela, es un exorcismo mal ejecutado: el director intenta conjurar el espíritu de su propia película de 2017, pero solo logra invocar el fantasma de las oportunidades perdidas. Porque, seamos honestos, ¿quién demonios pidió esto? El mundo ya tenía suficiente con saber que Pennywise era un payaso interdimensional que se alimentaba de miedos infantiles. Ahora nos obligan a tragarnos su origen, como si el monstruo necesitara una justificación freudiana para existir. Warner Bros., en su infinita sabiduría corporativa, ha decidido que el universo de IT es lo suficientemente rentable como para exprimirlo hasta que sangre (o hasta que los fans dejen de comprar entradas, lo que ocurra primero). El resultado es esta serie, un Frankenstein narrativo cosido con retazos de nostalgia, un guion que huele a naftalina y un reparto que parece sacado de un taller de actuación para principiantes con problemas de autoestima.
Muschietti, ese niño grande que un día nos regaló Mamá (2013) y luego se vendió al diablo de los blockbusters con IT (2017), vuelve a Derry como si fuera un hijo pródigo, pero en lugar de pan y vino, trae consigo un guion escrito con los pies por Jason Fuchs. Sí, el mismo tipo que nos dio Wonder Woman (2017), esa película donde Diana Prince parecía más interesada en los zapatos de Steve Trevor que en salvar el mundo. Aquí, Fuchs y Muschietti se embarcan en la titánica tarea de contarnos cómo Pennywise se convirtió en el payaso más famoso del cine de terror, pero en el camino se olvidan de algo fundamental: el terror no se explica, se siente. Y lo que sentimos aquí es una mezcla de aburrimiento existencial y ganas de que alguien, por el amor de Dios, apague la luz y nos deje dormir.
La década de los 60, esa época dorada del cine donde el technicolor sangraba y los guiones aún tenían dientes, se convierte en el escenario perfecto para esta tragedia griega moderna. Pero en lugar de dioses vengativos, tenemos a un grupo de personajes planos que hablan como si estuvieran leyendo un manual de Cómo ser profundo en 10 lecciones. Jovan Adepo, el único que parece haber entendido que esto no es un concurso de monólogos, intenta salvar los muebles con una interpretación que oscila entre lo conmovedor y lo desesperado. El resto del reparto, en cambio, parece estar compitiendo por ver quién puede decir la línea más ridícula con la mayor seriedad posible. Matilda Lawler, por ejemplo, tiene la expresión facial de alguien que acaba de descubrir que su helado se ha caído al suelo, pero en lugar de llorar, debe recitar diálogos como: «El miedo es solo una ilusión, pero el amor es real». Sí, queridos lectores, esto es real. Esto está pasando. Y no, no es un sueño febril inducido por una sobredosis de palomitas con queso.
Lo peor de todo es que It: Bienvenidos a Derry no es mala en el sentido tradicional. No es un desastre épico como The Room (2003), ni una película tan fea que duele como Birdemic (2010). No, esto es peor: es mediocre con pretensiones. Es el tipo de serie que te hace mirar el reloj cada cinco minutos, no porque estés aterrorizado, sino porque necesitas confirmar que el tiempo sigue pasando. Muschietti, que en IT (2017) demostró que sabía cómo crear tensión visual y un ritmo que mantenía al espectador al borde del asiento, aquí parece haber olvidado que el cine es un arte de imágenes, no de palabras vacías. Las escenas de Pennywise, cuando aparecen, son lo único que salva la función: ese payaso danzante, con su sonrisa de cuchillas y su risa de ultratumba, sigue siendo el único personaje con carisma en este circo de cartón piedra. Pero incluso él parece aburrido, como si supiera que está atrapado en una producción que no le hace justicia.
La Dirección: Muschietti en Piloto Automático
Si IT (2017) fue un viaje en montaña rusa con subidas de adrenalina y caídas vertiginosas, It: Bienvenidos a Derry es un paseo en trenecito de feria: lento, predecible y con un final que ya conoces de antemano. Andy Muschietti dirige como si estuviera siguiendo un manual de Cómo hacer una precuela sin ofender a los fans, pero en el proceso se olvida de algo esencial: el terror necesita alma. Aquí, el alma brilla por su ausencia. Las escenas de tensión, esas que en la película original te dejaban con los nudillos blancos y el corazón en la garganta, aquí son reemplazadas por diálogos interminables que intentan explicar lo que debería mostrarse. El resultado es una serie que se siente más como un documental sobre la vida en un pueblo pequeño que como una historia de terror cósmico.
Visualmente, la serie tiene destellos de lo que Muschietti puede hacer cuando se lo propone. Los planos de Derry, con su atmósfera opresiva y su paleta de colores apagados, recuerdan a esos pueblos de pesadilla que Stephen King tanto ama. Pero incluso en lo visual, hay algo que falla: la falta de cohesión. Algunas escenas parecen sacadas de un telefilme de los 90, mientras que otras intentan emular el estilo más oscuro y granulado de la película original. El problema no es la falta de presupuesto, sino la falta de visión. Muschietti parece dividido entre querer hacer una serie de terror para adultos y una producción familiar apta para todos los públicos. El resultado es un híbrido incómodo, como un payaso que intenta dar un discurso motivacional en un funeral.
El ritmo, ese elemento tan crucial en el terror, es otro de los grandes fracasos de la serie. Las escenas se alargan como chicle masticado, y los cliffhangers, cuando aparecen, son tan predecibles que podrías adivinarlos con los ojos cerrados. Muschietti parece obsesionado con llenar minutos de metraje, como si el terror se midiera en horas y no en intensidad. Y así, lo que debería ser una experiencia visceral se convierte en un ejercicio de paciencia, donde el espectador se pregunta una y otra vez: «¿Cuándo va a pasar algo?». La respuesta, queridos lectores, es nunca.
Las Actuaciones: Un Reparto Perdido en el Bosque
Si el guion es el esqueleto de una serie, las actuaciones son su carne y hueso. En It: Bienvenidos a Derry, la carne está podrida y los huesos crujen de aburrimiento. Jovan Adepo es, con diferencia, el único que logra transmitir algo parecido a humanidad. Su personaje, un joven padre que lucha por proteger a su hija en un pueblo que parece sacado de una pesadilla de David Lynch, tiene momentos de auténtica emoción. Pero incluso él se ve lastrado por un guion que le obliga a recitar líneas como: «Derry no es un lugar, es una enfermedad». Sí, eso es real. Eso está escrito. Y no, no es una metáfora poética, es un diálogo que suena como si lo hubiera escrito un algoritmo de frases profundas para Instagram.
El resto del reparto parece estar en un concurso para ver quién puede decir la línea más ridícula con la mayor seriedad posible. Matilda Lawler, que interpreta a una joven con conexiones sobrenaturales, tiene la expresión facial de alguien que acaba de pisar un Lego, pero en lugar de gritar, debe recitar diálogos sobre el poder del amor y la amistad. Taylour Paige, por su parte, intenta darle vida a un personaje que parece sacado de un episodio de Buffy, la cazavampiros, pero con menos carisma y más clichés. Y luego está Chris Chalk, cuyo personaje es tan genérico que podrías reemplazarlo con un maniquí y nadie notaría la diferencia.
Pero el verdadero crimen de esta serie no es la falta de talento en el reparto, sino la falta de química. Los personajes interactúan como si fueran extraños en un ascensor, con esa incomodidad forzada que solo se ve en las películas de estudiantes de cine. No hay chispa, no hay tensión, no hay esa magia que hace que un grupo de personajes se sienta como una familia (o, en este caso, como un grupo de niños unidos por el terror). En lugar de eso, tenemos a un grupo de actores que parecen estar contando los minutos para que termine el rodaje y puedan irse a casa a llorar en la ducha.
El Guion: Un Manual de Autoayuda Disfrazado de Terror
Si el guion de It: Bienvenidos a Derry fuera un personaje, sería ese amigo pesado que siempre tiene una teoría sobre por qué el universo conspira en su contra, pero nunca hace nada al respecto. Escrito por Andy Muschietti y Jason Fuchs, el guion es un batiburrillo de clichés, diálogos pretenciosos y escenas que intentan ser profundas pero solo logran ser ridículas. La serie parece obsesionada con explicar el origen de Pennywise, como si el terror necesitara una justificación freudiana para existir. Pero en el proceso, se olvida de algo fundamental: el misterio es el alma del terror.
Los diálogos son, con diferencia, lo peor de la serie. Cada línea suena como si hubiera sido escrita por alguien que acaba de descubrir qué es una metáfora, pero no tiene muy claro cómo usarla. Frases como «El miedo es la puerta, pero el amor es la llave» o «Derry no es un lugar, es una herida que nunca cicatriza» suenan más a eslóganes de una campaña de concienciación que a diálogos de una serie de terror. Y no hablemos de los personajes secundarios, que parecen sacados de un taller de escritura creativa para principiantes. Cada uno tiene un trauma, una motivación y un arco narrativo que podría resumirse en: «Soy triste porque la vida es dura».
Pero lo más frustrante del guion es su falta de originalidad. La serie se pasa los primeros episodios estableciendo el pueblo de Derry, sus habitantes y sus secretos, como si fuera una versión edulcorada de Twin Peaks. Pero en lugar de la atmósfera onírica y perturbadora de Lynch, aquí tenemos una serie que parece más interesada en explicar sus propias reglas que en romperlas. Los flashbacks, las visiones y los momentos de terror sobrenatural son tan predecibles que podrías adivinarlos con solo mirar el reloj. Y así, lo que debería ser una experiencia aterradora se convierte en un ejercicio de aburrimiento, donde el espectador se pregunta una y otra vez: «¿Cuándo va a pasar algo que no haya visto antes?». La respuesta, una vez más, es nunca.
Lo mejor
- Pennywise: El payaso sigue siendo el único personaje con carisma en este circo de cartón piedra. Cuando aparece, la serie recuerda por qué el terror de King puede ser tan adictivo.
- La atmósfera de Derry: Algunos planos del pueblo logran capturar esa esencia opresiva y decadente que hace que Derry se sienta como un personaje más.
- Jovan Adepo: El único actor que logra transmitir algo parecido a humanidad. Lástima que el guion no le dé material para brillar.
- La banda sonora: Algunos temas logran crear tensión, aunque la serie no siempre sabe cómo aprovecharlos.
Lo peor
- El guion: Un manual de autoayuda disfrazado de terror, lleno de diálogos pretenciosos y escenas que intentan ser profundas pero solo logran ser ridículas.
- El ritmo: Lento, predecible y lleno de escenas que se alargan como chicle masticado. El terror no se mide en horas, sino en intensidad.
- Las actuaciones: Un reparto perdido en el bosque, con actores que parecen estar en un concurso para ver quién puede decir la línea más ridícula con la mayor seriedad posible.
- La falta de cohesión visual: Algunas escenas parecen sacadas de un telefilme de los 90, mientras que otras intentan emular el estilo de la película original. El resultado es un híbrido incómodo.
- La obsesión por explicar el origen de Pennywise: El misterio es el alma del terror, y esta serie parece empeñada en destruirlo con teorías freudianas mal ejecutadas.
El Veredicto de Claqueta Ácida
It: Bienvenidos a Derry es la precuela que nadie pidió y que, sinceramente, nadie merecía. Andy Muschietti y su equipo intentan revivir la magia de IT (2017), pero en el proceso se olvidan de que el terror no se explica, se siente. El resultado es una serie que oscila entre lo mediocre y lo pretencioso, con un guion que suena a manual de autoayuda, unas actuaciones que parecen sacadas de un taller de principiantes y un ritmo tan lento que podrías quedarte dormido antes de que Pennywise aparezca en pantalla. Eso sí, cuando el payaso hace acto de presencia, la serie recuerda por qué el universo de IT sigue siendo adictivo. Pero esos momentos son tan escasos que no logran salvar el conjunto. En definitiva, It: Bienvenidos a Derry es como un chiste sin gracia: sabes que debería ser divertido, pero al final solo te deja con una sensación de vacío y ganas de que alguien apague la luz. 💀
🎬 Tráiler Oficial
Abrir en YouTube
¿Qué significa el final de It?
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Silvia Mordaz
3 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Minuto 38 y minuto 73 (comprobando cuánto quedaba de suplicio).
1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
💬 El Veredicto de la Comunidad
¿Qué te ha parecido la película? Deja tu nota de 0 a 10 para contrastarla con el análisis de la redacción.
Aún no has votado
📢 ¿Te ha gustado el ácido?
Comparte esta crítica con tus amigos cinéfilos o desata la polémica en redes.
⚡ LA DOSIS DE VENENO CINÉFILO QUE TU BANDEJA NECESITA
Sin notas regaladas ni promociones tibias. Suscríbete para recibir nuestra dosis semanal sin censura o entra al Telegram secreto con pases de prensa, quinielas y votaciones relámpago.
Alertas de estrenos en 1 segundo, encuestas en caliente y audios al salir de pases de prensa.
Recibe la dosis semanal en tu mail + regalo inmediato del PDF con 50 joyas ocultas de culto.
Críticas Relacionadas
Autopsias recomendadas para cinéfilos exigentes.
⚡ Ácido Cítrico6.0Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma
⚡Hermana de saga: otro capítulo diseccionado con rigor forense.
Jane Schoenbrun convierte un campamento de verano en un vertedero de hormonas y clichés. ¿Arte o autopsia de un subgénero moribundo?
⚡ Ácido Cítrico5.0Chime
⚡Hermana de saga: otro capítulo diseccionado con rigor forense.
El Susurro Japonés que Nadie Pidió (y Todos Merecíamos Ignorar). Kiyoshi Kurosawa se adentra en el terror doméstico con 'Chime', una serie que susurra más de lo que grita y aburre más de lo que aterroriza. ¿Arte o siesta visual?
⚡ Ácido Cítrico6.0El hoyo
⚡Hermana de saga: otro capítulo diseccionado con rigor forense.
Una alegoría social que rueda como un ascensor averiado: con fuerza al principio, luego repitiendo pisos hasta que te aburres de tu propia desesperación.
Ecosistema Editorial
Conexiones cinéfilas, entrevistas de archivo y análisis relacionados.
💬 Debate Cinéfilo & Autopsia de Lectores
0 veredictos¿Discrepas con nuestra nota? ¿Es una obra maestra o veneno puro? Deja tu veredicto abajo sin necesidad de registro.

Aún nadie ha dejado su veredicto para esta película.
Sé el primero en clavarle el colmillo rellenando el formulario de arriba.