🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚡ Ácido Cítrico

Weapons — Armas de destrucción masiva

Descubre la crítica demoledora de Claqueta Ácida sobre la película Weapons

✍️ Por: Camilo K.O.
🎬 Director: Zach Cregger
⏱️ Lectura: 9 min
⚡ Ácido Cítrico 7/10
Crítica y fotograma de la película Weapons en Claqueta Ácida
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En la era del content desechable y las franquicias recicladas hasta el agotamiento neuronal, donde el cine parece haber sido secuestrado por algoritmos de streaming y fórmulas de focus group, surge Weapons, un artefacto cinematográfico tan ambicioso como irregular, dirigido por el hasta ahora desconocido Zach Cregger. Este hombre, cuyo currículum previo se limitaba a comedias indie olvidadas (The Civil War on Drugs, 2018) y sketches de CollegeHumor, decide de repente que quiere jugar en la liga de los Cronenberg, los Fincher y los De Palma. ¿El resultado? Una película que, como un arma mal calibrada, dispara en todas direcciones: a veces acierta en la diana, otras veces se queda corta, y en ocasiones te vuela un pie sin querer.


La dirección: Cuando el amateurismo se disfraza de audacia

Zach Cregger llega a Weapons con la energía de un niño que acaba de descubrir Pulp Fiction en un VHS pirata y decide que él también puede hacer cine "de autor". Su dirección es implacable, sí, pero más por su falta de filtro que por su maestría. Cregger parece obsesionado con demostrar que puede manejar el suspense, el drama y hasta un toque de noir psicológico, pero en lugar de tejer una sinfonía, lo que logra es un collage de referencias mal digeridas.

El problema no es la ambición, sino la ejecución. Cregger intenta emular el estilo fragmentado de David Fincher en Gone Girl (2014), pero sin la precisión quirúrgica del maestro. En su lugar, nos regala un montaje que oscila entre lo frenético y lo caótico, como si el editor hubiera sufrido un ataque de pánico a mitad de la película. Hay secuencias brillantes, como el plano secuencia inicial que sigue a Julia Garner por un pasillo oscuro mientras la cámara se mueve con una elegancia casi hitchcockiana, pero luego caemos en escenas donde el ritmo se desploma como un globo pinchado. ¿Es intencional? ¿Es un guiño al slow cinema? No, es simplemente inconsistencia.

Y luego está el uso del color. Cregger y el director de fotografía Jeff Cutter parecen haber visto Drive (2011) demasiadas veces, porque la paleta de Weapons es un festival de neones azules, rojos saturados y sombras alargadas que gritan "¡Mírame, soy cine de culto!". El problema es que, a diferencia de Nicolas Winding Refn, Cregger no tiene la coherencia visual para sostener este estilo. Hay momentos en los que la fotografía parece sacada de un videoclip de The Weeknd, y otros en los que parece un episodio de CSI filmado con un iPhone.


El guion: Inteligente, pero con agujeros del tamaño de Texas

El guion de Cregger es, sin duda, el aspecto más loable de Weapons. Es complejo, multicapa y está repleto de diálogos que, efectivamente, cortan como un cuchillo. La trama sigue a Tess (Julia Garner), una joven que se ve envuelta en una red de chantajes, traiciones y violencia después de que su novio (Austin Abrams) robe un maletín lleno de dinero y drogas perteneciente a un narcotraficante local. Lo que comienza como un thriller convencional pronto se convierte en un laberinto de giros argumentales, donde cada personaje tiene un secreto y cada revelación parece diseñada para dejarte con la boca abierta.

Pero aquí está el problema: Cregger quiere tanto que su película sea "inteligente" que termina sobrecargándola. Hay tantos giros, subtramas y personajes secundarios que, en más de una ocasión, uno se pierde en el camino. No es que la trama sea confusa per se, sino que Cregger parece incapaz de podar las ramas muertas de su historia. Por ejemplo, el personaje de Josh Brolin, un detective corrupto llamado Detective Weller, es fascinante en teoría: un hombre carismático y peligroso, con una moralidad ambigua y un pasado turbio. Pero en la práctica, su arco se siente incompleto, como si Cregger hubiera escrito tres versiones diferentes de su personaje y luego las hubiera cosido con cinta adhesiva.

Y luego están los personajes secundarios, esos pobres desgraciados que parecen sacados de un manual de "Cómo escribir un thriller en 10 pasos". Tenemos al novio traicionero (Alden Ehrenreich, desperdiciado en un papel que podría haber interpretado cualquier actor de Riverdale), a la madre sobreprotectora (Amy Madigan, que hace lo que puede con un personaje escrito como un cliché ambulante) y al matón con complejo de filósofo (un cameo de un actor cuyo nombre no recordará nadie). Todos ellos tienen momentos interesantes, pero ninguno logra escapar del estereotipo.


Las actuaciones: Julia Garner salva el barco (y a Cregger de sí mismo)

Si hay algo que redime a Weapons de ser un desastre total, es la actuación de Julia Garner. La actriz, conocida por su papel en Ozark (2017-2022), demuestra aquí por qué es una de las intérpretes más subestimadas de su generación. Garner logra algo extraordinario: hacer que un personaje escrito de manera irregular se sienta real. Tess es una protagonista llena de contradicciones: es vulnerable pero astuta, ingenua pero calculadora, y Garner navega estas aguas turbulentas con una naturalidad que deja sin aliento.

En una escena clave, Tess se enfrenta a Weller (Brolin) en un bar oscuro, y la tensión entre ambos es tan palpable que uno casi puede oler el sudor y el whisky barato. Garner no necesita gritar ni hacer aspavientos para transmitir el miedo y la determinación de su personaje; basta con un gesto, una mirada o un silencio incómodo. Es el tipo de actuación que te hace olvidar que estás viendo una película y te sumerge por completo en la historia.

Josh Brolin, por su parte, cumple con lo esperado. Es intimidante, carismático y tiene esa presencia magnética que lo ha convertido en un secundario de lujo en Hollywood. Pero, como mencionamos antes, su personaje es un rompecabezas al que le faltan piezas. Brolin hace lo que puede para darle profundidad a Weller, pero al final, el guion lo deja varado en un limbo entre el villano trágico y el bad boy con corazón de oro.

El resto del elenco, lamentablemente, no corre la misma suerte. Alden Ehrenreich, que en otras películas ha demostrado ser un actor con talento (Hail, Caesar!, 2016), aquí parece perdido, como si alguien le hubiera dicho que interpretara a un "chico malo" pero no le hubiera dado un manual de instrucciones. Austin Abrams (el novio de Tess) tiene algunos momentos decentes, pero su personaje es tan predecible que uno puede adivinar cada uno de sus movimientos con cinco minutos de antelación. Y Amy Madigan, una actriz con una carrera respetable, aquí se limita a gritar y llorar, como si su personaje hubiera sido escrito por un estudiante de primer año de guionismo.


La atmósfera: Un cóctel de influencias mal mezclado

Weapons intenta crear una atmósfera que oscile entre el noir clásico y el thriller psicológico moderno, pero termina sintiéndose como un mashup de películas que Cregger vio en un maratón de Sundance. Hay ecos de Nightcrawler (2014) en la forma en que la cámara sigue a los personajes por las calles oscuras de Los Ángeles, y hay un toque de Prisoners (2013) en la exploración de la moralidad ambigua. Pero donde Denis Villeneuve lograba crear una sensación de opresión claustrofóbica, Cregger solo consigue un pastiche de estilos sin identidad propia.

La banda sonora, compuesta por Cliff Martinez (el colaborador habitual de Refn), es otro ejemplo de esta confusión estilística. Martinez es un maestro en crear ambientes ominosos y hipnóticos, pero aquí su partitura parece sacada de dos películas diferentes. En algunos momentos, suena como la música de Drive (sintetizadores retro, ritmos pulsantes), y en otros, como si estuviera intentando emular el minimalismo de There Will Be Blood (2007). El resultado es una banda sonora que, en lugar de reforzar la atmósfera, la socava.


El montaje: ¿Innovador o simplemente caótico?

El montaje de Weapons es otro aspecto que divide opiniones. En sus mejores momentos, recuerda al trabajo de Thelma Schoonmaker en Goodfellas (1990): rápido, preciso y lleno de energía. Hay secuencias de acción que están editadas con una fluidez admirable, como la persecución en coche que tiene lugar a mitad de la película, donde cada corte parece diseñado para mantener al espectador al borde del asiento.

Pero luego están los momentos en los que el montaje se siente forzado, como si Cregger hubiera visto demasiados tutoriales de YouTube sobre "Cómo hacer que tu película parezca más cool". Hay transiciones abruptas, flashbacks innecesarios y un uso excesivo de jump cuts que, en lugar de añadir tensión, terminan distrayendo. Es como si el editor hubiera decidido que, si no podía hacer que la película fuera buena, al menos podía hacer que pareciera "interesante".


Lo mejor

La fotografía de Jeff Cutter: Un espectáculo visual que, en sus mejores momentos, logra capturar la esencia del noir* moderno. Los planos de Julia Garner iluminada por neones azules mientras camina por un callejón oscuro son pura poesía cinematográfica.
  • La actuación de Julia Garner: Una interpretación que eleva a Weapons de "película decente" a "película que vale la pena ver". Garner demuestra, una vez más, que es una actriz capaz de transmitir más con un silencio que muchos con un monólogo.

Lo peor

  • El ritmo desigual: Hay momentos en los que la película avanza como un tren bala, y otros en los que se arrastra como un caracol con resaca. Cregger no parece saber cuándo acelerar y cuándo frenar.
  • Los personajes secundarios: Un desfile de clichés y arquetipos que parecen sacados de un manual de guionismo de los años 90. Ehrenreich y Abrams merecían algo mejor.

El Veredicto de Claqueta Ácida (7/10)

Weapons es como un arma de fuego con el cañón torcido: tiene potencia, estilo y ambición, pero a veces dispara a donde no debe. Zach Cregger demuestra que tiene talento, pero también que le falta pulir su técnica. La película es un collage de influencias mal digeridas, actuaciones desiguales y momentos de genialidad que se ven opacados por su propia pretensión. Eso sí, si logras ignorar sus defectos, te encontrarás con una experiencia cinematográfica que, al menos, no te dejará indiferente. Y en estos tiempos de cine desinfectado y predecible, eso ya es algo. Eso sí, no esperes salir del cine con la sensación de haber visto una obra maestra; saldrás con la sensación de haber visto a un director prometedor disparando a ciegas. Y a veces, eso es suficiente.
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¿Qué significa el final de Weapons?

En el clímax de *Weapons*, la verdad se revela de golpe: el supuesto terror sobrenatural que asola el pueblo no es más que una cortina de humo. El verdadero monstruo es Andrew (Josh Brolin), un hombre común que, movido por celos, paranoia y un odio visceral hacia su exmujer y su nueva vida, ha estado secuestrando, torturando y asesinando a niños de forma sistemática durante meses. La secuencia final lo muestra acorralado, desquiciado y finalmente ejecutado sin piedad. Simbólicamente, el desenlace es una bofetada nihilista: no hay demonios ni maldiciones, solo la banalidad del mal humano. El arma de destrucción masiva no es mágica, es el hombre mismo. Cregger cierra con un vacío brutal: la comunidad prefiere creer en brujería antes que aceptar que el horror siempre vivió entre ellos, disfrazado de vecino.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Camilo K.O.

⚡ Desgaste Moderado
🥱 Bostezómetro

2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Minuto 39 y minuto 87 (comprobando cuánto quedaba de suplicio).

😬 Índice de Cringe Ajeno 0.9/10
☕ Prescripción Terapéutica

1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.

💥 Punto de Descarrilamiento

"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."

💬 El Veredicto de la Comunidad

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