Frontière(s) — El Nuevo Extremismo Francés se va de pícnic al matadero
Xavier Gens firma una de las películas más brutales, sucias y viscerales del cine europeo contemporáneo, mezclando disturbios sociales y canibalismo rural.
Crítica de Frontière(s)
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En la noble redacción de Claqueta Ácida hemos visto desastres de todo tipo, catástrofes comerciales infumables y pretenciosos proyectos de autor que naufragaban en su propia autocomplacencia. Sin embargo, lo que ocurrió en el panorama cinematográfico galo en el año 2007 con la eclosión definitiva del Nuevo Extremismo Francés fue una auténtica bendición cubierta de fluidos corporales, vísceras y una mala baba que no se ha vuelto a replicar en el viejo continente.
Mientras el Hollywood de la época se ahogaba irremediablemente en un mar de remakes estériles de terror japonés rebajados a una calificación PG-13 para consumo adolescente de centro comercial, un puñado de directores franceses decidió romper las reglas del decoro. En este ecosistema de provocación pura, Xavier Gens se lió la manta a la cabeza y parió Frontière(s), una salvajada de proporciones bíblicas que no pide perdón por existir. Es una obra que agarra al espectador firmemente por las solapas desde su primer fotograma para restregarle la cara por el fango de una Francia fracturada, paranoica y al borde del más absoluto colapso social.
La premisa del film no podría ser más hija de su tiempo y de las tensiones sociopolíticas reales que sacudían el país en aquellos años, especialmente tras los graves disturbios en los banlieues parisinos de 2005. La trama arranca en medio de unas revueltas callejeras brutales en París tras unas elecciones presidenciales calientes que han encumbrado a la extrema derecha. Aprovechando el caos, un grupo de jóvenes delincuentes de los suburbios multiculturales comete un atraco a mano armada que sale trágicamente mal.
Con la policía pisándoles los talones y un herido de bala desangrándose en el asiento trasero, emprenden una huida desesperada hacia la frontera con Bélgica. Buscando un refugio barato y discreto donde esconderse temporalmente, acaban cometiendo el peor error logístico y existencial de sus vidas: hospedarse en un hostal rural perdido en la nada. El establecimiento resulta estar regentado por una familia de degenerados neonazis obsesionados de forma enfermiza con la pureza aria, la cría intensiva de cerdos y el canibalismo culinario. Lo que prometía ser una huida política por la supervivencia se transforma de inmediato en un descenso a los infiernos de un matadero de pesadilla donde la carne humana es el plato principal del menú del día.
Una carnicería política con sobredosis de mala hostia
Xavier Gens no es un director que ande con sutilezas académicas ni metáforas veladas de festival de clase A. El primer acto de la cinta se presenta como un torbellino hiperactivo de cámara en mano, planos aberrantes y un montaje videoclipero que hereda lo peor del cine de acción comercial francés de principios de los dos mil, muy en la línea de las producciones de Luc Besson. Es una introducción ruidosa, caótica y un tanto mareante. Sin embargo, en cuanto el grupo de prófugos cruza el umbral del hostal del horror, la película cambia radicalmente de marcha. La pirotecnia urbana se apaga y el film se convierte en un tributo hiperviolento a La matanza de Texas sazonado con la crudeza nihilista del cine europeo contemporáneo.
La fotografía de Laurent Barès merece una mención aparte en este festín de la depravación. Barès abandona las luces de neón urbanas y los destellos azulados de los disturbios del inicio para sumergir la pantalla en una paleta cromática asfixiante dominada por marrones oxidados, grises industriales y un rojo hemoglobina tan espeso que casi puedes oler el óxido, la cochambre y el sudor rancio a través de los píxeles. La iluminación de los sótanos y los pasillos de la granja genera una atmósfera de claustrofobia insoportable, atrapando al espectador en el mismo laberinto de pesadilla que sufren los protagonistas.
Lo que verdaderamente funciona y dota de un valor imperecedero a Frontière(s) es su honestidad brutal y su falta total de cinismo. Gens no tiene miedo a cruzar ninguna línea roja moral ni visual. Aquí no hay espacio para el guiño cómico que alivie la tensión o el fuera de campo integrador. El menú de atrocidades incluye duchas de vapor asfixiantes que despellejan vivas a las víctimas, ganchos de carnicero atravesando tendones de Aquiles con una fisicidad dolorosa, macabros frascos de formol con bebés deformes y una angustiante secuencia en un pozo de lodo y huesos humanos que provoca un auténtico pánico físico en el espectador.
No estamos ante un gore festivo y lúdico diseñado para aplaudir en un festival de género rodeado de amigos mientras se bebe cerveza; esto es una tortura sistemática, sucia, sudorosa e incómoda. Es una propuesta incómoda que buscaba fustigar de manera directa y agresiva a la burguesía bienpensante que se escandalizaba al cruzarse con estas propuestas en las salas de cine francesas.
Lo mejor
- Arco de Karina Testa: La brutal transformación de Karina Testa: Su arco de personaje es impecable. Pasa de ser una víctima del extrarradio completamente aterrorizada a convertirse en una final girl mítica, empapada en sangre y barro, que acaba canalizando en sus momentos finales toda la furia acumulada y el dolor de los desheredados de la tierra. Su catarsis es el motor emocional de la última media hora de metraje.
- Atmósfera del hostal: La atmósfera insalubre e inmersiva del hostal: Rara vez se ha retratado la decrepitud del entorno rural con semejante nivel de asco visual y detalle escenográfico. El diseño de producción transforma la granja en un personaje vivo que exhala podredumbre, enfermedad y muerte.
- Escena de la cena familiar: La icónica escena de la cena familiar: Un clímax de tensión psicológica absolutamente demencial y absurda. Está brillantemente capitaneada por un patriarca nazi escalofriante (interpretado con maestría por Jean-Pierre Jorris) cuya sobriedad en la mesa contrasta de forma espeluznante con las atrocidades que ocurren a su alrededor.
Lo peor
- Montaje del primer acto: El caótico montaje del primer acto: Esa estética de videoclip de MTV de principios de la década de 2000, plagada de cortes rápidos de medio segundo y zooms injustificados, puede provocar un dolor de cabeza considerable antes de que la película empiece verdaderamente lo bueno en el plano del horror puro.
- Mensaje sociopolítico: Un mensaje sociopolítico demasiado tosco: Aunque la intención de Gens de retratar el miedo al auge del fascismo en el corazón de Europa es loable, la metáfora sobre el racismo institucional y la ultraderecha francesa se diluye irremediablemente entre tanto desmembramiento, gritos desoladores y persecuciones con sierras mecánicas. A veces, la brocha gorda del gore aplasta el subtexto político.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Haciendo balance, Frontière(s) se mantiene quince años después como una de las cumbres indiscutibles e irrepetibles de la brutalidad cinematográfica europea del siglo XXI. Comparte podio por derecho propio con tótems de la época como Martyrs de Pascal Laugier o À l'intérieur de Bustillo y Maury. Xavier Gens demostró con este salvaje ejercicio de estilo que para hablar del miedo real al auge del fascismo y de la xenofobia en Occidente no hacían falta discursos intelectuales snobs, panfletos políticos moralistas ni debates televisivos de guante blanco.
A veces, para remover las tripas del espectador y hacerle reflexionar sobre los monstruos que engendra nuestra sociedad, basta con encerrar a tus protagonistas en una porqueriza nazi regentada por caníbales endogámicos y dejar que las sierras eléctricas hagan el trabajo sucio. Una obra visceral, sangrienta e implacable que se erige como un pilar absoluto de nuestros "perros verdes" cinematográficos. Te aseguramos que, tras verla, te recordará para siempre que nunca, bajo ningún concepto, debes confiar en un hostal rural que ofrezca precios demasiado competitivos en internet. Quedáis avisados. 💀
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Frontière(s): preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Frontière(s)" en Claqueta Ácida?
- "Frontière(s)" tiene una nota de 8,0/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dante Sangre.
- ¿Merece la pena ver "Frontière(s)"?
- Sí. Le damos un 8/10 (Fusión Nuclear), nuestra categoría para lo imprescindible.
- ¿Quién dirigió la película "Frontière(s)"?
- "Frontière(s)" fue dirigida por Xavier Gens.
- ¿Dónde ver online "Frontière(s)"?
- "Frontière(s)" se encuentra disponible en: Amazon Prime Video, Amazon Prime Video with Ads.
- ¿Cómo termina "Frontière(s)"?
- Con spoilers, en el final explicado de Frontière(s) .
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Dante Sangre
Ni un solo parpadeo voluntario. El asiento, inusualmente cómodo ante semejante descarga de adrenalina.
Ninguna comprobación del tiempo. La tensión asfixiante impide despegar los ojos de la pantalla.
Cuánta vergüenza ajena da la película (10 = máxima). No es la nota de la crítica.
Ninguna: la descarga de taquicardia y hemoglobina basta para mantenerte en vela tres noches.
"No aplica. La espiral de violencia y sordidez se sostiene con una coherencia implacable hasta el último cartucho."
Otra firma de la redacción puntúa la misma película. La nota de la crítica es la de arriba.
La réplica de Odin Lagbert (Gran Académico del Cinismo)
En desacuerdo frontal con la valoración emitida por Dante Sangre.
Dante Sangre se deja cegar por la visceralidad del matadero y la pirotecnia sangrienta de Gens. 'Frontière(s)' es una montaña rusa de mala leche admirable y la transformación de Karina Testa es oro puro, pero el prólogo con edición de videoclip de Luc Besson y la brocha gorda de su metáfora política le impiden alcanzar el olimpo sagrado de 'Martyrs'.
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