La ahorcada — El fantasma que no asusta ni a su propia sombra
Miguel Ángel Lamata firma un thriller sobrenatural con más telarañas en el guion que en la mansión. Amaia Salamanca brilla, pero el resto es un déjà vu de sobremesa.
El cine español tiene una relación tóxica con el terror. No es que le falten ideas, es que las recicla con la misma ilusión con la que un fantasma recorre una mansión abandonada: sin convicción. La ahorcada es el último ejemplo de esta tradición. Dirigida por Miguel Ángel Lamata —un cineasta curtido en la comedia en todas sus variantes (desde la gamberra Una de zombis o Isi/Disi hasta la romántica Nuestros amantes o la familiar Los futbolísimos)—, la película parece un experimento fallido de mezclar El orfanato con Los otros, pero sin el presupuesto ni el talento de Amenábar. ¿El resultado? Un pastiche de lugares comunes donde el único susto real es lo predecible que es todo desde el primer plano.
La premisa, adaptada de la novela de Mayte Navales, es tan vieja como el cine de terror: Rosa Martín, una cantautora obsesiva conocida por su nombre artístico La Ahorcada (Amaia Salamanca), se suicida en el jardín de Fran (Eduardo Noriega) tras no aceptar que para él solo fue una cita pasajera de Tinder. Su espíritu decide quedarse en la mansión para atormentar a Fran y su familia. El problema no es la idea, sino cómo se ejecuta. Lamata firma un terror descafeinado, sin misterio ni atmósfera. Y es que, en lugar de sugerir o jugar con las sombras, el director comete el error capital de poner a la fantasma de Amaia Salamanca en plano desde el minuto uno, iluminadita y a plena luz, destruyendo cualquier atisbo de tensión para convertirlo en un melodrama de sobremesa.
El reparto hace lo que puede con lo que tiene, que no es mucho. Amaia Salamanca es, con diferencia, la mejor del elenco. Su Rosa Martín tiene una presencia inquietante, casi poética, y logra transmitir esa mezcla de dolor y rabia que debería ser el motor de la película. El problema es que el guion la reduce a un arquetipo: la mujer traicionada que vuelve de entre los muertos para vengarse. ¿Dónde está la complejidad? ¿Dónde está la humanidad? Salamanca merecía algo mejor que este papel de fantasma con causa. En el otro extremo está Eduardo Noriega. Su Fran —un productor musical que intenta procesar su acoso sobrenatural desahogándose con su terapeuta— es un personaje plano, un cliché andante de hombre egoísta que solo existe para sufrir. No hay matices, solo un tipo que pasa el metraje angustiado y diciendo frases melodramáticas.
El resto del reparto secundario (Norma Ruiz, Anastasia Fauteck, Veki Velilla) apenas tienen material para rascar algo sustancial. La única que se salva de la quema es la joven Cosette Silguero. Interpretando a Patti, la hija menor de Fran y una niña/médium con sensibilidad especial, es la única que percibe la verdadera naturaleza de la entidad espiritual, aportando los únicos destellos de frescura en una dinámica familiar por la que es imposible sentir el menor apego. Si no te importa lo que les pasa a los personajes, ¿cómo vas a asustarte cuando les pasa algo malo?
Dirección y puesta en escena: El arte de lo obvio
Miguel Ángel Lamata no es un mal director, pero La ahorcada demuestra que el terror no es lo suyo. Su estilo es funcional, casi televisivo, y eso se nota en cada plano. La mansión de Teruel donde transcurre la mayor parte de la acción es bonita, sí, pero también genérica. Teo Delgado, el director de fotografía, hace un trabajo correcto, pero no hay nada memorable en la iluminación. Las sombras no inquietan, los encuadres son seguros y la dirección visual peca de ser excesivamente denotativa: todo lo que da miedo te lo ponen masticado en pantalla. En una película de terror, la fotografía debería ser un personaje más, no un mero acompañante. Aquí, ni siquiera llega a eso.
El montaje es otro de los puntos débiles. La película tiene un ritmo irregular, con escenas que se alargan innecesariamente y otras que pasan demasiado rápido. Hay momentos en los que parece que Lamata no sabe muy bien qué hacer con la cámara, como si estuviera esperando a que el guion le diera una pista. Al mostrar al fantasma continuamente a plena luz, el misterio se evapora. El sonido, por su parte, roza lo invasivo. La banda sonora de Fernando Velázquez es omnipresente cuando debería ser sutil, tapando momentos donde el silencio habría resultado mucho más inquietante. ¿Dónde está el diseño de sonido que debería envolverte y hacerte saltar en la butaca?
El guion de Mayte Navales es el verdadero talón de Aquiles de La ahorcada. No es solo que sea predecible, es que está lleno de diálogos torpes, situaciones forzadas y personajes que actúan de manera ilógica solo para que la trama avance. Además, la película cae en el error de explicar demasiado. En lugar de dejar que el misterio fluya, Navales opta por dar respuestas y verbalizar la mitología del fantasma constantemente, como si temiera que el público no entendiera lo que está pasando. Spoiler: si necesitas explicar tanto, es que algo va mal.
Lo mejor
- Amaia Salamanca: La única razón real para ver esta película. Su interpretación de Rosa Martín es lo único que salva al personaje de ser un cliché más. Tiene una presencia magnética y una dignidad que el guion no le da.
- Cosette Silguero: Sorprende gratamente como la hija menor/médium. Aporta destellos de frescura e ingenuidad en medio de un metraje excesivamente sombrío y predecible.
- La premisa inicial: La idea de los amores tóxicos y las obsesiones destructivas llevadas al terreno del relato gótico tenía potencial... en el papel.
Lo peor
- El guion de Mayte Navales: Un desastre narrativo de principio a fin. Diálogos torpes, personajes planos y una molestia manía de sobreexplicarlo todo.
- Eduardo Noriega: Su interpretación de Fran resulta encasillada y plana. Sufre y se colapsa durante hora y media sin lograr transmitir una evolución creíble.
- La ausencia de atmósfera: Mostrar al fantasma constantemente en pantalla y a plena luz arruina cualquier tipo de tensión o misterio.
- El ritmo: La película no sabe si quiere ser un drama de reconciliación familiar o un thriller sobrenatural. El resultado es un batiburrillo descafeinado.
- El diseño de sonido: La banda sonora es tan invasiva que acaba convirtiéndose en un estorbo para generar verdadero pavor.
El Veredicto de Claqueta Ácida
La ahorcada es un ejemplo perfecto de cómo no hacer una película de terror. Miguel Ángel Lamata tenía una oportunidad de oro para explorar la culpa y la venganza desde una perspectiva gótica, pero en lugar de eso nos dio un producto descafeinado con un guion que parece escrito en una servilleta. Amaia Salamanca y la pequeña Cosette Silguero salvan lo poco que se puede salvar, pero ni siquiera su talento es suficiente para redimir este naufragio. Si buscas sustos, ve a un parque de atracciones. Si buscas cine, busca en otro lado. Esto no es terror, es un thriller de sobremesa de Antena 3 cargado de ínfulas. 💀🎬 Tráiler Oficial
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Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Valeria Von Doom
2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Minuto 39 y minuto 69 (comprobando cuánto quedaba de suplicio).
2 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
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