Tesis — Una exploración oscura y maestra
Crítica a 'Tesis', la película de Alejandro Amenábar que desentraña la oscuridad en la violencia audiovisual
- ¿Qué sucede cuando la fascinación por la violencia se cruza con la curiosidad académica? 'Tesis' lo explica
- La estética oscura y la narrativa incómoda de 'Tesis' siguen siendo relevantes hoy en día
- Alejandro Amenábar debutó con 'Tesis', una película que ya anunciaba su habilidad para manejar temas complejos
El cine español de los noventa no fue exactamente un jardín de rosas, pero sí un terreno abonado para que brotaran rarezas que, contra todo pronóstico, acabaron convirtiéndose en clásicos. 'Tesis' (1996), el debut de Alejandro Amenábar, es una de esas películas que llegan sin avisar, como un golpe en la nuca, y te dejan preguntándote cómo demonios nadie había contado esta historia antes. No es solo que Amenábar tuviera 23 años cuando la rodó —sí, 23, como quien dice con el carnet de identidad aún oliendo a tinta fresca—, sino que lo hizo con una seguridad en la puesta en escena que muchos directores veteranos no alcanzan en toda su carrera. La película no solo se atrevió a mirar de frente a la violencia en los medios, sino que lo hizo desde una perspectiva tan incómoda que, casi tres décadas después, sigue doliendo como el primer día. Y eso, queridos lectores, es algo que ni el mejor algoritmo de Netflix podría predecir: que una película sobre snuff movies, rodada con un presupuesto de risa (unos 150 millones de pesetas, que hoy serían unos 900.000 euros), acabaría siendo más relevante que el 90% de los thrillers que Hollywood escupe cada año con presupuestos cien veces mayores.
Ángela, interpretada por Ana Torrent —sí, la misma niña de El espíritu de la colmena y Cría cuervos, que aquí ya tenía 28 años pero seguía transmitiendo esa fragilidad casi sobrenatural—, es una estudiante de ciencias de la información que decide investigar la violencia audiovisual para su tesis doctoral. La premisa es sencilla: ¿qué pasa cuando el morbo se convierte en objeto de estudio? Pero Amenábar no se conforma con hacer un ensayo académico disfrazado de película. No. Lo que hace es meternos en la cabeza de Ángela hasta que empezamos a sentir su misma Obsesión»" data-acid-interlink="obsesion-el-hechizo-que-convirtio-el-amor-en-pesadilla-de-plastico">obsesión, su misma curiosidad malsana, su mismo miedo. Hay un momento, hacia el minuto 20, en el que Ángela ve por primera vez una de esas cintas snuff. La cámara no nos muestra el contenido —Amenábar es demasiado listo para caer en el error de convertir su película en un catálogo de atrocidades—, pero sí nos muestra el rostro de Ángela, iluminado por la luz parpadeante del televisor, mientras su expresión pasa de la incredulidad al horror. Y entonces lo entendemos: no estamos viendo una película sobre violencia, sino sobre cómo la violencia nos corrompe sin que nos demos cuenta. Es un plano que dura apenas unos segundos, pero que condensa toda la tesis (nunca mejor dicho) de la película.
El guion, escrito por el propio Amenábar, es una máquina perfectamente engrasada. No hay un solo diálogo superfluo, ni una sola escena que no avance la trama o profundice en los personajes. Lo más impresionante es cómo logra que el espectador se sienta cómplice de Ángela. Cuando ella decide seguir investigando a pesar de los peligros, cuando miente a su familia, cuando se adentra en ese mundo oscuro... nosotros estamos ahí con ella, sudando, mordiéndonos las uñas, preguntándonos si no deberíamos apagar la tele y olvidarnos de todo. Pero no lo hacemos. Porque Amenábar sabe exactamente cómo jugar con nuestras expectativas, cómo dosificarnos la información para que no podamos apartar la mirada. Hay un momento en el que Ángela descubre que su profesor, interpretado por un Xabier Elorriaga en estado de gracia, podría estar involucrado en la distribución de esas cintas. La escena en la que Ángela lo confronta en su despacho es un masterclass de tensión: los planos cortos, el silencio incómodo, la mirada de Elorriaga, que parece decirlo todo sin necesidad de palabras. Es el tipo de escena que te hace olvidar que estás viendo una película española de los noventa y no un thriller de Hitchcock.
Pero si hay algo que eleva Tesis por encima del resto de películas de su género es su capacidad para hablar de algo más grande que el simple morbo. Amenábar no juzga a sus personajes, ni siquiera a los más oscuros. Los muestra tal como son: personas normales atrapadas en una espiral de violencia y fascinación. El personaje de Eduardo Noriega, Chema, es el ejemplo perfecto. Chema es un friki de la violencia, un tipo que colecciona cintas snuff como otros coleccionan sellos, pero Noriega logra que no sea un simple cliché. Hay una escena en la que Chema le muestra a Ángela su colección, y lo hace con una mezcla de orgullo y vergüenza que es simplemente brillante. Noriega no actúa, vive el papel. Y eso es algo que se nota en cada uno de sus gestos, en cada una de sus miradas. No es de extrañar que esta película lo lanzara al estrellato.
Dirección y puesta en escena: el arte de asustar sin mostrar nada
Amenábar no tenía experiencia previa en el cine, pero eso no se nota en absoluto. Tesis es una película que respira seguridad en cada plano, en cada movimiento de cámara, en cada decisión de montaje. El director demuestra un dominio absoluto del lenguaje cinematográfico, algo que muchos directores tardan años en conseguir. Hay un momento en el que Ángela está en su habitación, revisando una de las cintas, y la cámara se acerca lentamente a su rostro mientras la luz del televisor parpadea sobre ella. No hay música, no hay diálogos, solo el sonido de la cinta reproduciéndose y la respiración agitada de Ángela. Es un plano que podría estar en cualquier manual de cine de terror psicológico. Y sin embargo, Amenábar lo usa no para asustarnos, sino para meternos en la piel de su protagonista. Esa es la diferencia entre un director competente y un genio: la capacidad de usar las herramientas del cine no para impresionar, sino para contar una historia.
El montaje, a cargo de María Elena Sáinz de Rozas, es otro de los puntos fuertes de la película. Hay una secuencia en la que Ángela y Chema están en un videoclub, buscando más cintas, y el montaje alterna entre los dos personajes, los estantes de películas y los primeros planos de sus rostros. La tensión va creciendo poco a poco, hasta que de repente... ¡corten! Amenábar sabe exactamente cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo mostrar y cuándo sugerir. Es el tipo de montaje que te hace olvidar que estás viendo una película y te sumerge por completo en la historia.
La fotografía de Hans Burmann merece un capítulo aparte. Burmann, que ya había trabajado con Amenábar en el cortometraje Himenóptero, logra crear una atmósfera visual que es a la vez realista y onírica. La película está rodada en Madrid, pero no es el Madrid turístico de las postales, sino un Madrid oscuro, sucio, casi claustrofóbico. Burmann usa la luz de manera magistral: hay escenas iluminadas con una luz fría y azulada que transmite una sensación de desasosiego, y otras en las que la oscuridad lo invade todo, dejando solo pequeños puntos de luz que parecen flotar en la nada. Es una fotografía que no solo acompaña a la historia, sino que la enriquece, añadiendo capas de significado que van más allá de lo que dicen los diálogos.
Actuaciones: cuando el reparto se convierte en carne de pesadilla
Ana Torrent es, sencillamente, una actriz prodigiosa. Su interpretación de Ángela es tan convincente que cuesta creer que no esté viviendo realmente lo que le pasa a su personaje. Torrent logra transmitir una mezcla de vulnerabilidad y determinación que es clave para que la película funcione. Hay un momento en el que Ángela está en la comisaría, denunciando lo que ha descubierto, y su voz tiembla mientras habla. No es una actuación sobreactuada, ni un recurso fácil para generar empatía. Es el tipo de detalle que solo una gran actriz puede aportar. Torrent no interpreta a Ángela, se convierte en ella.
Eduardo Noriega, por su parte, roba cada escena en la que aparece. Su Chema es un personaje complejo, a medio camino entre el friki inofensivo y el psicópata en potencia. Noriega logra que el espectador no sepa nunca del todo qué pensar de él: ¿es un aliado, un enemigo, o simplemente un pobre diablo atrapado en su propia obsesión? Hay una escena en la que Chema le confiesa a Ángela que ha visto todas las cintas de su colección, y lo hace con una sonrisa que es a la vez tierna y aterradora. Noriega no necesita decir nada más: esa sonrisa lo dice todo.
Xabier Elorriaga, en el papel del profesor Castro, es otro de los grandes aciertos del reparto. Castro es un personaje ambiguo, un hombre que parece saber más de lo que dice, y Elorriaga logra transmitir esa ambigüedad con una naturalidad pasmosa. Hay un momento en el que Castro le dice a Ángela que «el morbo es el motor de la curiosidad», y lo hace con una calma que resulta más inquietante que cualquier grito. Es el tipo de frase que se te queda grabada en la mente mucho después de que la película haya terminado.
Apartado técnico: cuando el sonido y la música se convierten en personajes
La música de Alejandro Amenábar y Mariano Marín es otro de los grandes aciertos de la película. No es una banda sonora convencional, llena de temas épicos o melodías pegadizas. Es una música minimalista, casi subliminal, que se cuela en la película sin que te des cuenta y te va poniendo los pelos de punta. Hay una escena en la que Ángela está en su habitación, revisando una de las cintas, y la música se reduce a un zumbido constante, como el sonido de un televisor mal sintonizado. Es el tipo de detalle que hace que la película sea aún más inquietante.
El diseño de sonido, a cargo de Alfonso Pino, es otro de los puntos fuertes de Tesis. Pino logra crear una atmósfera sonora que es tan importante como la imagen. Hay escenas en las que el silencio es absoluto, y otras en las que el sonido se convierte en un personaje más: el ruido de una cinta de vídeo reproduciéndose, el zumbido de un fluorescente, el sonido de unos pasos en un pasillo vacío... Es un diseño de sonido que no solo acompaña a la historia, sino que la enriquece, añadiendo capas de significado que van más allá de lo que se ve en pantalla.
El diseño de producción, a cargo de Wolfgang Burmann —hermano de Hans Burmann—, es otro de los grandes aciertos de la película. Los escenarios son realistas, pero tienen un aire de irrealidad que los hace aún más inquietantes. El videoclub en el que trabajan Ángela y Chema, por ejemplo, es un lugar oscuro y claustrofóbico, lleno de estantes repletos de películas. Es el tipo de escenario que te hace sentir como si estuvieras atrapado en un laberinto del que no puedes escapar.
Lo mejor
- La dirección de Alejandro Amenábar: Un debut que no parece un debut. Amenábar demuestra un dominio absoluto del lenguaje cinematográfico, usando cada plano, cada movimiento de cámara, cada decisión de montaje para contar una historia que es a la vez un thriller y un estudio psicológico. Es el tipo de película que te hace preguntarte qué demonios estaba haciendo el resto del cine español mientras este tipo de 23 años se comía el mundo.
- La actuación de Ana Torrent: Torrent no interpreta a Ángela, se convierte en ella. Su capacidad para transmitir vulnerabilidad, determinación y miedo en una misma escena es simplemente prodigiosa. Es el tipo de actuación que te hace olvidar que estás viendo una película y te sumerge por completo en la historia.
- El guion: Escrito por el propio Amenábar, es una máquina perfectamente engrasada. No hay un solo diálogo superfluo, ni una sola escena que no avance la trama o profundice en los personajes. Es el tipo de guion que te hace preguntarte por qué no hay más películas españolas con esta ambición.
- La fotografía de Hans Burmann: Burmann logra crear una atmósfera visual que es a la vez realista y onírica. Su uso de la luz y la oscuridad es magistral, añadiendo capas de significado que van más allá de lo que dicen los diálogos. Es el tipo de fotografía que te hace sentir como si estuvieras dentro de la película.
- El diseño de sonido: Alfonso Pino crea una atmósfera sonora que es tan importante como la imagen. El silencio, los ruidos cotidianos, el sonido de las cintas de vídeo... todo está diseñado para ponerte los pelos de punta. Es el tipo de diseño de sonido que te hace olvidar que el cine es un arte visual.
Lo peor
La disponibilidad de la película: Tesis* es una obra maestra, pero es difícil de encontrar en formatos modernos. No está en Netflix, ni en Amazon Prime, ni en ninguna de las plataformas de streaming más populares. Es como si el cine español hubiera decidido enterrar uno de sus mayores logros en un cajón y tirar la llave.
- Algunas secuencias pueden ser demasiado intensas: La película no es explícita, pero hay momentos que pueden resultar muy perturbadores para ciertos espectadores. No es una película para ver después de cenar, a menos que quieras pasar la noche en vela.
- El final puede resultar predecible: Aunque la película es brillante en casi todos los aspectos, el desenlace puede resultar un poco predecible para los espectadores más curtidos en el género. No es un fallo grave, pero es un pequeño lunar en una película que, por lo demás, es casi perfecta.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Tesis no es solo una película, es una experiencia. Una de esas raras joyas que te dejan marcado para siempre, como un tatuaje que no pediste pero que acabas llevando con orgullo. Amenábar logró algo que muy pocos directores consiguen en su debut: crear una película que es a la vez un thriller adictivo, un estudio psicológico profundo y una reflexión sobre la violencia en los medios. No es una película que te guste, es una película que te obsesiona. Las actuaciones son brutales, el guion es impecable, la fotografía te deja sin aliento y el diseño de sonido te pone los pelos de punta. ¿Que hay algunos detalles que podrían mejorarse? Claro, pero son tan insignificantes al lado de lo que la película logra que ni siquiera merece la pena mencionarlos. Tesis es, sin duda, una de las mejores películas del cine español de los últimos 30 años. Y lo peor de todo es que, casi tres décadas después, sigue siendo más relevante que el 99% de lo que se estrena hoy en día. Si no la has visto, hazlo. Pero no digas que no te avisé: esta película no se ve, se sufre. Y se disfruta. Sobre todo, se disfruta. 💀
🎬 Tráiler Oficial
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Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Maximiliano Z.
Cero. La pantalla absorbió cada segundo de atención disponible.
Ni una sola mirada al móvil.
Ninguna: la adrenalina cinematográfica es suficiente.
"No hubo. La coherencia se mantuvo hasta el último fotograma."
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