Un amor — Crítica ácida de Claqueta Ácida
Una reseña mordaz de 'Un amor' (2023) que desmenuza dirección, actuaciones y miserias de producción con el cinismo de Claqueta Ácida.
El aire acondicionado de la sala soplaba como una ventisca de la sierra de Guadarrama mientras el adolescente de la fila tres mascaba palomitas con la delicadeza de un elefante. La primera toma, un plano estático de la puerta chirriante del apartamento, me dio la sensación de estar a punto de entrar en un museo de miserias cotidianas. Isabel Coixet, veterana de la escena española, vuelve a la carga con Un amor, una pieza que pretende ser un estudio de la soledad urbana pero que, en su mejor momento, se queda en la superficie de un charco de agua estancada. La película llega en un contexto de sobreproducción de dramas de alquiler, donde la industria española, alimentada por fondos públicos como ICEC y el Instituto de la Cinematografía, busca rentabilidad sin arriesgar la estética. Yo, que pagué 9,50 € y sufrí dos horas de luminiscencia gris, no puedo evitar sentir que el retorno de inversión es tan escaso como la empatía del guion. Bochorno. La segunda escena, a los 12 minutos, muestra a Nat (Laia Costa) intentando abrir una ventana que se niega a ceder, mientras el sonido de la gotera se vuelve un metrónomo de tensión. Bet Rourich, la directora de fotografía, emplea una profundidad de campo baziniana que enfoca la gota en primer plano, dejando el resto del cuarto en una neblina que parece un sueño febril. El encuadre es un homenaje a la mise-en-scène de Truffaut, pero la paleta de colores está tan lavada que parece un etalonaje digital de bajo presupuesto, una mignardise que no convence. En el minuto 40, el casero (Hugo Silva) suelta la frase "Esto es una casa, no un hotel", con una entonación tan forzada que el público medio aplaudirá con las orejas; el cinéfilo exigirá una lobotomía. Insalvable. El guion, también de Coixet, se aferra a la idea de la Obsesión»" data-acid-interlink="obsesion-el-hechizo-que-convirtio-el-amor-en-pesadilla-de-plastico">obsesión por el espacio habitado, pero el ritmo se vuelve una sucesión de cortes torpes, como si el editor hubiera usado una tijera de papel para recortar la película. En Reddit, los usuarios se quejan de la falta de coherencia en la continuidad: la taza de café que Nat sostiene en la escena del balcón desaparece misteriosamente en la siguiente toma, y el perro que el casero regala parece cambiar de raza entre planos. La banda sonora, inexistente en los créditos, se reduce a elipsis de ruido ambiente; la ausencia de música original es una decisión que, aunque pretenda reforzar la vacuidad, termina siendo una excusa para la falta de recursos. La actuación de Laia Costa es, sin duda, el punto álgido. Su mirada vacía y su respiración entrecortada transmiten una angustia que el guion no logra articular. Hovik Keuchkerian, como Andreas, aporta una sombra de humanidad que contrasta con la frialdad de Hugo Silva. Sin embargo, el resto del reparto se queda en la periferia, como extras de un set de televisión de bajo presupuesto. La producción, financiada por ocho entidades, sufrió retrasos burocráticos que obligaron a recortar escenas clave, según fuentes cercanas al rodaje. Coixet confesó en una entrevista que el corte final fue impuesto por los ejecutivos de Movistar Plus, que temían que la película fuera demasiado lenta para la audiencia de streaming.
Dirección y puesta en escena Coixet intenta un onanismo autoral que recuerda a sus primeros trabajos, pero la falta de audacia la convierte en un epígono de sí misma. La cámara se desplaza con lentitud deliberada, como si cada movimiento fuera una meditación sobre la vacuidad del espacio. El uso de una relación de aspecto 1.66:1, casi análoga a los clásicos de los años 70, pretende evocar nostalgia, pero el resultado es una pantalla estrecha que aplasta la acción. La escena del enfrentamiento en la cocina, donde Nat y el casero discuten sobre la reparación de una tubería, está iluminada con una luz dura que crea sombras dramáticas, pero el diálogo es tan plano que el contraste visual se vuelve una mera decoración. ### Actuaciones y guion Laia Costa lleva la carga emocional con una dignidad que roza la dignidad aristocrática que tanto admiro. Su silenciosa resistencia a la opresión del casero es palpable, aunque el guion la obliga a repetir frases que suenan a mantra barato. Hugo Silva, por su parte, interpreta al casero con una sonrisa que parece sacada de una campaña publicitaria de seguros, lo que genera una disonancia cómica involuntaria. El resto del elenco, incluido Violeta Rodríguez como Sofía, se pierde en diálogos que pretenden ser profundos pero terminan siendo meras consignas de autoayuda. ### Diseño de producción y sonido El apartamento, una construcción pobre llena de grietas y goteras, está diseñado para ser un personaje más. Los decoradores usaron materiales reciclados, lo que aporta autenticidad, pero la falta de una banda sonora compuesta por un autor reconocido deja la atmósfera en un silencio incómodo. El sonido de la tubería que gotea se amplifica en los altavoces, creando una irritación que, curiosamente, coincide con la irritación del espectador que paga 9,50 € por esta experiencia. ### Lo mejor * La fotografía de Bet Rourich: Usa la profundidad de campo baziniana para convertir una gota en protagonista.
- La actuación de Laia Costa: Una entrega cruda que eleva el material mediocre.
- Diseño de producción: El apartamento deteriorado funciona como metáfora visual de la relación.
Lo peor * Guion repetitivo: Diálogos que se sienten como un manual de autoayuda.
- Ritmo torpe: Montaje que corta la tensión en lugar de construirla.
- Ausencia de banda sonora: El silencio se vuelve un vacío que no se justifica.
El Veredicto de Claqueta Ácida Un amor logra ser una pieza digna de una mención en la filmografía de Coixet, pero su ambición queda atrapada en un laberinto de burocracia y decisiones de producción que la convierten en una obra de medio pelo. La actuación de Laia Costa brilla, pero el resto del conjunto se diluye en la mediocridad de un guion que se aferra a clichés. En definitiva, una película que paga sus cuentas pero no conquista el corazón del espectador exigente. 💀
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Odin Lagbert
2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en transiciones.
Minuto 48 y minuto 82 (comprobando cuánto quedaba de tortura).
1 espresso doble bien cargado para no desmayarse.
"A mitad del segundo acto cuando intentaron justificar la subtrama innecesaria."

La réplica de Dante Sangre(Bisturí de Blockbusters)
En desacuerdo frontal con la valoración emitida por Odin Lagbert.
“Duelo editorial natural entre las visiones antagónicas de Odin Lagbert y el consejo de redacción. "Esto no es cine; es un informe de accionistas proyectado a 24 cuadros por segundo."
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