El llanto — Cuando el terror se ahoga en su propio bostezo
Pedro Martín Calero firma un thriller sobrenatural argentino que promete mucho y entrega un suspiro eterno. Ester Expósito brilla, pero el guion se pierde en su propio laberinto de llantos.
Crítica de El llanto
El cine de terror argentino tiene una tradición gloriosa: desde La ciénaga hasta Los paranoicos, pasando por ese monstruo llamado El secreto de sus ojos. Pero El llanto, el último trabajo de Pedro Martín Calero, llega como un suspiro entre tanta grandeza. No es que sea mala, ojo. Es que es aburrida con pretensiones, como un profesor de filosofía que explica el miedo existencial con un powerpoint de colores pastel. Y eso, queridos lectores, es peor que un jump scare mal ejecutado.
La película se presenta como un thriller sobrenatural que conecta a tres mujeres a través del tiempo y el espacio por culpa de un llanto que nadie más escucha. Suena intrigante, ¿verdad? Pues prepárate para dos horas de flashbacks mal integrados, diálogos que intentan ser profundos pero suenan a frases de taza de Starbucks, y un misterio que se resuelve con la elegancia de un elefante en una cacharrería. Martín Calero, que hasta ahora había dirigido cortos y algún que otro documental, parece obsesionado con la idea de que el terror debe ser lento, atmosférico y lleno de silencios incómodos. El problema es que esos silencios no generan tensión, sino ganas de revisar el móvil.
El reparto, eso sí, merece un aplauso. Ester Expósito, en su primer papel serio después del tsunami Élite, demuestra que puede actuar más allá de los close-ups de Instagram. Su Andrea es frágil pero decidida, aunque el guion le regala líneas como "El miedo no es real, pero el dolor sí" que harían llorar a un guionista de Gran Hermano. Mathilde Ollivier, por su parte, tiene una presencia magnética, pero su personaje, Marie, sufre el síndrome de la mujer misteriosa que solo existe para dar pistas crípticas. Y Malena Villa, como Camila, es la única que logra transmitir algo parecido a urgencia, aunque el guion la abandona a mitad de película como a un perro en una gasolinera.
El verdadero protagonista de El llanto, sin embargo, es el sonido. Olivier Arson, compositor de la banda sonora, parece haber entendido que el terror moderno ya no se basa en violines estridentes, sino en drones ambientales que suenan como el zumbido de un frigorífico viejo. El problema es que, cuando el guion no da miedo, ni siquiera el sonido más inquietante del mundo puede salvarte. Hay una escena en la que Andrea escucha el llanto por primera vez: la cámara se acerca a su oído, el sonido se distorsiona, y tú, en la butaca, te preguntas si el proyector se ha roto. Spoiler: no se ha roto. Es solo la película.
Dirección y puesta en escena: El arte de hacer que lo sobrenatural parezca un trámite burocrático
Pedro Martín Calero tiene una obsesión enfermiza con los planos largos y los encuadres simétricos. Cada escena parece diseñada para que la instagramers la conviertan en un reel, pero sin la chispa que hace que algo sea viral. La fotografía de Constanza Sandoval es impecable: tonos fríos, luces tenues, sombras alargadas que deberían dar miedo pero solo dan sueño. Hay un momento en el que Andrea camina por un pasillo oscuro y la cámara la sigue en un travelling lateral que dura una eternidad. Debería ser hipnótico. Es tedioso.
El montaje, por su parte, es un desastre de saltos temporales que no aportan nada. La película alterna entre el presente de Andrea, el pasado de Marie y el pasado aún más lejano de Camila, pero nunca queda claro por qué. ¿Es una metáfora sobre el trauma transgeneracional? ¿O simplemente Martín Calero vio Dark y pensó: "Yo también quiero hacer algo así, pero con menos presupuesto"? El resultado es un lío de flashbacks que no generan intriga, sino confusión. Y no la confusión buena, la que te hace querer seguir viendo, sino la que te hace mirar el reloj cada cinco minutos.
Las actuaciones, como ya he dicho, son lo único que salva el barco. José Luis Ferrer, en el papel del Hombre de Negro (sí, así se llama el personaje, como si estuviéramos en un episodio de Supernatural), tiene una presencia inquietante, pero su personaje es tan poco desarrollado que parece un extra con más líneas de diálogo. Sonia Almarcha, como Mercedes, tiene un par de escenas memorables, pero desaparece tan rápido que te preguntas si no la habrán recortado en el montaje final. Y Lía Lois, como Laura, tiene un momento en el que llora desconsoladamente mientras suena el llanto de fondo. Debería ser desgarrador. Es ridículo, porque el guion no ha hecho nada para que te importe.
Guion: Frases profundas para gente que no ha leído a Nietzsche
El guion de El llanto es un festival de diálogos que intentan ser filosóficos pero suenan a frases de autoayuda para fantasmas. "El miedo es la única verdad", dice Andrea en un momento dado. "El llanto es el sonido de lo que no puede ser nombrado", suelta Marie en otro. Son líneas que suenan bien en un trailer, pero que en el contexto de la película parecen sacadas de un generador de frases motivacionales para el más allá. Martín Calero parece creer que el terror sobrenatural necesita un trasfondo intelectual para ser tomado en serio, pero se olvida de que el terror, ante todo, debe dar miedo.
El mayor problema del guion, sin embargo, es su estructura. La película se divide en tres líneas temporales que, en teoría, deberían converger en un clímax impactante. En la práctica, convergen en un final que es tan predecible como decepcionante. Hay un giro a mitad de película que debería ser impactante, pero que se ve venir desde el primer acto. Y hay un momento en el que Andrea descubre algo terrible en un sótano que, en cualquier otra película, sería el punto de no retorno. Aquí, es solo otro paso más en un camino que no lleva a ninguna parte.
El diseño de producción, por cierto, es otro de los puntos fuertes. Los escenarios están bien elegidos: casas abandonadas, hospitales psiquiátricos, calles desiertas. Pero, una vez más, la atmósfera no logra transmitir la sensación de peligro. Es como si Martín Calero hubiera confundido melancolía con terror. Y no, no son lo mismo.
Lo mejor
- Ester Expósito: La actriz demuestra que puede cargar con una película entera, incluso cuando el guion le da líneas que parecen sacadas de un manual de coaching para espíritus. Su Andrea es frágil pero decidida, y logra transmitir una vulnerabilidad que hace que te importe, aunque sea un poco.
- La fotografía de Constanza Sandoval: Los planos son impecables, con una paleta de colores fríos que refuerza la sensación de soledad y desamparo. Hay una escena en la que Andrea camina por un pasillo iluminado solo por la luz de una linterna que es, técnicamente, una maravilla.
- El diseño de sonido: Olivier Arson compone una banda sonora que, aunque no asusta, es hipnótica. El llanto en sí, ese sonido que persigue a las protagonistas, está bien diseñado y logra poner los pelos de punta en un par de ocasiones.
- Malena Villa: Su Camila es el personaje más interesante de la película, aunque el guion no le da el espacio que merece. Villa logra transmitir una mezcla de determinación y desesperación que hace que quieras saber más de su historia.
Lo peor
- El guion: Un festival de frases pretenciosas y saltos temporales innecesarios que no aportan nada a la trama. Martín Calero parece más interesado en sonar profundo que en contar una historia que dé miedo.
- El ritmo: La película avanza como un funeral bajo la lluvia. Hay momentos en los que parece que la acción se detiene solo para que los personajes puedan soltar otra frase filosófica, como si el guionista tuviera miedo de que el público se aburriera… de aburrirse.
El misterio: El gran enigma de El llanto* se resuelve de manera tan predecible que te preguntas si no habrán dejado pistas demasiado obvias a propósito, como en esos juegos de escape room para principiantes.
- Los personajes secundarios: José Luis Ferrer, Sonia Almarcha y Lía Lois tienen momentos interesantes, pero sus personajes están tan poco desarrollados que parecen extras con más líneas de diálogo. ¿Para qué incluirlos si no vas a darles nada que hacer?
- El final: Después de dos horas de burocracia sobrenatural, el desenlace es tan anticlimático que te dan ganas de pedir la devolución del dinero. No es impactante, no es satisfactorio, no es nada. Es como si Martín Calero hubiera perdido el interés en su propia película.
El Veredicto de Claqueta Ácida
El llanto es una de esas películas que prometen mucho y entregan poco. Pedro Martín Calero tiene talento para la atmósfera y la dirección de actores, pero su guion es un desastre de pretensiones intelectuales y saltos temporales que no llevan a ninguna parte. Ester Expósito salva los muebles, pero ni siquiera ella puede evitar que la película se hunda en su propio aburrimiento. Si buscas terror sobrenatural con sustancia, mejor mira Hereditary otra vez. Si buscas una siesta con imágenes bonitas, esta es tu película. 5.8/10, y solo porque la fotografía merece un punto extra. 💀
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El llanto: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "El llanto" en Claqueta Ácida?
- "El llanto" tiene una nota de 5.8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dr. Cinismo.
- ¿Merece la pena ver "El llanto"?
- Con reservas. Le damos un 5,8/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
- ¿Quién dirigió la película "El llanto"?
- "El llanto" fue dirigida por Pedro Martín Calero.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Dr. Cinismo
2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Un par de miradas al reloj en el tramo intermedio, comprobando cuánto quedaba de suplicio.
1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
💬 El Veredicto de la Comunidad
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