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Guerra Mundial Z — Una Aproximación al Caos

Una crítica ácida a Guerra Mundial Z, con su mezcla de acción y terror

✍️ Por: Odin Lagbert
🎬 Director: Marc Forster
⏱️ Lectura: 11 min
⚡ Ácido Cítrico 6.8/10
Crítica y fotograma de la película Guerra Mundial Z en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Guerra Mundial Z

Crítica de Guerra Mundial Z

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Guerra Mundial Z: Una Aproximación al Caos 0:00 / --:--

Guerra Mundial Z no es una película. Es un síntoma. El síntoma de una industria que, en su desesperación por vender entradas, ha convertido el apocalipsis zombi en un producto de lujo con etiqueta de blockbuster premium. Marc Forster, ese director que un día nos regaló la sensibilidad de Descubriendo Nunca Jamás y al siguiente nos torturó con el tedio de Quantum of Solace, aquí se enfrenta a un reto imposible: hacer que un ejército de cadáveres ambulantes parezca una amenaza global creíble cuando el verdadero virus letal es el aburrimiento corporativo. Y lo peor es que, en algunos momentos, casi lo consigue. Casi.

La película arranca como un ataque de pánico en un centro comercial. La cámara de Forster se pega a Brad Pitt como una garrapata, siguiendo cada respiración agitada mientras Gerry Lane intenta salvar a su familia de una invasión zombi que parece sacada de un trailer de videojuego. El primer acto es puro caos controlado: coches volando, multitudes en estampida, un niño vomitando sangre negra en un plano que parece diseñado para que los espectadores griten en la sala. Pero aquí está el primer problema: el caos no tiene peso. Es como si alguien hubiera editado un documental sobre el fin del mundo usando solo los planos más caros y espectaculares, pero sin la suciedad, el sudor o el olor a podrido que debería impregnar cada fotograma. El mundo se acaba, pero en versión Disneylandia del apocalipsis.

El guion, firmado por Matthew Michael Carnahan (junto a Drew Goddard y Damon Lindelof, que entraron a reescribir el desastre inicial), es un Frankenstein de ideas prestadas. La premisa de un padre de familia convertido en héroe de la ONU suena a Taken pero con más ceros en el presupuesto, y la estructura de «viaje alrededor del mundo para encontrar la cura» huele a Indiana Jones con prisa. Lo peor no es que sea predecible —al fin y al cabo, todos sabemos que los zombis caerán como moscas en cuanto alguien descubra que tienen alergia a los gatos o algo así—, sino que carece de cualquier atisbo de personalidad. No hay diálogos memorables, ni giros narrativos que sorprendan, ni siquiera un villano mínimamente interesante. Los zombis, esos seres que deberían ser la estrella de la función, son reducidos a meros extras de lujo: miles de ellos corriendo en manada como si fueran fans de BTS persiguiendo a Jungkook. Ni un solo plano que te haga sentir el terror primigenio de La noche de los muertos vivientes. Ni uno.

Brad Pitt, por su parte, hace lo que puede con un personaje que es poco más que un saco de músculos con crisis existencial. Gerry Lane es el típico héroe de película de acción: sabe de todo, nunca se equivoca y, por supuesto, tiene una familia perfecta que lo espera en casa para justificar cada decisión estúpida que toma. Pitt cumple con su papel de estrella, pero su actuación es tan genérica que podrías reemplazarlo por un maniquí de Abercrombie y nadie notaría la diferencia. El verdadero drama de Guerra Mundial Z es que, en su afán por ser políticamente correcta y globalista, termina por no tener alma. Ni siquiera los actores secundarios, como la científica interpretada por Mireille Enos (que parece sacada de un episodio de CSI), logran destacar. Todos son piezas de un engranaje diseñado para que la trama avance sin fricciones, como un tour organizado por el infierno.

Guerra Mundial Z still 1
Guerra Mundial Z still 1

Dirección y puesta en escena: el arte de gastar 200 millones sin dejar huella

Marc Forster dirige esta película como si estuviera resolviendo un cubo de Rubik con los ojos vendados. Hay momentos en los que su mano se nota —ese plano secuencia inicial en Filadelfia, con la cámara serpenteando entre el tráfico mientras los zombis devoran a la gente, es impresionante—, pero luego recuerda que está haciendo una película de zombis para toda la familia y se apresura a diluir cualquier atisbo de horror real. El problema no es la espectacularidad, sino la falta de coherencia. Forster quiere que sintamos el pánico de la multitud, pero también quiere que la película sea apta para menores de 13 años. Quiere que los zombis den miedo, pero no tanto como para que los ejecutivos de Paramount se asusten y recorten el presupuesto. El resultado es una película que oscila entre el thriller de acción y el drama familiar, sin decidirse nunca por un tono claro.

La fotografía de Ben Seresin es, sin duda, el aspecto técnico más destacado. Seresin, que ya había demostrado su habilidad para capturar el caos en Mad Max: Fury Road, aquí se supera al convertir cada ciudad en un infierno de sombras y luces neón. Los planos aéreos de Jerusalén, con sus murallas repletas de zombis trepando como hormigas, son de lo poco que justifica el precio de la entrada. Pero incluso en su mejor momento, la fotografía choca con la dirección de Forster. Hay demasiados close-ups de Pitt sudando, demasiados slow motions de zombis cayendo como fichas de dominó, y demasiados planos de helicópteros surcando cielos azules que parecen sacados de un anuncio de turismo. El cine de género necesita suciedad, no glamour.

El montaje, a cargo de Roger Barton y Matt Chesse, es otro de los puntos fuertes. La película tiene un ritmo trepidante, con escenas de acción que se suceden sin dar tregua al espectador. El problema es que, después de dos horas de persecuciones y sustos, uno empieza a sentir que está viendo el mismo set piece una y otra vez. Los zombis atacan, Gerry escapa por los pelos, alguien dice una frase épica, y vuelta a empezar. La repetición es el enemigo del terror. Si algo aprendimos de George A. Romero es que el verdadero miedo está en lo que no se ve, en el silencio que precede al ataque, en la incertidumbre de no saber cuándo ni cómo llegará el siguiente golpe. Guerra Mundial Z prefiere el ruido constante, como si temiera que el espectador se aburriera y se fuera a casa antes de que acabe la película.

Guerra Mundial Z still 2
Guerra Mundial Z still 2

Actuaciones: cuando el reparto es tan genérico como el guion

Brad Pitt es Brad Pitt. Eso debería ser suficiente, pero no lo es. Gerry Lane es un personaje tan plano que podrías usarlo como tabla de planchar. Pitt hace lo que se espera de él: corre, grita, mira con intensidad y salva al mundo, pero nunca logra transmitir la desesperación que debería sentir un padre que ve cómo el mundo se desmorona a su alrededor. Es como si estuviera interpretando a un héroe de acción en lugar de a un ser humano. Y eso es un problema, porque Guerra Mundial Z intenta venderse como una película con corazón, pero su corazón late con la fuerza de un smartwatch en modo ahorro de energía.

Mireille Enos, que interpreta a la esposa de Gerry, tiene aún menos que hacer. Su personaje existe únicamente para gritar por teléfono, llorar en un rincón y recordarle al espectador que Gerry tiene una familia a la que salvar. Es el papel femenino más estereotipado desde que las películas de acción decidieron que las mujeres solo sirven para dos cosas: morir o esperar a que las salven. Los actores secundarios, como Daniella Kertesz (la soldado israelí) o Fana Mokoena (el funcionario de la ONU), tienen momentos puntuales en los que casi logran destacar, pero el guion se encarga de recordarnos que son poco más que extras con líneas de diálogo.

El verdadero crimen de Guerra Mundial Z no es que sus personajes sean planos, sino que ni siquiera intenta disimularlo. En una escena clave, Gerry tiene una conversación telefónica con su esposa mientras huye de una horda de zombis. El diálogo es tan forzado, tan lleno de frases hechas sobre «salvar al mundo» y «volver a casa», que uno no puede evitar reírse. Es como si el guionista hubiera escrito la escena con un manual de Cómo escribir diálogos emotivos en 5 pasos.

Apartado técnico: cuando el dinero no compra buen gusto

El diseño de producción de Nigel Phelps es, sin duda, impresionante. Las ciudades destruidas, los campos de refugiados, los laboratorios secretos... todo está diseñado para parecer real, pero con ese toque blockbuster que lo hace parecer un parque temático del apocalipsis. El problema es que el diseño no sirve para nada si la historia no le da contexto. Jerusalén, por ejemplo, es una locura visual: zombis trepando por las murallas, multitudes corriendo en todas direcciones, aviones estrellándose contra edificios. Pero la escena carece de tensión real porque, al final, todo se reduce a un set piece más, otro momento de espectáculo vacío.

La música de Marco Beltrami es otro de los aspectos que pasan desapercibidos. Beltrami, conocido por su trabajo en Scream y Logan, compone una banda sonora que oscila entre lo épico y lo genérico. Hay momentos en los que la música intenta elevar la emoción, como en la escena del avión, pero termina sonando como el score de una película de superhéroes. El cine de zombis necesita silencio, no fanfarrias. El sonido, por su parte, es competente pero olvidable. Los gritos de los zombis, los disparos, los motores de los helicópteros... todo está ahí, pero nada destaca. Es como si el departamento de sonido hubiera recibido la orden de «hacerlo realista, pero no demasiado realista».

El maquillaje y los efectos de los zombis son, probablemente, el mayor fracaso técnico de la película. Los zombis de Guerra Mundial Z no dan miedo. Dan pena. Son como muñecos de Halloween con esteroides: cuerpos pálidos, ojos inyectados en sangre y movimientos robóticos. En lugar de inspirar terror, inspiran risa. Es imposible no acordarse de los zombis de 28 Days Later o The Walking Dead, que lograban transmitir una sensación de peligro real. Aquí, los zombis son poco más que obstáculos en un videojuego, diseñados para ser esquivados o derribados en masa. El cine de zombis merece algo mejor.

Lo mejor

  • La fotografía de Ben Seresin: No todo es malo en esta película, y la fotografía es la prueba. Seresin logra capturar la escala del apocalipsis con planos que son, a la vez, espectaculares y aterradores. Los contrastes entre la luz y la oscuridad, los colores saturados de las ciudades en llamas, los planos aéreos de multitudes en pánico... Todo está diseñado para que el espectador sienta que está presenciando el fin del mundo. Es lo único que justifica el 3D.
El ritmo trepidante: Guerra Mundial Z no da tregua. Desde el primer minuto hasta el último, la película mantiene un ritmo que no permite al espectador aburrirse. Las escenas de acción se suceden sin descanso, y aunque algunas son repetitivas, logran mantener la tensión. Es el equivalente cinematográfico de un sprint* de dos horas.
  • Algunos momentos de dirección: Marc Forster tiene destellos de genialidad, como ese plano secuencia inicial en Filadelfia o la escena de Jerusalén. Son momentos en los que la película casi logra trascender su propia mediocridad y convertirse en algo memorable. Casi.

Lo peor

El guion predecible y genérico: No hay una sola sorpresa en el guion de Guerra Mundial Z. Desde el primer minuto, sabes exactamente cómo va a terminar la película, qué personajes van a morir y qué giros va a dar la trama. Es como ver un remake de Independence Day* pero con zombis. La falta de desarrollo de los personajes: Gerry Lane es un personaje plano, su esposa es un estereotipo y los personajes secundarios son poco más que extras* con líneas de diálogo. La película parece hecha por un algoritmo de Netflix. Los zombis: Los zombis de Guerra Mundial Z son un insulto a la tradición del género. No dan miedo, no tienen personalidad y parecen sacados de un videojuego de los 90. Son el equivalente cinematográfico de un meme* de WhatsApp. La falta de coherencia tonal: La película oscila entre el thriller de acción, el drama familiar y la comedia involuntaria. Es como si alguien hubiera mezclado World War Z con Home Alone*.
  • El desperdicio de presupuesto: 200 millones de dólares para esto. 200 millones de dólares. Podrían haber financiado una película de zombis indie al año durante una década con ese dinero.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Guerra Mundial Z es una película que lo tiene todo para ser un clásico del género, pero termina siendo un blockbuster genérico con ínfulas de grandeza. Tiene momentos espectaculares, un ritmo trepidante y una fotografía impresionante, pero también tiene un guion predecible, personajes planos y zombis que dan más risa que miedo. Es el equivalente cinematográfico de un buffet de lujo: mucho para elegir, pero nada que te llene de verdad. Si te gustan las películas de acción con zombis, puede que te entretenga. Si buscas algo más, mejor vuelve a ver 28 Days Later o Train to Busan. El apocalipsis zombi merece algo mejor que esto. Merece, al menos, un poco de dignidad. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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Guerra Mundial Z: preguntas frecuentes

¿Qué nota tiene "Guerra Mundial Z" en Claqueta Ácida?
"Guerra Mundial Z" tiene una nota de 6.8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Odin Lagbert.
¿Merece la pena ver "Guerra Mundial Z"?
Con reservas. Le damos un 6,8/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
¿Quién dirigió la película "Guerra Mundial Z"?
"Guerra Mundial Z" fue dirigida por Marc Forster.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Odin Lagbert

⚡ Desgaste Moderado
🥱 Bostezómetro

2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Un par de miradas al reloj en el tramo intermedio, comprobando cuánto quedaba de suplicio.

😬 Índice de Cringe Ajeno 1.3/10
☕ Prescripción Terapéutica

2 espressos para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.

💥 Punto de Descarrilamiento

"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."

💬 El Veredicto de la Comunidad

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Nota de Claqueta Ácida 6.8/10
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