🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Clásicos 🔥 Fusión Nuclear

La favorita — El juego de tronos que nunca fue (y por eso es una obra maestra)

Yorgos Lánthimos convierte el palacio de la reina Ana en un manicomio de lujo. Emma Stone, Olivia Colman y Rachel Weisz bailan un minué con dagas. 9.0/10. 💀

✍️ Por: Dr. Cinismo
🎬 Director: Yorgos Lánthimos
⏱️ Lectura: 9 min
🔥 Fusión Nuclear 9/10
Crítica y fotograma de la película La favorita en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película La favorita

Crítica de La favorita

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La favorita: El juego de tronos que nunca fue (y por eso es una obra maestra) 0:00 / --:--

El palacio de la reina Ana huele a podrido. No es una metáfora. Es literalmente lo primero que percibes cuando la cámara se acerca a Olivia Colman, tumbada en su trono como un saco de patatas con corona, rodeada de conejos que parecen saber más de política que ella. La favorita no es una película de época. Es un documental sobre el poder, el sexo y la decadencia filmado con la frialdad de un entomólogo observando insectos. Yorgos Lánthimos, ese griego que nos regaló Canino y The Lobster, vuelve a demostrar que el cine puede ser elegante, brutal y profundamente incómodo al mismo tiempo. No hay dragones, ni batallas épicas, ni discursos grandilocuentes. Solo tres mujeres destrozándose entre sí con sonrisas de porcelana y miradas que podrían cortar cristal. Bienvenidos a la corte de la reina Ana, donde el verdadero juego de tronos se juega con pasteles envenenados y cartas de amor falsas.

El rodaje de La favorita fue, según cuentan, un infierno de risas y tensión. Lánthimos, conocido por su método de dirección casi clínico, obligó a sus actrices a improvisar escenas enteras con diálogos absurdos antes de rodar las tomas definitivas. El objetivo: que Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz se odiaran de verdad. No en plan actrices que fingen rivalidad para la prensa, sino en plan tres mujeres atrapadas en una jaula de oro dispuestas a matarse por un trozo de poder. El resultado es una química tan tóxica que casi puedes oler el veneno en el aire. Stone, en su primer papel serio después de La La Land, demuestra que es mucho más que una cara bonita: es una actriz capaz de transmitir ambición, vulnerabilidad y crueldad en una sola mirada. Weisz, por su parte, se come el escenario con esa elegancia felina que siempre ha tenido. Pero es Colman quien se lleva el premio gordo: su reina Ana es una criatura patética, egoísta y profundamente humana, una mezcla de niña mimada y tirano senil que te parte el corazón y te da ganas de abofetearla al mismo tiempo. Cuando llora porque sus conejos (sí, sus conejos) mueren, no sabes si reír o llorar con ella. Ese es el genio de Lánthimos: te obliga a sentir empatía por un personaje que, en cualquier otra película, sería el villano de turno.

El guion de Tony McNamara, conocido por su trabajo en The Great, es una obra maestra de diálogos afilados y situaciones incómodas. No hay un solo momento en el que la película flaquee: cada escena está calculada para tensar la cuerda un poco más, hasta que el espectador acaba sudando frío. La guerra contra Francia, que en teoría debería ser el trasfondo político de la historia, es tratada como un chiste recurrente. Los ministros hablan de estrategias militares mientras la reina se queja de su gota y sus amantes se apuñalan por la espalda. Es como si Juego de Tronos y Veep hubieran tenido un hijo bastardo, y ese hijo fuera esta película. Pero lo más brillante es cómo Lánthimos y McNamara convierten lo que podría ser un drama histórico convencional en una comedia negra sobre la soledad del poder. La reina Ana no es una líder, es una prisionera de su propia corte, rodeada de gente que la odia, la manipula o la ignora. Sus conejos son su única compañía real, y hasta ellos parecen juzgarla con la mirada.

La fotografía de Robbie Ryan, con sus encuadres descentrados y sus lentes gran angular que deforman los rostros, es una declaración de intenciones. Lánthimos no quiere que veas una película bonita: quiere que sientas el peso de la opresión, la claustrofobia de un palacio donde cada rincón esconde una traición. Los planos de las tres protagonistas, filmadas desde ángulos imposibles, parecen sacados de un cuadro barroco: exagerados, grotescos y, sin embargo, hipnóticos. La música, compuesta por Vivaldi pero reinterpretada con un toque moderno, refuerza esa sensación de que estás viendo algo que no pertenece a ninguna época en concreto. Es como si Lánthimos hubiera tomado el siglo XVIII, lo hubiera metido en una coctelera con un poco de Black Mirror y lo hubiera servido con una sonrisa sádica.

La favorita still 1
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Dirección y puesta en escena: El palacio como jaula de oro

Lánthimos no dirige actores, los disecciona. Cada gesto, cada mirada, cada respiración está calculada para transmitir algo más que palabras. La escena en la que Abigail (Stone) y Sarah (Weisz) se enfrentan en un pasillo, filmadas desde un plano cenital que las reduce a dos hormigas en un laberinto, es un ejemplo perfecto de su estilo. No hay música, no hay diálogos, solo el sonido de sus faldas rozando el suelo y sus miradas clavadas la una en la otra. Es un momento de tensión pura, de esos que te dejan sin aliento. Y luego está el uso del espacio: el palacio de la reina Ana no es un escenario, es un personaje más. Las habitaciones son demasiado grandes, los pasillos demasiado largos, las puertas demasiado pesadas. Todo está diseñado para que te sientas atrapado, igual que ellas.

El montaje, a cargo de Yorgos Mavropsaridis, es otro de los puntos fuertes de la película. Las transiciones entre escenas son abruptas, casi violentas, como si la película misma estuviera impaciente por llegar al siguiente momento de crueldad. Hay un plano secuencia en el que Abigail y la reina bailan un minué mientras el resto de la corte las observa, y es tan incómodo que casi puedes sentir el sudor frío de Stone mientras intenta no pisar el vestido de Colman. Lánthimos no tiene piedad con sus personajes, ni con su audiencia. Te obliga a mirar, aunque lo que veas te repugne.

La favorita still 2
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Actuaciones: Un trío de asesinos con corsé

Olivia Colman ya ganó el Oscar por este papel, y no es difícil entender por qué. Su reina Ana es una criatura frágil y monstruosa a la vez, una mujer que ha perdido todo (su salud, su dignidad, su cordura) y solo le queda el poder, ese poder que ejerce con la torpeza de un niño que juega a ser rey. Hay una escena en la que Abigail la encuentra llorando en el suelo, rodeada de sus conejos, y Colman interpreta ese momento con una vulnerabilidad tan cruda que duele. No es una actuación, es un exorcismo.

Emma Stone, por su parte, demuestra que es mucho más que la chica de La La Land. Su Abigail es una superviviente, una mujer que ha aprendido a moverse en un mundo de hombres usando solo su inteligencia y su encanto. Pero Stone no cae en la trampa de convertirla en una villana unidimensional: su Abigail también tiene miedo, también sufre, y eso la hace más peligrosa. Cuando sonríe mientras envenena a alguien, sabes que no lo hace por maldad, sino porque no tiene otra opción.

Rachel Weisz completa el trío con una Sarah Churchill que es pura elegancia y veneno. Weisz tiene ese don de hacer que hasta los diálogos más absurdos suenen naturales, y en La favorita lo aprovecha al máximo. Su Sarah es una mujer que ha dedicado su vida a servir a la reina, solo para descubrir que el poder es un juego en el que no hay ganadores, solo supervivientes. Cuando Weisz y Stone se enfrentan en esa escena del pasillo, es como ver a dos leonas luchando por un trozo de carne. Y la carne, por supuesto, es la reina Ana.

Lo mejor

La reina Ana de Olivia Colman: Una interpretación que oscila entre lo patético y lo sublime. Colman no actúa, habita* a este monstruo de carne y hueso, y el resultado es tan incómodo como fascinante. Cuando llora por sus conejos o exige que le traigan más pasteles, no sabes si reír o llorar con ella. Esa ambigüedad es pura magia.

  • La fotografía de Robbie Ryan: Lánthimos y Ryan convierten el palacio en un laberinto de sombras y luces deformadas. Los planos gran angular, los encuadres descentrados y los colores apagados crean una atmósfera opresiva que refuerza la sensación de claustrofobia. Es como si el propio palacio estuviera vivo y te observara.
  • El guion de Tony McNamara: Diálogos afilados como cuchillos, situaciones incómodas y un humor negro que te deja sin aliento. McNamara convierte lo que podría ser un drama histórico convencional en una comedia negra sobre la soledad del poder. Y lo hace sin que notes el esfuerzo.
  • La química tóxica entre Stone y Weisz: Dos actrices en la cima de su carrera, interpretando a dos mujeres que se odian con una pasión que casi puedes sentir. Cada mirada, cada gesto, cada palabra está cargada de veneno. Es el mejor duelo de la década, y ni siquiera hay espadas de por medio.

La banda sonora: Vivaldi reinterpretado con un toque moderno, como si el compositor barroco hubiera compuesto su música para una distopía. La mezcla de lo clásico y lo contemporáneo refuerza esa sensación de que La favorita* no pertenece a ninguna época en concreto.

Lo peor

  • El ritmo en la segunda mitad: Hay un momento en el que la película parece perder fuelle, como si Lánthimos no supiera muy bien cómo cerrar la historia. No es un problema grave, pero se nota.
  • Algunos personajes secundarios: Nicholas Hoult hace un trabajo decente como Harley, pero su personaje es poco más que un arquetipo del cortesano ambicioso. Lo mismo pasa con Joe Alwyn, cuyo papel como Masham es tan irrelevante que casi olvidas que está en la película.
  • El final: Sin spoilers, digamos que el cierre de la película es ambiguo y un poco frustrante. No es malo, pero después de dos horas de tensión, esperabas algo más contundente.

El Veredicto de Claqueta Ácida

La favorita no es una película, es una experiencia. Una de esas raras obras que te dejan sin aliento, con ganas de vomitar y de aplaudir al mismo tiempo. Yorgos Lánthimos ha convertido un drama histórico en un thriller psicológico sobre el poder, el sexo y la soledad, y lo ha hecho con una elegancia que duele. Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz no actúan: se devoran entre sí frente a la cámara, y el resultado es tan brillante como perturbador. No es perfecta —nada lo es—, pero es tan cercana a la perfección que duele. Si el cine es, como decía Hitchcock, la vida sin las partes aburridas, La favorita es la vida sin anestesia: dolorosa, hermosa y absolutamente necesaria. 💀

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La favorita: preguntas frecuentes

¿Qué nota tiene "La favorita" en Claqueta Ácida?
"La favorita" tiene una nota de 9/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dr. Cinismo.
¿Merece la pena ver "La favorita"?
Sí. Le damos un 9/10 (Fusión Nuclear), nuestra categoría para lo imprescindible.
¿Quién dirigió la película "La favorita"?
"La favorita" fue dirigida por Yorgos Lánthimos.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Dr. Cinismo

🛡️ Supervivencia Épica
🥱 Bostezómetro

Ni un solo parpadeo voluntario. El asiento, inusualmente cómodo.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Ninguna comprobación del tiempo. Se agradece la rareza.

😬 Índice de Cringe Ajeno 1/10
☕ Prescripción Terapéutica

Ninguna. Esta obra no necesita muletas estimulantes.

💥 Punto de Descarrilamiento

"No hubo. La coherencia se mantuvo hasta el último fotograma."

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