Hellbender — El legado familiar oculto
Una adolescente solitaria descubre los vínculos de su familia con la brujería en esta película de 2021.
Crítica de Hellbender
Salí del cine con el sabor amargo de quien ha visto algo que promete mucho y entrega poco más que un puñado de ideas a medio cocinar. Hellbender, dirigida por Zelda Adams —sí, la misma que actúa, escribe y hasta parece que barre el plató—, es una de esas películas que nacen con la etiqueta de "indie de culto" pegada en la frente antes incluso de rodar el primer plano. Estrenada en 2021, esta producción familiar (literalmente: el reparto es un árbol genealógico con más ramas que un aquelarre) se presentó en el Festival de Cine de Terror de Brooklyn con el aura de lo underground, de lo auténtico, de lo que escupe en la cara del cine comercial. Pero, como suele pasar cuando el underground huele demasiado a incienso barato, lo que queda es una sensación de déjà vu disfrazado de originalidad.
La premisa es tentadora: una adolescente solitaria, Izzy (Zelda Adams), vive recluida en una cabaña en el bosque con su madre (Toby Poser), una mujer que parece sacada de un manual de supervivencia extrema. No hay colegio, no hay amigos, no hay internet. Solo bosques, rituales extraños y una madre que le enseña a tocar el violín como si fuera un exorcismo. La chica, claro, se aburre como una ostra en un desierto, hasta que descubre que su familia tiene un pasado —o un presente— bastante más oscuro que las sombras que se proyectan en las paredes de su casa. Brujería, pactos, secretos que huelen a podrido. El problema no es la idea, sino cómo se ejecuta: Hellbender cojea entre el drama familiar y el terror sobrenatural como un zombi con un pie en cada género, sin decidirse nunca por ninguno.
El primer plano de la película es revelador: Izzy, de espaldas, caminando hacia el bosque mientras su madre la observa desde la ventana de la cabaña. La cámara se queda fija, como si no supiera muy bien qué hacer con lo que tiene delante. Y ese es el problema de Hellbender: la dirección de Zelda Adams tiene momentos de lucidez —un travelling lateral entre los árboles que parece sacado de The Witch, un primer plano de las manos de Izzy tocando el violín como si invocara al diablo—, pero también tropiezos de principiante. Hay secuencias enteras que parecen rodadas con la urgencia de quien tiene que terminar antes de que se acabe el presupuesto del catering. La iluminación, por ejemplo, oscila entre lo atmosférico y lo cutre: en una escena, la luz de las velas ilumina los rostros de los personajes como si estuvieran en un anuncio de IKEA; en otra, la oscuridad es tan densa que cuesta distinguir si lo que vemos es un ritual o un montón de sombras moviéndose por inercia.
El guion, escrito a cuatro manos por John Adams y Toby Poser (sí, más familia), intenta explorar temas como la identidad, la lealtad y el peso de los secretos, pero lo hace con la sutileza de un martillo pilón. Los diálogos oscilan entre lo poético y lo ridículo: en un momento dado, la madre le dice a Izzy que "el violín es la voz de los muertos", y uno no sabe si reírse o buscar un diccionario de frases hechas de brujería. Los personajes secundarios —como la abuela (Lulu Adams, que parece sacada de un casting de American Horror Story)— entran y salen de la trama como fantasmas, sin dejar huella. Y los giros argumentales, ay, los giros: si has visto más de tres películas de terror en tu vida, adivinarás el 90% de lo que va a pasar antes de que termine el primer acto. Eso sí, hay un momento en el que Izzy descubre un libro de hechizos escondido bajo las tablas del suelo, y la cámara se detiene en sus manos mientras pasa las páginas con una lentitud que roza lo pornográfico. Es el tipo de plano que funciona, pero que también delata la falta de confianza en el material: si tienes que alargar tanto una escena para que parezca importante, es que no lo es.
Dirección: Entre el homenaje y el pastiche
Zelda Adams tiene un ojo para el encuadre, eso hay que reconocérselo. Hay planos en Hellbender que parecen sacados de un manual de cine de terror de los 70: la cámara se mueve con una lentitud deliberada, como si temiera despertar algo, y la paleta de colores —verdes musgo, marrones podridos, negros profundos— evoca ese look de "película encontrada en un ático" que tanto gusta a los festivales. Pero también hay momentos en los que la dirección parece perdida, como si Adams no supiera muy bien qué hacer con lo que tiene entre manos. Por ejemplo, hay una escena en la que Izzy y su madre discuten en la cocina, y la cámara se queda fija en un plano medio mientras las actrices recitan sus líneas como si estuvieran en un ensayo de teatro universitario. No hay movimiento, no hay tensión, solo dos personas hablando como si les hubieran dado el guion cinco minutos antes.Lo más frustrante es que Hellbender tiene destellos de genialidad que hacen que el conjunto sea aún más decepcionante. Hay una secuencia en la que Izzy, borracha de poder (y de algo más), corre por el bosque mientras la cámara la sigue en un plano secuencia que recuerda al mejor Hereditary. La música —un violín distorsionado que parece salir de las entrañas de la tierra— acompaña cada paso como si fuera un latido. Es el tipo de momento que te hace pensar: "Vaya, esto podría ser algo grande". Pero entonces la escena termina, y lo que viene después es tan convencional que te deja con la sensación de haber sido estafado. Adams tiene talento, pero le falta pulso: sabe crear atmósfera, pero no sabe sostenerla.
El montaje, por su parte, es funcional en el mejor de los casos y torpe en el peor. Hay transiciones que parecen sacadas de un tutorial de iMovie —fundidos a negro que duran tres segundos más de lo necesario, cortes bruscos que rompen el ritmo—, y secuencias enteras que podrían haberse recortado sin que la película perdiera nada. Por ejemplo, hay una escena en la que Izzy y su madre preparan una poción en la cocina que dura casi cinco minutos. Cinco minutos de planos detalle de hierbas, cuchillos y líquidos burbujeantes que no aportan nada a la trama. Es el tipo de relleno que delata una película hecha con cariño, pero también con prisa.
Actuaciones: Un reparto de familia, para bien y para mal
El reparto de Hellbender es, en esencia, una reunión familiar. Zelda Adams, Toby Poser y Lulu Adams —madre, hija y abuela en la vida real— interpretan a los personajes principales, y el resultado es tan fascinante como irregular. Zelda Adams, en el papel de Izzy, es la que mejor sale parada. Tiene una presencia magnética, de esas que hacen que no puedas apartar los ojos de la pantalla, y su interpretación oscila entre la vulnerabilidad adolescente y la ferocidad de quien descubre que tiene un poder que no entiende. Hay un momento en el que, después de realizar un ritual, se mira al espejo y sonríe con una mezcla de miedo y excitación que es lo mejor de la película. Es el tipo de detalle que hace que un personaje pase de ser un arquetipo a algo real.Toby Poser, en el papel de la madre, tiene momentos brillantes —especialmente en las escenas en las que su personaje muestra su lado más oscuro—, pero también otros en los que parece estar interpretando a una bruja de cuento en lugar de a una persona. Su actuación es intensa, pero a veces tan exagerada que roza lo caricaturesco. Por ejemplo, hay una escena en la que le grita a Izzy: "¡No sabes lo que has desatado!", y uno no puede evitar pensar en la abuela de Los Goonies gritando "¡No es mi culpa!" en el desván. Lulu Adams, como la abuela, es la que peor parada sale: su personaje es tan plano que parece un maniquí con peluca, y su actuación consiste básicamente en mirar a la cámara con cara de pocos amigos. Es el tipo de personaje que existe solo para dar explicaciones, y su presencia en pantalla es tan innecesaria como un paraguas en el infierno.
El problema no es que el reparto sea malo, sino que está descompensado. Zelda Adams carga con el peso de la película, y cuando no está en pantalla, la cosa se resiente. Los personajes secundarios —como el chico que aparece de repente para romper el aislamiento de Izzy— son tan poco desarrollados que parecen sacados de un borrador del guion. Y los diálogos, aunque a veces logran transmitir la tensión entre los personajes, en otras ocasiones suenan tan forzados que uno se pregunta si no los habrán escrito después de una sesión de ouija.
Apartado técnico: Lo que brilla y lo que apesta
La fotografía de Hellbender es, sin duda, su mayor acierto. Aunque no está acreditada (lo que ya es un síntoma de que algo huele mal en Dinamarca), los planos tienen una textura que evoca al mejor cine de terror indie: la luz natural se filtra entre los árboles como si fuera un personaje más, y los interiores de la cabaña están iluminados con una calidez que contrasta con la oscuridad de lo que se esconde bajo la superficie. Hay un plano en particular, en el que Izzy está sentada frente a una hoguera mientras su madre le cuenta historias de brujas, que parece sacado de un cuadro de Goya. La cámara se queda fija, y la luz parpadeante ilumina sus rostros como si estuvieran poseídos. Es el tipo de imagen que te hace olvidar, por un momento, lo irregular que es el resto de la película.La música, compuesta por el propio John Adams, es otro de los puntos fuertes. El violín, que suena como si estuviera siendo tocado por alguien que acaba de descubrir que tiene manos, es omnipresente: acompaña los momentos de tensión, los rituales y hasta los silencios incómodos. Hay una escena en la que Izzy toca el violín en el bosque, y la música se distorsiona hasta convertirse en algo parecido a un lamento. Es el tipo de detalle que funciona porque está bien integrado en la trama, pero también hay momentos en los que la partitura suena tan genérica que parece sacada de una biblioteca de sonidos de terror.
El diseño de producción, por su parte, es funcional pero poco memorable. La cabaña en la que viven Izzy y su madre parece sacada de un catálogo de casas rurales, y los elementos de brujería —velas, hierbas, símbolos pintados en las paredes— son tan típicos que uno no puede evitar bostezar. Hay un momento en el que Izzy descubre un altar en el sótano, y es tan predecible que parece un decorado de Scooby-Doo. Lo único que salva el diseño es la atención al detalle en los objetos personales de los personajes: el violín de Izzy, los libros de hechizos, las fotos antiguas. Son esos pequeños detalles los que hacen que el mundo de Hellbender parezca real, aunque sea por momentos.
Lo mejor
- La actuación de Zelda Adams: No es solo que lleve la película sobre sus hombros, es que logra transmitir la confusión, el miedo y la euforia de un personaje que descubre que su vida es una mentira. Hay un momento en el que, después de realizar un ritual, se mira al espejo y sonríe como si acabara de descubrir que tiene superpoderes. Es el tipo de detalle que hace que un personaje pase de ser un arquetipo a algo real.
- La fotografía: Aunque no esté acreditada, la paleta de colores y la iluminación crean una atmósfera que oscila entre lo poético y lo inquietante. Hay planos que parecen sacados de un cuadro, especialmente aquellos en los que la luz natural se filtra entre los árboles o ilumina los rostros de los personajes como si estuvieran poseídos.
- La música: El violín distorsionado que acompaña los momentos clave de la trama es uno de los aciertos de la película. No es una partitura genérica de terror, sino algo que parece surgir de las entrañas de la propia historia. Hay una escena en la que Izzy toca el violín en el bosque, y la música se convierte en un personaje más.
- El tema de la identidad: Aunque la trama es predecible, la exploración de la identidad y el peso de los secretos familiares está bien planteada. La película logra transmitir la confusión de una adolescente que descubre que su vida es una mentira, y eso es algo que siempre funciona.
Lo peor
- La predecibilidad de la trama: Si has visto más de tres películas de terror en tu vida, adivinarás el 90% de lo que va a pasar antes de que termine el primer acto. Los giros argumentales son tan obvios que parecen sacados de un manual de "Cómo escribir un guion de terror en 10 pasos".
- El desarrollo de los personajes secundarios: Los personajes secundarios son tan planos que parecen sacados de un borrador del guion. La abuela, por ejemplo, existe solo para dar explicaciones, y el chico que aparece de repente para romper el aislamiento de Izzy no tiene más profundidad que un charco.
- El ritmo desigual: Hay secuencias que se alargan innecesariamente —como la preparación de una poción en la cocina— y otras que pasan tan rápido que uno se queda con la sensación de haber perdido algo. El montaje es funcional en el mejor de los casos y torpe en el peor.
- La dirección irregular: Zelda Adams tiene momentos de lucidez —como ese plano secuencia en el que Izzy corre por el bosque—, pero también otros en los que parece perdida. Hay escenas enteras que parecen rodadas con la urgencia de quien tiene que terminar antes de que se acabe el presupuesto.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Hellbender es una de esas películas que nacen con la etiqueta de "indie de culto" pegada en la frente, pero que al final no es más que un pastiche de ideas a medio cocinar. Tiene momentos brillantes —la actuación de Zelda Adams, la fotografía, la música—, pero también otros en los que uno no puede evitar mirar el reloj y preguntarse cuánto falta para que termine. Es el tipo de película que funciona si la ves en un festival, rodeado de gente que aplaude hasta los créditos, pero que en casa, con una bolsa de palomitas y el mando a distancia cerca, se queda en un simple "estuvo bien". No es mala, pero tampoco es buena. Es, en definitiva, una película que no sabe muy bien qué quiere ser, y eso es lo más frustrante de todo. Si te gustan las historias de brujería familiar con un toque de terror indie, dale una oportunidad. Pero no esperes que te cambie la vida. 💀🎬 Tráiler Oficial
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Hellbender: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Hellbender" en Claqueta Ácida?
- "Hellbender" tiene una nota de 6.8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dr. Cinismo.
- ¿Merece la pena ver "Hellbender"?
- Con reservas. Le damos un 6,8/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
- ¿Quién dirigió la película "Hellbender"?
- "Hellbender" fue dirigida por Zelda Adams.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Dr. Cinismo
1 amago en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
El reloj aparece en escena justo cuando la subtrama secundaria pide paciencia.
1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
💬 El Veredicto de la Comunidad
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