Undertone — Frecuencia maldita — El pódcast que nadie pidió (y con razón)
Una presentadora de pódcast se muda con su madre enferma y descubre cintas malditas. Spoiler: el verdadero terror es el guion.
Crítica de Undertone: Frecuencia maldita
El cine de terror independiente tiene un problema: cree que repetir fórmulas de los 80 es suficiente para asustar a una generación que ha visto Hereditary en bucle mientras come palomitas. Undertone: Frecuencia maldita es el ejemplo perfecto de esto. No es mala, ojo. Es suficiente, como un examen que apruebas raspando y al que nadie recuerda al día siguiente. Ian Tuason, director y guionista, ya nos había dado The Heretics (2017), una película que al menos tenía la decencia de ser tan ridícula que acababas riéndote. Aquí, en cambio, intenta jugar a lo serio, a lo atmosférico, a lo «esto es terror psicológico de verdad». Spoiler: no lo es. Es un pódcast de terror grabado en celuloide, con todos los clichés del género metidos en una coctelera y agitados sin gracia.
La premisa es tan vieja como el VHS: una presentadora de pódcast (Nina Kiri) se muda con su madre enferma (Michèle Duquet) y descubre unas cintas de audio que documentan los últimos días de una pareja embarazada atormentada por fenómenos paranormales. Las cintas, claro, empiezan a reflejar su propia vida, como si el guionista hubiera descubierto el concepto de «simetría» cinco minutos antes de escribir el tratamiento. Lo peor no es que sea predecible —el terror indie vive de eso—, sino que ni siquiera se molesta en disfrazarlo. Cada giro es tan sutil como un martillazo en la frente, y cada susto está calculado con la precisión de un reloj suizo… si el reloj suizo estuviera diseñado por alguien que nunca ha visto un reloj en su vida.
El rodaje, según las escasas entrevistas que he encontrado, se hizo en Ontario con un presupuesto que no daría ni para el catering de Stranger Things. Black Fawn Films y Slaterverse Pictures, las productoras detrás del proyecto, tienen un historial de películas de terror low-cost que van desde lo entretenido (The Oak Room) hasta lo directamente olvidable (Let Her Out). Con Undertone, se quedan en un punto intermedio: no es lo peor que han hecho, pero tampoco es lo que va a salvar sus carreras. La fotografía de Graham Beasley intenta crear una atmósfera opresiva, con tonos verdes y azules que recuerdan a The Ring, pero sin la elegancia visual de ese clásico. Aquí, los planos oscuros parecen más bien el resultado de grabar en un sótano con una linterna y rezar para que no se note.
Y luego está el sonido. Oh, el sonido. Las cintas de audio, que deberían ser el corazón de la película, suenan como si alguien las hubiera grabado con un micrófono de juguete y luego las hubiera pasado por un filtro de Instagram. Los susurros, los ruidos extraños, los jadeos de terror… todo parece sacado de un tutorial de YouTube sobre «cómo hacer que tu pódcast suene profesional». El diseño de sonido no asusta; aburre. Es como escuchar a alguien masticar chicle durante una hora y media, pero con la esperanza de que, en algún momento, el chicle se convierta en algo interesante. Spoiler: no lo hace.
Dirección y puesta en escena: El arte de no molestar (demasiado)
Ian Tuason no es un mal director. Es, simplemente, un director perezoso. Undertone tiene momentos en los que casi funciona: un plano secuencia en el que Nina Kiri recorre su casa de noche con una linterna, los reflejos en los espejos que parecen esconder algo… pero son destellos en un mar de mediocridad. El problema no es que no sepa crear tensión; es que no le importa lo suficiente como para mantenerla. Los sustos son predecibles, los silencios se alargan hasta lo insoportable, y las escenas clave —como el clímax final— parecen rodadas con la urgencia de alguien que tiene que coger un avión en dos horas.
El montaje no ayuda. Hay transiciones bruscas que intentan ser artísticas y acaban siendo confusas, como si el editor hubiera descubierto el botón de «cortar» cinco minutos antes de entregar el proyecto. Y no hablemos de los flashbacks: las escenas de las cintas de audio están tan mal integradas en la narrativa que, en más de una ocasión, te preguntas si estás viendo la película o un found footage de baja calidad que alguien ha pegado con celo.
Actuaciones: El reparto que merecía algo mejor
Nina Kiri (The Handmaid’s Tale) es, con diferencia, lo mejor de Undertone. Tiene una presencia magnética, una capacidad para transmitir angustia con solo un gesto, y logra que te preocupes por su personaje… al menos hasta que el guion la obliga a decir algo como «¿Por qué está pasando esto?» por enésima vez. Kiri intenta salvar lo insalvable, pero incluso ella tiene sus límites. Cuando su personaje empieza a escuchar voces en su cabeza, no es aterrador: es triste, porque sabes que está actuando con un material que no le da ni para un monólogo decente.
Adam DiMarco (The Magicians, White Lotus) hace lo que puede con el papel del novio escéptico que, por supuesto, acaba creyendo en lo paranormal. Su química con Kiri es palpable, pero el guion los obliga a repetir los mismos diálogos una y otra vez, como si fueran actores de teatro en una obra que nadie ha ensayado. Los secundarios, como la madre de Kiri (Michèle Duquet), tienen momentos conmovedores —la escena en la que habla de su enfermedad es, probablemente, la mejor de la película—, pero son destellos en un mar de clichés.
Lo mejor
Nina Kiri: La única razón para no apagar la película a los 20 minutos. Su interpretación es lo único que salva a Undertone de ser un episodio olvidable de The X-Files*.
- Algunos planos visuales: Beasley consigue, en momentos puntuales, crear imágenes inquietantes, como el reflejo de Kiri en un espejo que no debería estar ahí. Son pocos, pero existen.
- La premisa inicial: La idea de mezclar pódcast, cintas de audio y terror psicológico tiene potencial. Lástima que el guion no sepa qué hacer con ella.
Lo peor
- El guion: Predecible, repetitivo y lleno de diálogos que suenan como si los hubiera escrito un algoritmo de terror de los 90. Cada giro es tan obvio que podrías adivinarlo en el tráiler.
- El diseño de sonido: Las cintas de audio suenan como si las hubieran grabado en un walkie-talkie de juguete. El terror psicológico requiere sutileza, y aquí no hay ni rastro de ella.
- El ritmo: La película se arrastra como un zombi en una maratón. Hay escenas que duran el triple de lo necesario, y otras que parecen cortadas con tijeras de jardín.
- Los sustos: Son tan predecibles que podrías programar una alarma para cada uno. El jump scare ya no asusta; ahora es un meme.
La falta de originalidad: Undertone no aporta nada nuevo al género. Es como ver The Ring, Paranormal Activity y The Blair Witch Project* en un mixer y quedarse con el batido más soso.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Undertone: Frecuencia maldita no es una mala película. Es, simplemente, una película innecesaria. Tiene momentos que funcionan, actuaciones que brillan y una premisa con potencial, pero todo queda ahogado bajo un guion perezoso, un diseño de sonido amateur y una dirección que parece hecha con el piloto automático. Ian Tuason y su equipo se esfuerzan, pero el esfuerzo no siempre es sinónimo de calidad. Al final, sales del cine con la misma sensación que cuando escuchas un pódcast de terror en la cama: algo te ha mantenido despierto, pero no sabes si ha valido la pena. 6.1/10 para algo que podía haber sido memorable y se quedó en «meh». 💀
🎬 Tráiler Oficial
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Undertone: Frecuencia maldita: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Undertone: Frecuencia maldita" en Claqueta Ácida?
- "Undertone: Frecuencia maldita" tiene una nota de 6.1/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dr. Cinismo.
- ¿Merece la pena ver "Undertone: Frecuencia maldita"?
- Con reservas. Le damos un 6,1/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
- ¿Quién dirigió la película "Undertone: Frecuencia maldita"?
- "Undertone: Frecuencia maldita" fue dirigida por Ian Tuason.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Dr. Cinismo
3 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Alguna consulta furtiva al móvil en el segundo acto. Nada que no se perdone.
1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
💬 El Veredicto de la Comunidad
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