🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes 🔥 Fusión Nuclear

Licorice Pizza — El Valle de los Sueños Rotos (y las Camas sin Hacer)

Paul Thomas Anderson nos regala un viaje nostálgico al 73 que huele a gasolina, sudor adolescente y oportunidades perdidas. ¿Obra maestra o ejercicio de autocomplacencia?

✍️ Por: Camilo K.O.
🎬 Director: Paul Thomas Anderson
⏱️ Lectura: 7 min
🔥 Fusión Nuclear 8/10
Crítica y fotograma de la película Licorice Pizza en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Licorice Pizza

Crítica de Licorice Pizza

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Licorice Pizza: El Valle de los Sueños Rotos (y las Camas sin Hacer) 0:00 / --:--

El Valle de San Fernando en 1973 huele a gasolina, a sueños rotos y a ese perfume barato que usaban las chicas en los autocines. Paul Thomas Anderson, el niño prodigio de la generación X que ya nos ha dado joyas como Boogie Nights y There Will Be Blood, vuelve a su terreno favorito: la nostalgia como arma arrojadiza. Licorice Pizza no es solo una película, es un álbum de fotos familiar que alguien encontró en un mercadillo y decidió convertir en cine. El problema es que, a veces, la nostalgia sabe a poco cuando te das cuenta de que lo que estás viendo no es más que un ejercicio de estilo con patas cortas.

Anderson siempre ha tenido un don para retratar a los perdedores con cariño, pero aquí el cariño se convierte en autocomplacencia. Gary Valentine (Cooper Hoffman, hijo de Philip Seymour Hoffman, y sí, el parecido es escalofriante) es un niño actor de 15 años con más labia que sentido común, y Alana Kane (Alana Haim, la hermana mediana de Haim, en su debut cinematográfico) es una chica de 25 que no sabe qué hacer con su vida. Se conocen, se gustan, se separan, se buscan, se pierden. Es el eterno baile de la adolescencia, pero con un presupuesto de 20 millones de dólares y un director que parece más interesado en recrear el 73 que en contar una historia que valga la pena. ¿El resultado? Una película que es tan bonita como vacía, como un disco de vinilo rayado que suena bien pero no dice nada nuevo.

El rodaje fue un caos controlado, como todo lo que toca Anderson. Filmada en 35mm con una cámara Panavision que pesa más que el ego de algunos actores, la película tiene ese look granulado y cálido que tanto gusta a los nostálgicos del celuloide. Pero aquí está el primer problema: Anderson no solo quiere que veamos el 73, quiere que lo olamos. Y vaya si lo consigue. Cada plano está tan cargado de detalles que a veces parece un documental sobre la época, no una ficción. El problema es que, en su afán por recrear el pasado, se olvida de que una película no es un museo. O al menos, no debería serlo.

El reparto es una mezcla de actores profesionales y caras nuevas, y la verdad es que funciona mejor de lo que debería. Cooper Hoffman tiene el carisma de su padre, pero con un toque de inocencia que lo hace único. Alana Haim, por su parte, es una revelación: tiene una naturalidad en pantalla que no se enseña en ninguna escuela de interpretación. El problema es que el resto del reparto parece sacado de un casting de extras de Boogie Nights. Sean Penn como un actor borracho que se parece sospechosamente a William Holden es divertido, pero no deja de ser un chiste fácil. Bradley Cooper como Jon Peters, el productor loco de Barbra Streisand, es lo mejor de la película: un número cómico que roba todas las escenas en las que aparece. Pero incluso eso huele a relleno, como si Anderson hubiera metido a Cooper solo para justificar el presupuesto.

Licorice Pizza still 1
Licorice Pizza still 1

Dirección y puesta en escena: El 73 en una botella

Paul Thomas Anderson es un maestro de la puesta en escena, y Licorice Pizza es la prueba. Cada plano está cuidadosamente compuesto, cada movimiento de cámara parece pensado para evocar una época concreta. Pero aquí está el problema: Anderson no solo quiere que veamos el 73, quiere que lo vivamos. Y a veces, eso resulta agotador. La película está llena de escenas que parecen sacadas de un documental: la secuencia en la que Gary y Alana huyen de la policía en un coche sin gasolina es brillante, pero también es un recordatorio de que Anderson prefiere el estilo sobre la sustancia. ¿De verdad necesitamos ver a dos personajes corriendo durante cinco minutos para entender que están huyendo?

El guion es otro de los puntos débiles. Anderson escribe diálogos que suenan auténticos, pero que a veces parecen sacados de un manual de cómo escribir para el cine. Hay momentos en los que la película parece más interesada en recrear el ambiente que en contar una historia. Y cuando por fin parece que va a arrancar, Anderson se pierde en subtramas que no llevan a ningún sitio. La relación entre Gary y Alana es el corazón de la película, pero incluso eso se siente incompleto, como si Anderson no supiera muy bien cómo terminar la historia. ¿Es una comedia romántica? ¿Un drama adolescente? ¿Un retrato generacional? Al final, Licorice Pizza es un poco de todo, pero no termina de ser nada.

Licorice Pizza still 2
Licorice Pizza still 2

Actuaciones: Química que quema (y actores que sobran)

Alana Haim y Cooper Hoffman son el alma de la película. Su química es tan real que duele, como un primer amor que nunca termina de cuajar. Hoffman tiene el carisma de su padre, pero con una inocencia que lo hace único. Haim, por su parte, es una revelación: tiene una naturalidad en pantalla que no se enseña en ninguna escuela de interpretación. El problema es que el resto del reparto parece sacado de un casting de extras. Sean Penn como un actor borracho es divertido, pero no deja de ser un chiste fácil. Bradley Cooper como Jon Peters es lo mejor de la película: un número cómico que roba todas las escenas en las que aparece. Pero incluso eso huele a relleno, como si Anderson hubiera metido a Cooper solo para justificar el presupuesto.

Lo mejor

  • La química entre Alana Haim y Cooper Hoffman: Es tan real que duele. Como un primer amor que nunca termina de cuajar, pero que te deja con la sonrisa tonta durante días.
  • Bradley Cooper como Jon Peters: Un número cómico que roba todas las escenas. Si la película fuera un musical, esta sería la canción que todos recordarían.
  • La fotografía de Paul Thomas Anderson: Cada plano está cuidadosamente compuesto, como si Anderson hubiera querido capturar el 73 en una botella. El granulado del 35mm le da un aire de autenticidad que pocas películas logran.
  • La banda sonora: Jonny Greenwood compone una partitura que suena a nostalgia pura, como si el tiempo se hubiera detenido en 1973.

Lo peor

  • El guion: Anderson escribe diálogos que suenan auténticos, pero que a veces parecen sacados de un manual de cómo escribir para el cine. Hay momentos en los que la película parece más interesada en recrear el ambiente que en contar una historia.
  • Las subtramas innecesarias: La película está llena de personajes y situaciones que no llevan a ningún sitio. Sean Penn como un actor borracho es divertido, pero no aporta nada a la historia principal.
El ritmo: Licorice Pizza* es una película que avanza a trompicones. Hay momentos brillantes, pero también otros en los que la película se pierde en su propia nostalgia.
  • La falta de dirección: Anderson parece más interesado en recrear el 73 que en contar una historia que valga la pena. Al final, la película es un ejercicio de estilo con patas cortas.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Licorice Pizza es una película bonita, pero vacía. Paul Thomas Anderson nos regala un viaje nostálgico al 73 que huele a gasolina, sudor adolescente y oportunidades perdidas. Pero al final, es como un disco de vinilo rayado: suena bien, pero no dice nada nuevo. La química entre Alana Haim y Cooper Hoffman es lo único que salva la película de ser un ejercicio de autocomplacencia. ¿Obra maestra? No. ¿Película que merece la pena ver? Sí, pero con reservas. Al final, Licorice Pizza es como un primer amor: te deja con la sonrisa tonta y el corazón en la garganta, pero también con la sensación de que algo se quedó en el tintero. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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Licorice Pizza: preguntas frecuentes

¿Qué nota tiene "Licorice Pizza" en Claqueta Ácida?
"Licorice Pizza" tiene una nota de 8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Camilo K.O..
¿Merece la pena ver "Licorice Pizza"?
Sí. Le damos un 8/10 (Fusión Nuclear), nuestra categoría para lo imprescindible.
¿Quién dirigió la película "Licorice Pizza"?
"Licorice Pizza" fue dirigida por Paul Thomas Anderson.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Camilo K.O.

🛡️ Supervivencia Épica
🥱 Bostezómetro

Cero bostezos. Pupilas dilatadas y tensión mandibular constante.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Ninguna comprobación del tiempo. Se agradece la rareza.

😬 Índice de Cringe Ajeno 2/10
☕ Prescripción Terapéutica

Ninguna. Esta obra no necesita muletas estimulantes.

💥 Punto de Descarrilamiento

"No hubo. La coherencia se mantuvo hasta el último fotograma."

💬 El Veredicto de la Comunidad

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