🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚡ Ácido Cítrico

Lindas y letales — Cuando el tutú se convierte en arma blanca

Un grupo de bailarinas atrapadas en una posada remota descubre que el verdadero horror no son los asesinos, sino sus propias coreografías. Crítica con veneno y purpurina.

✍️ Por: Lúa Ácida
🎬 Director: Vicky Jewson
⏱️ Lectura: 9 min
⚡ Ácido Cítrico 6.8/10
Crítica y fotograma de la película Lindas y letales en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Lindas y letales
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Lindas y letales: Cuando el tutú se convierte en arma blanca 0:00 / --:--

El autobús se avería en medio de la nada, el GPS escupe coordenadas de pesadilla y las bailarinas bajan con sus zapatillas de punta como si fueran a un ensayo, no a una masacre. Lindas y letales llega en 2026 con la promesa de mezclar el terror slasher con el mundo del ballet, un cóctel que suena tan absurdo como un Saw ambientado en un conservatorio. Pero aquí está, dirigida por Vicky Jewson, la misma mente detrás de Close (2019), un thriller de espionaje que pasó sin pena ni gloria. Jewson parece obsesionada con mujeres en situaciones extremas, aunque esta vez ha optado por un enfoque más camp que cerebral. El resultado es una película que no sabe si quiere ser un homenaje al terror ochentero o una sátira involuntaria de sí misma.

El guion de Kate Freund —que firma aquí su segundo largometraje— juega con la premisa de Diez negritos pero con tutús. Un grupo de bailarinas en ruta a una competición se ven atrapadas en una posada remota donde alguien (o algo) empieza a cazarlas una por una. La sinopsis suena a The Cabin in the Woods sin el meta-comentario, pero Freund intenta darle profundidad con diálogos sobre la presión competitiva y los sacrificios del arte. El problema es que estos momentos chocan violentamente con escenas de persecuciones torpes, donde las bailarinas tropiezan con sus propias zapatillas en lugar de huir con elegancia. Es como ver a un cisne intentando escapar de un cocodrilo: hay gracia en el intento, pero el resultado es más cómico que aterrador.

El rodaje tuvo lugar en Hungría, un país que ha servido de escenario para producciones más ambiciosas como The Witch o Blade Runner 2049. Aquí, sin embargo, los paisajes nevados y los interiores rústicos de la posada parecen sacados de un telefilme de Lifetime. Bridger Nielson, el director de fotografía, intenta darle un aire gótico a la puesta en escena, pero la iluminación plana y los encuadres predecibles terminan por ahogar cualquier atmósfera. Hay un plano en particular, donde una de las bailarinas corre por un pasillo iluminado con luces de neón rosas y azules, que parece más un videoclip de Dua Lipa que una escena de terror. Es bonito, sí, pero también profundamente ridículo.

El reparto está encabezado por Maddie Ziegler, la exestrella de Dance Moms y musa de Sia, cuyo salto al cine de terror parecía inevitable después de su participación en The Book of Henry (2017). Ziegler tiene la presencia física de una bailarina profesional —lo es—, pero sus dotes interpretativas son tan limitadas como el presupuesto de la película. Lana Condor, por su parte, intenta darle profundidad a su personaje con una mezcla de determinación y vulnerabilidad, aunque sus diálogos a veces suenan como si los hubiera escrito un algoritmo de fanfiction. El verdadero descubrimiento aquí es Millicent Simmonds, la actriz sorda que ya brilló en A Quiet Place (2018). Simmonds no tiene diálogos, pero su actuación es pura expresión corporal: cada gesto, cada mirada, transmite más terror que todas las líneas de guion juntas.

Lindas y letales still 1
Lindas y letales still 1

Dirección y puesta en escena: El ballet de los errores

Vicky Jewson dirige Lindas y letales como si estuviera coreografiando un número de danza: con precisión técnica pero sin alma. Cada escena parece calculada para cumplir con los tropos del género —la chica que tropieza, el asesino que aparece de la nada, el jump scare predecible— pero sin la chispa que los haga memorables. Hay un momento en el que una de las bailarinas es atacada mientras practica una pirueta, y el montaje intenta sincronizar el movimiento de la cámara con el giro de la protagonista. El resultado es tan forzado que parece un bloopers reel más que una escena de terror. Jewson parece más interesada en la estética que en la sustancia, y eso se nota en cada plano.

El diseño de producción es otro punto débil. La posada donde transcurre la mayor parte de la película tiene un aire a The Shining barato, con pasillos estrechos y decoración kitsch que intenta ser ominosa pero termina siendo simplemente cutre. Los objetos de atrezzo —desde los tutús ensangrentados hasta las máscaras del asesino— parecen sacados de una tienda de disfraces de Halloween. Hay una escena en la que una de las bailarinas encuentra un espejo roto y, en lugar de reflejar su imagen, muestra el rostro del asesino. Es un momento que podría haber sido icónico, pero la ejecución es tan torpe que parece un error de continuidad.

La banda sonora, compuesta por un tal Alex Weston (cuyo trabajo previo incluye la serie The Society), oscila entre lo atmosférico y lo ridículo. Hay temas de cuerda que intentan evocar tensión, pero suenan como música de ascensor en un centro comercial. En contraste, los momentos de silencio —especialmente aquellos en los que Simmonds está en pantalla— son los más efectivos. El sonido ambiente, desde el crujido de la madera hasta el susurro del viento, logra crear una sensación de inquietud que la música no consigue.

Lindas y letales still 2
Lindas y letales still 2

Actuaciones: Entre el tutú y el hacha

El reparto de Lindas y letales es un recordatorio de que no todas las bailarinas pueden ser actrices, ni todas las actrices pueden bailar. Maddie Ziegler, cuya carrera ha estado ligada al mundo de la danza desde que era una niña, se mueve con una gracia que contrasta con su incapacidad para transmitir emociones complejas. Su personaje, una bailarina estrella con un pasado traumático, es poco más que un arquetipo: la chica dura por fuera pero vulnerable por dentro. Ziegler lo interpreta con la misma intensidad con la que bailaría un solo de El lago de los cisnes, pero sin la profundidad que el papel requiere.

Lana Condor, por otro lado, tiene momentos en los que brilla. Su personaje, una coreógrafa obsesionada con la perfección, tiene diálogos que intentan explorar la presión del mundo del ballet, pero el guion los reduce a frases hechas. Condor hace lo que puede con el material, pero incluso ella parece darse cuenta de que está en una película que no sabe muy bien qué quiere ser. Iris Apatow y Avantika, en papeles secundarios, aportan un toque de humor adolescente que aligera la trama, aunque sus personajes son tan planos como una tabla de planchar.

El verdadero standout es Millicent Simmonds, cuya actuación es un recordatorio de que el silencio puede ser más poderoso que cualquier diálogo. Simmonds, que es sorda en la vida real, utiliza el lenguaje corporal y las expresiones faciales para transmitir miedo, determinación y dolor. Hay un momento en el que su personaje se esconde del asesino en un armario, y la tensión que genera con su respiración contenida y sus ojos llenos de terror es más efectiva que cualquier jump scare de la película. Es una lástima que el guion no le dé más espacio para brillar.

Lo mejor

  • La actuación de Millicent Simmonds: Sin diálogos, Simmonds logra transmitir más emociones que el resto del reparto junto. Su presencia en pantalla es magnética, y cada plano en el que aparece está cargado de tensión. Es el corazón palpitante de la película, incluso cuando el guion la relega a un segundo plano.

El concepto inicial: La premisa de mezclar el mundo del ballet con el terror slasher es tan absurda que termina siendo fascinante. Hay algo deliciosamente camp* en ver a bailarinas en tutús corriendo de un asesino enmascarado, y la película abraza ese tono con una inconsciencia que resulta refrescante.

  • Algunos momentos visuales: Aunque la fotografía es desigual, hay planos que destacan por su composición. Un travelling lateral que sigue a las bailarinas mientras huyen por un pasillo iluminado con luces de neón es visualmente impactante, aunque su ejecución sea un poco torpe.
  • El sonido ambiente: Los momentos de silencio, especialmente aquellos en los que Simmonds está en pantalla, son los más efectivos de la película. El crujido de la madera, el susurro del viento y los pasos amortiguados de las bailarinas crean una atmósfera de inquietud que la música no logra igualar.

Lo peor

El guion: Kate Freund escribe diálogos que intentan ser profundos pero terminan sonando como frases de autoayuda para bailarinas. La trama es predecible, los personajes son arquetipos sin matices y los plot twists* son tan obvios que podrían verse venir desde el primer acto.

  • Las actuaciones principales: Maddie Ziegler y Lana Condor hacen lo que pueden, pero sus interpretaciones son tan rígidas como un tutú nuevo. Ziegler, en particular, parece más cómoda bailando que actuando, y sus escenas dramáticas suenan falsas y forzadas.
  • La dirección de Jewson: Vicky Jewson parece más interesada en la estética que en la sustancia. Cada escena está coreografiada como un número de danza, pero sin la emoción que debería acompañarla. El resultado es una película que se ve bonita pero se siente vacía.

Los jump scares predecibles: Lindas y letales sigue la fórmula del terror slasher al pie de la letra, y eso incluye los jump scares* más manidos del género. Cada susto es tan predecible que pierde cualquier efecto, y la tensión se desvanece antes de que el asesino aparezca en pantalla.

El diseño de producción: La posada donde transcurre la película parece sacada de un set* de televisión de los 90. Los objetos de atrezzo son baratos, los decorados son cutres y la ambientación no logra transmitir la sensación de peligro que debería.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Lindas y letales es como un pastel de purpurina: bonito a primera vista, pero hueco por dentro. Vicky Jewson y su equipo intentan mezclar el terror slasher con el mundo del ballet, y el resultado es una película que no sabe si quiere ser un homenaje, una sátira o simplemente un slasher más. Hay momentos en los que brilla —la actuación de Millicent Simmonds, algunos planos visualmente impactantes—, pero son destellos en una película que, en general, se siente tan torpe como una bailarina con dos pies izquierdos. No es un desastre, pero tampoco es memorable. Es el tipo de película que ves una vez, te ríes de sus errores y luego la olvidas. Aunque, eso sí, siempre recordarás a Simmonds. Ella sí que sabe bailar con el terror. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Lúa Ácida

⚡ Desgaste Moderado
🥱 Bostezómetro

2 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Minuto 51 y minuto 73 (comprobando cuánto quedaba de suplicio).

😬 Índice de Cringe Ajeno 1.3/10
☕ Prescripción Terapéutica

1 espressos para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.

💥 Punto de Descarrilamiento

"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."

💬 El Veredicto de la Comunidad

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Nota de Claqueta Ácida 6.8/10
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