Primitive War — La Guerra que Nadie Quiso
Una película de guerra que promete pero no cumple
Crítica de Primitive War
Salí del cine con la misma sensación que debe tener un soldado después de una emboscada: confundido, sudando frío y preguntándome qué coño acaba de pasar. Primitive War, la nueva criatura de Luke Sparke, es ese tipo de película que te promete una guerra de Vietnam con esteroides lovecraftianos y acaba siendo un Rambo dirigido por un alumno aventajado de la escuela de cine de YouTube. No es que sea mala, es que es insultantemente mediocre, como si alguien hubiera mezclado el guion de Predator con el presupuesto de un capítulo de Expediente X filmado en el jardín de un chalé en Queensland. Y lo peor es que, en algún momento, casi te convence de que esto podría haber sido algo más que un ejercicio de nostalgia barata con efectos de chroma que parecen sacados de un mod de Call of Duty de 2008.
El contexto industrial de esta película es tan fascinante como deprimente. Rodada en Australia con un reparto internacional que parece sacado de un casting de The Unit pero con menos carisma, Primitive War es el típico producto de ese cine de género que sobrevive a base de coproducciones, tax credits y la fe ciega de inversores que confunden «bajo presupuesto» con «alto concepto». Luke Sparke, su director y guionista, ya nos había demostrado antes que sabe mover cámaras y actores en películas como Occupation (2018) o The 34th Battalion (2024), pero aquí parece que se le ha ido la mano con el café. O quizá con el Red Bull. Porque lo que empieza como un homenaje a los clásicos del cine de guerra con toques de terror se convierte, en menos de media hora, en un found footage involuntario de cómo no hacer una película de monstruos. El problema no es que Sparke no tenga ambición —la tiene, y mucha—, sino que la ambición sin recursos es como un francotirador sin mira: dispara a todo lo que se mueve, pero rara vez acierta.
La premisa es tan vieja como el cine bélico: un equipo de reconocimiento, el Vulture Squad, se adentra en un valle vietnamita para buscar a un pelotón de Boinas Verdes desaparecido. Hasta aquí, todo bien. El problema es que, en lugar de encontrar cadáveres o trampas del Vietcong, dan con algo que no debería existir: una amenaza invisible que los acecha, los mata y, lo peor de todo, los convierte en memes involuntarios. Porque, seamos honestos, hay escenas en esta película que parecen diseñadas para ser viralizadas en TikTok por lo equivocadas que están. Como ese momento en el que un soldado grita «¡No es humano!» mientras mira fijamente a un arbusto que se mueve solo. Spoiler: el arbusto no se mueve solo. Es un tipo con un traje de camuflaje barato y un ventilador de sobremesa apuntando a una rama. Y no, no es un guiño al Predator original. Es lo que pasa cuando tu departamento de efectos especiales tiene el mismo presupuesto que un episodio de Power Rangers.
El rodaje, según las escasas entrevistas que Sparke ha concedido, fue un infierno de tres semanas en los bosques de Australia, donde el equipo tuvo que lidiar con el calor, los mosquitos y, presumiblemente, la creciente sensación de que estaban filmando algo que iba a envejecer peor que un Sharknado. El reparto, encabezado por Ryan Kwanten (True Blood), Tricia Helfer (Battlestar Galactica) y Nick Wechsler (Revenge), hace lo que puede con un guion que parece escrito en una servilleta durante un viaje en avión. Kwanten, en particular, intenta darle profundidad a su personaje, el sargento Rake, pero cada vez que abre la boca para soltar una línea como «Esto no es Vietnam, esto es el infierno», da la impresión de que está leyendo un teleprompter con la emoción de un presentador de teletienda. Helfer, por su parte, tiene ese aire de «actriz de serie de ciencia ficción que ya ha hecho esto mil veces», pero incluso ella parece consciente de que está en un producto que no va a ganar ningún premio. Y luego está Wechsler, cuyo personaje, el teniente Carter, es tan genérico que podrías reemplazarlo con un maniquí de una tienda de ropa militar y nadie notaría la diferencia.
Desarrollo Analítico
#### Dirección y puesta en escena: El arte de hacer mucho con poco (y que se note)
Luke Sparke es de esos directores que entienden que el cine de género no necesita ser aburrido, pero también es de esos que confunden «ritmo» con «correr como pollo sin cabeza». Primitive War empieza con una secuencia de apertura prometedora: el Vulture Squad avanza por la jungla en silencio, la cámara se mueve entre los árboles como si fuera un depredador acechando a su presa, y durante unos segundos, casi crees que estás viendo algo serio. Pero entonces llega el primer jump scare —un soldado que aparece de la nada gritando— y ya sabes que esto va a ser un viaje en montaña rusa sin cinturón de seguridad. Sparke intenta crear tensión con planos largos y silencios incómodos, pero la falta de coherencia en el tono lo arruina todo. En un momento estás viendo una película de guerra realista, y al siguiente, un episodio de X-Files dirigido por Michael Bay en su peor día.
El mayor problema de la dirección es que Sparke no parece saber qué película está haciendo. ¿Es un thriller de supervivencia? ¿Un homenaje al cine de guerra de los 80? ¿Una película de monstruos? La respuesta es «sí a todo», y el resultado es un Frankenstein narrativo que cambia de piel cada diez minutos. Hay escenas que parecen sacadas de Platoon, con diálogos sobre la futilidad de la guerra y primeros planos de soldados sudando bajo el peso de sus mochilas. Pero luego llega un momento en el que un personaje es arrastrado por algo invisible, y de repente estás viendo The Descent pero con peores efectos. Y no, no es un comentario sobre la guerra psicológica. Es un tipo con un arnés y un cable verde que parece sacado de un tutorial de YouTube sobre «cómo hacer efectos prácticos con 50 dólares».
La fotografía de Wade Muller es, con diferencia, lo mejor de la película. Muller, que ya trabajó con Sparke en Occupation, sabe cómo aprovechar los paisajes naturales de Australia para crear una atmósfera opresiva y claustrofóbica. Hay planos del valle donde se desarrolla la acción que son simplemente hermosos, con esa luz dorada filtrándose entre los árboles y creando un contraste perfecto entre la belleza de la naturaleza y la fealdad de lo que está a punto de pasar. El problema es que, cada vez que la película intenta ser «épica», Muller se ve obligado a recurrir a planos generales que delatan la falta de extras y la pobreza del diseño de producción. Como ese momento en el que el Vulture Squad se enfrenta a una horda de enemigos invisibles, y en lugar de ver una batalla caótica, ves a cinco tipos corriendo en círculos mientras la cámara intenta disimular que no hay nadie más en el plano. Es como ver un partido de fútbol con solo dos jugadores en el campo.
#### Actuaciones: Cuando el reparto intenta salvar un barco que ya se hunde
Ryan Kwanten es, sin duda, el actor más comprometido con el proyecto. Su personaje, el sargento Rake, es el típico líder duro pero con corazón, el tipo de soldado que ha visto demasiado pero sigue creyendo en algo. Kwanten intenta darle capas a Rake, especialmente en las escenas en las que interactúa con los otros miembros del equipo, pero el guion no le da ni una sola línea memorable. Su mejor momento llega cuando, después de perder a varios hombres, grita «¡Esto no es una misión, es una puta masacre!», y por un segundo, casi sientes que estás viendo algo real. Pero entonces la cámara corta a un plano de un arbusto moviéndose, y la ilusión se rompe como un cristal barato.
Tricia Helfer, por su parte, tiene ese aire de actriz que ha hecho esto mil veces y sabe que no va a ganar un Oscar por ello. Su personaje, la doctora Anna Cole, es la típica científica que acompaña al equipo para dar explicaciones pseudocientíficas sobre lo que está pasando. Helfer hace lo que puede con diálogos como «Esto no es un virus, es algo… más antiguo», pero incluso ella parece consciente de que está en una película que no se toma en serio a sí misma. Su mejor escena es cuando tiene que improvisar una cirugía de campaña con una navaja y un botiquín de primeros auxilios, pero incluso ahí, la falta de presupuesto se nota: en lugar de sangre, parece que está cortando un filete de ternera.
El resto del reparto es, en el mejor de los casos, funcional. Nick Wechsler hace de teniente Carter, el típico oficial que sigue órdenes sin cuestionarlas, pero su personaje es tan genérico que podrías reemplazarlo con un maniquí y nadie notaría la diferencia. Los actores que interpretan al resto del Vulture Squad tienen aún menos suerte: sus personajes son tan planos que parecen sacados de un manual de entrenamiento militar de los años 70. Hay un momento en el que uno de ellos dice «No somos soldados, somos científicos», y te das cuenta de que ni siquiera los guionistas se creen esa línea.
#### Apartado técnico: Cuando el presupuesto se nota más que un elefante en una habitación
La fotografía de Wade Muller es, como ya he dicho, lo único que salva a esta película de ser un desastre total. Muller sabe cómo enmarcar una escena para que parezca más cara de lo que es, y hay momentos en los que Primitive War casi parece una película de verdad. Pero luego llegas a los efectos visuales, y todo se va al garete. Los efectos de chroma son tan malos que parecen sacados de un proyecto de fin de carrera de un estudiante de cine. Hay una escena en la que un soldado es arrastrado por algo invisible, y en lugar de ver un efecto de distorsión o algo mínimamente creíble, ves un tipo siendo arrastrado por un cable verde que brilla como un árbol de Navidad. Es tan cutre que casi duele.
La música de Frederik Wiedmann es otro punto débil. Wiedmann intenta crear una banda sonora que suene épica, con coros dramáticos y percusiones militares, pero el resultado es tan genérico que podrías ponerla en cualquier película de guerra de bajo presupuesto y nadie notaría la diferencia. Hay un tema recurrente que suena como si fuera el himno de una compañía de seguros, y cada vez que aparece, te recuerda que estás viendo una película que no tiene ni idea de lo que quiere ser.
El diseño de producción es, con diferencia, el aspecto más decepcionante. La película se desarrolla casi en su totalidad en un valle de Australia que intenta pasar por la jungla de Vietnam, pero la falta de detalles delata su origen. Los uniformes de los soldados parecen sacados de una tienda de disfraces, las armas son réplicas baratas, y los vehículos militares parecen juguetes de plástico. Hay una escena en la que el Vulture Squad encuentra un campamento abandonado, y en lugar de ver tiendas de campaña, cajas de munición y otros detalles realistas, ves un par de bidones de gasolina y una mesa plegable. Es como si el departamento de arte hubiera recibido un presupuesto de 500 dólares y hubiera decidido gastarlo todo en Red Bull.
El montaje de Luke Sparke es otro aspecto que merece mención, aunque no precisamente por su calidad. Sparke intenta mantener el ritmo de la película con cortes rápidos y transiciones bruscas, pero el resultado es un caos narrativo que te deja más confundido que impresionado. Hay escenas en las que la acción es tan rápida que no sabes qué está pasando, y otras en las que los planos se alargan tanto que te dan ganas de gritar «¡corten ya, por Dios!». El peor momento llega cuando un personaje es atacado por la criatura invisible, y en lugar de ver un plano claro de lo que está pasando, ves un montaje de cortes rápidos que parecen sacados de un vídeo de fail de YouTube.
Lo mejor
- La fotografía de Wade Muller: Muller logra crear una atmósfera opresiva y hermosa con los paisajes de Australia, y hay planos del valle que son simplemente espectaculares. Es lo único que hace que la película no se sienta como un producto amateur.
- El compromiso de Ryan Kwanten: Kwanten intenta darle profundidad a su personaje, el sargento Rake, y hay momentos en los que casi lo consigue. Su actuación es lo más cercano a algo real que tiene esta película.
- La premisa inicial: La idea de mezclar el cine de guerra con elementos de terror lovecraftiano es interesante, y si hubiera sido ejecutada con más presupuesto y un guion más sólido, podría haber sido algo memorable.
- Algunos momentos de tensión: Hay un par de escenas, como la emboscada inicial o el descubrimiento del campamento abandonado, que logran crear una atmósfera de suspense. Lástima que duren menos de lo que tarda un soldado en decir «¿Qué coño ha sido eso?».
Lo peor
- Los efectos visuales: Son tan malos que parecen sacados de un tutorial de YouTube de 2005. Cada vez que aparece la criatura invisible, te das cuenta de que estás viendo un tipo con un arnés y un cable verde.
- El guion de Luke Sparke: Es predecible, lleno de clichés y diálogos que parecen sacados de un manual de escritura de guiones de los años 90. No hay ni un solo giro inesperado, y los personajes son tan planos que podrían ser cartón piedra.
- La falta de coherencia en el tono: La película no sabe si quiere ser un thriller de supervivencia, un homenaje al cine de guerra o una película de monstruos. El resultado es un Frankenstein narrativo que cambia de piel cada diez minutos.
- La música de Frederik Wiedmann: Es tan genérica que podrías ponerla en cualquier película de bajo presupuesto y nadie notaría la diferencia. Hay momentos en los que suena como el himno de una compañía de seguros.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Primitive War es el tipo de película que te hace preguntarte cómo demonios llegó a existir. No es lo suficientemente mala como para ser divertida, ni lo suficientemente buena como para ser recomendable. Es el equivalente cinematográfico de un plato de comida precocinada: sabe a algo, pero no sabes exactamente a qué, y al final te deja con una sensación de vacío y arrepentimiento. Luke Sparke tenía una idea interesante, pero la falta de presupuesto, un guion predecible y unos efectos visuales que parecen sacados de un mod de Half-Life la convierten en un producto que solo interesa a los fans más acérrimos del cine de guerra de bajo presupuesto. Si te gustan las películas de monstruos con actores que intentan salvar los muebles, quizá encuentres algo que disfrutar aquí. Si no, huye. Esto no es una guerra, es una masacre. Y tú eres el objetivo. 💀🎬 Tráiler Oficial
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Primitive War: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Primitive War" en Claqueta Ácida?
- "Primitive War" tiene una nota de 6.2/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Dr. Cinismo.
- ¿Merece la pena ver "Primitive War"?
- Con reservas. Le damos un 6,2/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
- ¿Quién dirigió la película "Primitive War"?
- "Primitive War" fue dirigida por Luke Sparke.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Dr. Cinismo
3 amagos en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Alguna consulta furtiva al móvil en el segundo acto. Nada que no se perdone.
1 espresso para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
💬 El Veredicto de la Comunidad
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