Spider-Man — Brand New Day - La Nueva Era del Hombre Araña
La crítica más ácida y honesta de Spider-Man: Brand New Day, la nueva entrega de la saga del Hombre Araña
Spider-Man: Brand New Day — El funeral de la inocencia sabe a gloria (y a sangre)
Han pasado cuatro años desde que Peter Parker decidió que el mundo entero se olvidara de su existencia en el desgarrador clímax de No Way Home, y el pobre diablo sigue pagando la factura de su maldita nobleza. Ahora arrastra su miseria por un Nueva York helado, hostil y profundamente mugriento, viviendo en una buhardilla de mala muerte que huele a humedad, a lluvia rancia y a una soledad absoluta que se te mete bajo las uñas. Es un auténtico fantasma con mallas. El Spider-Man de Tom Holland ha dejado definitivamente de ser el niño mimado e hiperactivo del difunto Tony Stark para convertirse en un adulto roto, violento y profundamente traumado. Su propio cuerpo empieza a mutar de forma casi visceral, generando una telaraña orgánica y una agresividad en el combate que roza por momentos el body horror más áspero. Y eso, queridos lectores, es lo mejor que le podía pasar a un personaje que amenazaba con morir de puro empacho de corrección política.
Destin Daniel Cretton ha desembarcado en la franquicia no para salvar el cansado e hipertrofiado marco del MCU, sino para recordarle que el cine, de vez en cuando, necesita pulso, encuadre y sangre caliente en las venas. Brand New Day no es la típica atracción de feria familiar concebida para vender juguetes en el menú infantil de un restaurante de comida rápida; es una tragedia urbana disfrazada de blockbuster multimillonario donde cada golpe duele, cada hueso cruje contra el asfalto y cada caída se siente como un vacío real en el estómago.
Y hablo de caídas en el sentido más literal y físico del término. Si tenéis la oportunidad de ver esta película en 3D, no seáis tacaños por una vez en la vida y pagad la entrada cara sin dudarlo: la experiencia es sencillamente una puta pasada. La cámara de Brett Pawlak se despeña a tumba abierta junto a Spider-Man desde la cima de los rascacielos más altos de Manhattan hacia el asfalto helado con una tridimensionalidad salvaje, de esas que te provocan un vértigo real en la fosa nasal y te obligan a agarrarte con fuerza casi instintiva al reposabrazos de la butaca. Ver la física de la aceleración, el aire cortando la máscara de tela rasgada y las esquirlas de cristal saltándote directamente a la cara en medio del balanceo compensa hasta el último céntimo invertido en la entrada. Es puro cine de atracción llevado a su máxima y más violenta expresión.
Lo que funciona: Intimidad, tensión y cine de género sin concesiones
Pero no nos engañemos: esta propuesta no se sostiene únicamente sobre el vértigo físico ni sobre el espectáculo pirotécnico de última generación a base de efectos digitales. Lo que Cretton consigue en el apartado estético y narrativo tiene momentos que rozan la pura genialidad dentro de un género trillado que llevaba años pidiendo a gritos un lavado de cara radical:
El regreso del terror psicológico y claustrofóbico: Olvidaos por completo de los villanos de opereta soltando chistes tontos para rebajar la tensión dramática cada dos minutos. La secuencia del encarcelamiento en la celda de máxima seguridad —un cubículo de cristal blindado diseñado al milímetro con un tufo inconfundible, perturbador y elegantísimo a El silencio de los corderos— es absolutamente brutal. La tensión implacable de esa conversación a través del vidrio, con los reflejos deformando los rostros de los personajes mientras una amenaza casi invisible acecha en la sombra, demuestra que el cine de superhéroes puede dar verdadero pánico cuando le da la gana romper con el manual corporativo de Disney.
Holland ya es indivisible de Spider-Man: Se acabó de una vez por todas el debate estéril sobre si Tobey Maguire o Andrew Garfield encarnaron al trepamuros definitivo. Tom Holland ha alcanzado aquí una madurez interpretativa devastadora y rotunda. Ya no podemos separar al actor de la figura del héroe; el chaval porta la máscara con una desesperación, un agotamiento físico y un peso emocional que se nota en cada suspiro entrecortado, en cada golpe que encaja y en cada cicatriz que cruza su rostro. Es, con una diferencia abismal, el mejor y más complejo trabajo de toda su carrera.
La tensión incandescente con MJ: Zendaya aparece el tiempo justo y necesario para que su presencia no se sienta como un peaje nostálgico, pero cada segundo que comparte con Holland en pantalla incendia la sala por completo. No necesitan discursos cursis, ni música de violines de fondo, ni declaraciones románticas de parvulario: se follan literalmente con la mirada. La química entre ambos es tan física, densa, dolorosa y cargada de un deseo no resuelto por culpa del olvido que podrías cortar el aire de la sala de cine con un bisturí afilado. Es el triunfo de la actuación contenida sobre el diálogo sobreexpuesto.
Lo que cruje: Un ritmo que se atasca en su propia autocomplacencia trágica
No nos pongamos tampoco místico-estúpidos ni cerremos los ojos ante los defectos evidentes que arrastra el metraje: la película no es perfecta ni de lejos, y cuando tropieza, lo hace con estrépito. El gran problema de Brand New Day es que, en su desmesurado y casi obsesivo afán por alejarse a toda costa del tono infantiloide y desenfadado habitual del estudio, a veces se pasa de frenada en su propio dramatismo.
Hay un tramo entero en el segundo acto donde el ritmo narrativo cae en un picado peligrosísimo. La película se vuelve excesivamente lenta, plomiza y lastimera, regodeándose en la autoflagelación de Peter Parker hasta límites que rozan lo insufrible para el espectador. Ver a un héroe sufrir e infligirse un castigo emocional está muy bien para darle empaque y madurez a la historia, pero dedicarle casi cuarenta minutos a ver a Holland compadecerse de sí mismo mientras camina bajo la lluvia neoyorquina con una banda sonora depresiva de fondo termina rozando el culebrón existencialista. Un poquito más de nervio en el montaje final le habría venido de perlas para no dormir al personal entre palomita y palomita. Da la sensación de que el director se enamoró tanto de la tristeza de su protagonista que se olvidó por un momento de que estaba dirigiendo una película sobre un tipo que salta entre edificios.
Lo mejor
- Caída libre en 3D: La vertiginosa y angustiosa caída libre en 3D desde la cima de los rascacielos.
- Cárcel de cristal: La aterradora escena a lo Hannibal Lecter en la cárcel de cristal blindado.
- Química Holland-Zendaya: La química incandescente, física y silenciosa entre Tom Holland y Zendaya.
Lo peor
- Segundo acto: Un segundo acto desmedidamente lento, pesado y con un exceso de dramatismo lastimero que frena el ritmo global de la película en seco.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Spider-Man: Brand New Day es un puñetazo rotundo y francamente necesario en la mesa del cine comercial contemporáneo. Es una película indudablemente defectuosa en su ritmo interno, que a ratos se pone demasiado plañidera y se regodea en el sufrimiento de su protagonista hasta rozar lo pesado, pero que se rescata a sí misma gracias a una puesta en escena apabullante, una atmósfera sombría y sucia, unos giros con ecos de thriller noventero de primera categoría y un uso del 3D que te vuela la cabeza desde el primer minuto de metraje. Tom Holland ha hecho suyo el personaje para siempre de forma incontestable, y el MCU demuestra que, cuando decide soltar la correa, dejar de tratar al público como a idiotas y ponerse abiertamente violento, todavía sabe morder con verdadera saña. 💀
🎬 Tráiler Oficial
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Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Maximiliano Z.
1 amago en el tramo intermedio; pestañeo pesado en las transiciones más innecesarias.
Minuto 40 y minuto 68 (comprobando cuánto quedaba de suplicio).
1 espressos para no dejarse vencer por la mediocridad cómoda.
"A mitad del segundo acto cuando la subtrama secundaria empezó a pesar más de lo que aportaba."
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