🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚠️ Ácido Sulfúrico

Wekufe — El origen del mal (y del aburrimiento eterno)

Javier Attridge convierte el mito chilote en un folletín universitario con pretensiones de terror cósmico. Spoiler: el único monstruo aquí es la mediocridad.

✍️ Por: Odin Lagbert
🎬 Director: Javier Attridge
⏱️ Lectura: 11 min
⚠️ Ácido Sulfúrico 3.8/10
Crítica y fotograma de la película Wekufe en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Wekufe

Crítica de Wekufe

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Wekufe: El origen del mal (y del aburrimiento eterno) 0:00 / --:--

Hay películas que nacen bajo el signo de la ambición desmedida. Wekufe: El origen del mal es una de esas criaturas desafortunadas que confunde el folclore con el folletín, el terror cósmico con el tedio académico, y la dirección de actores con una clase de teatro para principiantes. Javier Attridge, director y guionista, parece haber confundido Chiloé con el Cine de los Muertos de George A. Romero, pero sin zombis, sin gore, y sobre todo, sin ideas. Lo que queda es un ejercicio pretencioso de 80 minutos que flirtea con el documental etnográfico sin llegar a serlo, y con el terror psicológico sin lograr asustar ni a un niño de cinco años. Bienvenidos al found footage más aburrido de la historia del cine chileno, donde el único misterio es cómo diablos consiguieron financiar esto.

El contexto no ayuda. Estrenada en 2016, Wekufe llega en un momento en que el cine de terror latinoamericano intentaba —y en muchos casos lograba— encontrar su voz propia. Películas como La región salvaje (Amat Escalante, 2016) o Temporada de patos (Fernando Eimbcke, 2004) demostraban que el continente podía producir obras con identidad, pulso narrativo y, sobre todo, capacidad de impactar. Attridge, en cambio, opta por el camino fácil: tomar un mito local (el wekufe, espíritu maligno de la mitología mapuche), envolverlo en una trama de investigación universitaria y esperar que el folclore haga el trabajo sucio. Spoiler: no lo hace. Lo que tenemos es una película que parece un trabajo de fin de grado, con diálogos que suenan a Wikipedia recitada en voz alta y un ritmo que alterna entre el sopor y la confusión. No es terror, no es drama, no es documental. Es, en el mejor de los casos, un mood board mal ejecutado.

La premisa es prometedora: una estudiante (Paula Figueroa) viaja con su novio (Matias Aldea) a Chiloé para investigar la relación entre los delitos sexuales y las leyendas locales. En teoría, esto debería ser un caldo de cultivo perfecto para el terror atmosférico, el suspense psicológico o incluso el folk horror a lo The Wicker Man. En la práctica, lo que obtenemos es una sucesión de planos secuencia interminables donde los personajes caminan por bosques, miran al vacío y sueltan frases como "el wekufe es una metáfora de la opresión colonial". Attridge parece más interesado en demostrar que ha leído a Foucault que en contar una historia. Y cuando por fin ocurre algo —un grito, una sombra, un susurro—, el montaje se encarga de arruinarlo con cortes torpes y una banda sonora que suena como el ringtone de un Nokia de 2005. El resultado es una película que oscila entre lo pedante y lo amateur, sin decidirse por ninguno de los dos extremos.

El reparto, por su parte, no ayuda a salvar el barco. Matias Aldea interpreta a su personaje como si estuviera en un comercial de cerveza, con una sonrisa perenne que choca frontalmente con el tono supuestamente oscuro de la película. Juan Pablo Burmeister, en el papel de un lugareño misterioso, parece sacado de un sketch de El Chavo del 8, con una actuación tan sobreactuada que roza lo paródico. La única excepción es Paula Figueroa, quien al menos intenta transmitir algo parecido a la tensión. Su mirada de incomodidad en las escenas de investigación es lo único que salva a Wekufe de ser un completo desastre. Pero ni siquiera ella puede hacer milagros: cuando el guion te obliga a recitar diálogos como "el wekufe no es un monstruo, es un símbolo", hasta la mejor actriz del mundo tiraría la toalla.

Wekufe still 1
Wekufe still 1

Dirección: El plano secuencia como excusa

Javier Attridge parece obsesionado con la idea de que un plano secuencia es sinónimo de cine de autor. Lo hemos visto antes en directores como Béla Tarr o Andrei Tarkovski, maestros que usaban la duración de los planos para crear una experiencia casi hipnótica. Attridge, en cambio, los emplea como muletas. Sus planos secuencia no construyen atmósfera ni tensión; simplemente llenan tiempo. Hay una escena en particular, donde la protagonista camina por un bosque mientras su novio le explica la historia del wekufe, que dura unos interminables cuatro minutos. Cuatro minutos de árboles, susurros y un travelling lateral que no aporta absolutamente nada. No hay angustia, no hay misterio, no hay revelación. Solo cuatro minutos de relleno que podrían haberse resumido en un plano medio y un fundido a negro.

El problema no es el uso del plano secuencia en sí, sino la falta de propósito detrás de él. Attridge parece creer que la duración equivale a profundidad, como si un plano de dos minutos fuera automáticamente más artístico que uno de dos segundos. Pero el cine no funciona así. Un plano secuencia debe servir a la narrativa, no al ego del director. En Wekufe, los planos largos solo sirven para exponer las carencias del guion: diálogos planos, actuaciones mediocres y una falta absoluta de ritmo. Es como si Attridge hubiera visto Stalker (1979) y hubiera decidido que lo único que necesitaba para hacer una gran película era imitar su lentitud, sin entender que detrás de esa lentitud hay una filosofía, una visión del mundo. Aquí, detrás de los planos interminables, solo hay vacío.

El montaje, por su parte, es igual de desastroso. Hay escenas que parecen cortadas al azar, como si alguien hubiera pulsado el botón de stop en medio de una toma sin razón aparente. En una película que depende tanto de la atmósfera, estos errores son imperdonables. El sonido, otro elemento clave en el terror, también falla estrepitosamente. La banda sonora es inexistente, y cuando aparece, suena como un loop de sonidos ambientales descargados de una página gratuita. Los gritos, los susurros y los ruidos de la naturaleza —elementos que deberían generar tensión— suenan artificiales, como si hubieran sido grabados en un estudio con un micrófono de juguete. En resumen: Attridge tiene las herramientas del cine de terror, pero no sabe cómo usarlas.

Wekufe still 2
Wekufe still 2

Actuaciones: Entre el comercial de cerveza y el sketch cómico

Si hay algo que salva parcialmente a Wekufe del olvido, es la actuación de Paula Figueroa. Su personaje, la estudiante que investiga los crímenes, es el único que parece entender que está en una película de terror. Figueroa logra transmitir una incomodidad genuina en las escenas de investigación, especialmente en los momentos en que interactúa con los lugareños. Hay una escena en particular, donde una anciana le cuenta la leyenda del wekufe, en la que su expresión de miedo y fascinación es lo único que mantiene al espectador mínimamente enganchado. Es una lástima que el guion no le dé más oportunidades para brillar, porque cuando lo hace, demuestra que podría haber sido una gran película con una actriz principal a la altura.

El resto del reparto, sin embargo, es un desastre. Matias Aldea interpreta a su novio como si estuviera en un anuncio de cerveza, con una sonrisa permanente y una actitud de "todo está bien" que choca frontalmente con el tono oscuro de la película. En una escena clave, donde deberían estar discutiendo sobre los crímenes que están investigando, Aldea actúa como si estuviera en una cita romántica, sonriendo y haciendo chistes. Es desconcertante, por decirlo de manera amable. Juan Pablo Burmeister, en el papel de un lugareño misterioso, parece sacado de una comedia de los 90. Su actuación es tan exagerada que roza lo paródico, con gestos grandilocuentes y un tono de voz que oscila entre el susurro y el grito. En lugar de generar misterio, genera risa.

El problema no es solo que las actuaciones sean malas, sino que son inconsistentes con el tono de la película. Wekufe intenta ser un thriller psicológico con toques de terror folclórico, pero el reparto actúa como si estuviera en un drama universitario o, peor aún, en una telenovela. No hay química entre los personajes, no hay tensión en sus interacciones, y sobre todo, no hay miedo. Cuando la película intenta asustar, el espectador no siente nada porque los actores no transmiten ninguna emoción real. Es como si Attridge hubiera olvidado dirigir a su reparto, dejándolos a su suerte en un guión que ya de por sí no les daba mucho material con el que trabajar.

Apartado técnico: La fotografía que no fotografía nada

Uno de los mayores problemas de Wekufe es su incapacidad para crear una atmósfera visual coherente. La fotografía, cuyo responsable ni siquiera figura en la ficha técnica, es plana, sin textura y, en muchos casos, simplemente fea. Chiloé es un lugar con una belleza natural indiscutible: bosques densos, playas desoladas, cielos tormentosos. Sin embargo, Attridge y su equipo parecen haber decidido ignorar todo eso, optando por encuadres genéricos que podrían pertenecer a cualquier película de terror de bajo presupuesto. No hay composición, no hay juego de luces y sombras, no hay nada que haga que los paisajes destaquen. Es como si hubieran rodado con una cámara de teléfono móvil, sin preocuparse por el encuadre o la iluminación.

Hay una escena en particular, donde la protagonista camina por un bosque al atardecer, que debería ser visualmente impactante. En lugar de eso, lo que vemos es un plano medio borroso, con una iluminación plana que no resalta ni los árboles ni el rostro de la actriz. No hay profundidad de campo, no hay contraste, no hay nada que invite al espectador a sumergirse en la escena. Es un desperdicio de locación y de potencial visual. En una película que depende tanto de la atmósfera, este tipo de errores son imperdonables. El terror folclórico se alimenta de lo visual: de las sombras, de los rostros iluminados por velas, de los paisajes que parecen sacados de un sueño. Wekufe no tiene nada de eso.

El diseño de sonido, otro elemento clave en el terror, también falla estrepitosamente. La banda sonora es inexistente, y cuando aparece, suena como un loop de sonidos ambientales descargados de una página gratuita. Los gritos, los susurros y los ruidos de la naturaleza —elementos que deberían generar tensión— suenan artificiales, como si hubieran sido grabados en un estudio con un micrófono de juguete. Hay una escena en la que la protagonista escucha un susurro en el bosque, pero el sonido es tan malo que parece que alguien está hablando a través de un walkie-talkie. En lugar de asustar, genera risa. El montaje, por su parte, es igual de torpe. Hay cortes abruptos que rompen cualquier tipo de tensión, y escenas que parecen ensambladas al azar. En resumen: el apartado técnico de Wekufe es un recordatorio de que el terror no es cuestión de presupuesto, sino de talento.

Lo mejor

Paula Figueroa: La única actriz que parece entender que está en una película de terror. Su mirada de incomodidad en las escenas de investigación es lo único que salva a Wekufe* de ser un completo desastre. Cuando el guion le da algo con lo que trabajar, demuestra que podría haber sido una gran película.

  • La premisa: La idea de explorar el vínculo entre los mitos chilotes y los delitos sexuales es interesante y tiene potencial. Lástima que el guion no sepa desarrollarla.
  • Algunos planos de Chiloé: Aunque la fotografía es generalmente mediocre, hay un par de planos de los paisajes de Chiloé que logran transmitir la belleza y el misterio del lugar. Son momentos breves, pero al menos demuestran que Attridge sabía dónde estaba rodando.

Lo peor

  • El guion: Diálogos pedantes, personajes planos y una trama que no va a ningún lado. Attridge parece más interesado en demostrar que ha leído a Foucault que en contar una historia coherente.
  • Las actuaciones: Matias Aldea actúa como si estuviera en un comercial de cerveza, y Juan Pablo Burmeister parece sacado de un sketch cómico. Solo Paula Figueroa logra salvar algo de dignidad.
  • El ritmo: 80 minutos que parecen 8 horas. Los planos secuencia interminables, el montaje torpe y la falta de tensión hacen que la película sea un suplicio para el espectador.
  • La fotografía: Plana, sin textura y, en muchos casos, simplemente fea. Chiloé merecía algo mejor.
  • El diseño de sonido: La banda sonora es inexistente, y los efectos de sonido suenan como si hubieran sido descargados de una página gratuita. En lugar de asustar, generan risa.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Wekufe: El origen del mal es lo que pasa cuando el folclore se encuentra con la pretensión académica y el presupuesto de un cortometraje universitario. Javier Attridge tenía una oportunidad de oro para explorar el terror folclórico chileno con profundidad y atmósfera, pero en lugar de eso nos regaló 80 minutos de planos secuencia aburridos, diálogos pedantes y actuaciones que oscilan entre lo amateur y lo paródico. Paula Figueroa merece algo mejor, Chiloé merece algo mejor, y sobre todo, el público merece algo mejor. Si esto es lo mejor que puede ofrecer el cine de terror chileno, entonces el wekufe no es un espíritu maligno: es una metáfora de la industria. 💀

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Wekufe: preguntas frecuentes

¿Qué nota tiene "Wekufe" en Claqueta Ácida?
"Wekufe" tiene una nota de 3.8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Odin Lagbert.
¿Merece la pena ver "Wekufe"?
No. Le damos un 3,8/10 (Ácido Sulfúrico), nuestra categoría para lo que no recomendamos.
¿Quién dirigió la película "Wekufe"?
"Wekufe" fue dirigida por Javier Attridge.
🩺

Ficha de Daños Colaterales en Sala

Certificado de impacto psicofísico emitido por Odin Lagbert

💀 Trauma Auditivo y Mental
🥱 Bostezómetro

5 bostezos sonoros distribuidos con inquietante regularidad.

⏱️ Miradas de Pánico al Reloj

Más miradas al reloj que planos memorables, y ninguna trajo buenas noticias.

😬 Índice de Cringe Ajeno 6.8/10
☕ Prescripción Terapéutica

2 espressos triples o aceptar la derrota con dignidad.

💥 Punto de Descarrilamiento

"Desde el primer acto, cuando quedó claro que nadie en la sala de montaje había visto la película completa."

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Nota de Claqueta Ácida 3.8/10
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