Sexykiller — Sangre fucsia, alta costura y el disparate kitsch de 2008
Macarena Gómez empuña la motosierra vestida de Christian Dior en un festín de humor negro patrio que abraza el ridículo con descaro y devoción. 💀
Crítica de Sexykiller
El cine de género español de finales de los años dos mil atravesó un periodo de mutación tan desconcertante como irrepetible. Tras el ocaso de la Fantastic Factory de Brian Yuzna en Castelao y al abrigo del impacto internacional de títulos de corte severo como El orfanato o Los cronocrímenes, la producción nacional se bifurcó: por un lado, el thriller de fantasmas institucional y formalista; por el otro, una guerrilla contracultural y descaradamente pop que se negaba a pedir perdón por existir. Sexykiller, morirás por ella (2008) es, con toda probabilidad, el fósil más salvaje, colorista y gozoso de esa segunda trinchera.
Nacida de un libreto temprano de Paco Cabezas —mucho antes de que el guionista sevillano hiciera las maletas para rodar acción en Hollywood con Mr. Right o dirigir episodios de Penny Dreadful— y encomendada a la dirección hiperactiva de Miguel Martí, la película planteaba una premisa que era pura dinamita de viñeta: ¿qué ocurriría si cruzáramos la ferocidad sanguinaria de American Psycho con la paleta de chicle de Una rubia muy legal, situando la matanza en un campus de medicina privado y cambiando el hacha de Patrick Bateman por una motosierra fucsia y stilettos de Christian Dior?
El relato sigue a Bárbara (Macarena Gómez), una estudiante de sobresaliente cuya sociopatía narcisista solo es comparable a su enfermiza devoción por las últimas tendencias de pasarela. Cada vez que un compañero pedante, un profesor estirado o una rival que viste con mal gusto perturba su armonía estética, Bárbara lo descuartiza con teatral crueldad, atribuyendo los crímenes a un supuesto "asesino de la facultad" mientras ella misma lidera las reuniones de análisis forense con una sonrisa angelical.
Dirección y tono: El choque frontal entre el giallo pop y la comedia universitaria
Miguel Martí encara el rodaje con la urgencia y el descaro visual de los realizadores forjados en el videoclip y la publicidad de la época. No hay un solo plano en la película que aspire a la verosimilitud documental: la cámara de Carles Gusi (Torrente, Celda 211) satura los contrastes primarios hasta transformar el centro universitario en un tebeo de Bruguera bañado en LSD. Los pasillos de azulejos blancos resplandecen bajo luces de neón esmeralda, la sangre artificial brota a borbotones en tonos rosa chicle y los laboratorios parecen diseñados para un videoclip de pop-punk de principios de siglo.
La puesta en escena renuncia conscientemente a la pausa. La composición se apoya en encuadres aberrantes, barridos de cámara ultrarrápidos, pantallas divididas y rupturas constantes de la cuarta pared donde Bárbara guiña un ojo al espectador para justificar por qué una chaqueta de tweed fuera de temporada merece la pena de muerte. Lejos de avergonzarse de sus referentes, la cinta abraza el pastiche con entusiasmo: hay guiños explícitos a Scream, homenajes al giallo italiano de Mario Bava en el uso cromático de las sombras y una mala baba netamente española que disecciona el clasismo rancio de las facultades privadas con certera puntería satírica.
Guion e interpretaciones: El huracán Macarena Gómez contra el disparate argumental
Cualquier otra actriz al frente de esta empresa habría provocado el colapso del filme a los veinte minutos por sobredosis de histrionismo. Sin embargo, Sexykiller encuentra su razón de ser en la entrega absoluta, magnética y desquiciada de Macarena Gómez. Con sus enormes ojos vidriosos, su anatomía elástica y su dicción afilada como un bisturí, la actriz cordobesa construye un monstruo cómico inolvidable. Bárbara no es una víctima que se venga; es un depredador absoluto que disfruta con cada amputación y que modula la frontera entre la inocencia infantil y la psicopatía carnicera con un tempo cómico prodigioso.
A su alrededor, el reparto secundario se presta al vodevil con admirable desahogo. Alejo Sauras compone a Álex, el empollón entrañable de neurobiología cuyos inventos interfieren sin querer en los planes de la protagonista; un jovencísimo Javier Ambrossi brilla como el pijo vanidoso Jaime; y veteranos como Ángel de Andrés López y Juan Carlos Vellido prestan su empaque clásico para dar réplica a las mayores barbaridades dialécticas con total profesionalidad.
El libreto de Paco Cabezas es una montaña rusa que decide descarrilar deliberadamente en el último tercio. Cuando la historia parecía encauzada como un slasher canónico, la trama muta sin previo aviso en un delirio de ciencia ficción zombi a lo Re-Animator: los cadáveres de las víctimas vuelven a la vida gracias a un casco de lectura cerebral y asaltan el campus en traje de fiesta. No tiene el menor sentido dramático y esa es, precisamente, la mayor virtud de la película: su negativa radical a tomarse en serio.
Fotografía, música y ritmo: Carles Gusi y la estética de videoclip dosmilero
En el apartado sonoro, la partitura de Fernando Velázquez se erige en una de las grandes sorpresas de la producción. Velázquez —que muy poco después alcanzaría el reconocimiento unánime de la industria por sus soberbias bandas sonoras para Lo imposible y Un monstruo viene a verme— demuestra aquí una versatilidad arrolladora, componiendo fanfarrias sinfónicas, guitarras surf y ritmos electrónicos que parodian con ironía los tópicos del horror de Hollywood.
El montaje afila las tijeras para mantener el metraje en unos ajustadísimos noventa minutos que pasan como un suspiro. Si bien este ritmo ametrallador sacrifica en ocasiones la creación de suspense en las escenas de acecho, garantiza que la película nunca se estanque en el letargo ni deje tiempo al público para cuestionar la lógica interna de sus disparates.
Lo mejor
- La antológica composición de Macarena Gómez: Una interpretación descomunal, física e irreverente que convirtió a Bárbara en icono indiscutible del fantástico español.
- La deslumbrante paleta visual de Carles Gusi: Verde quirúrgico, magenta y luces estroboscópicas que convierten un presupuesto modesto en un festín estético de cómic.
- La falta de complejos: El libreto de Paco Cabezas dinamita las convenciones de la comedia comercial, saltando del slasher a la comedia zombi con alegre desenfreno.
Lo peor
- Un montaje que roza el paroxismo: La velocidad del corte perjudica en ocasiones la respiración cómica de los chistes más elaborados.
- Efectos digitales envejecidos: Determinados retoques de sangre por ordenador desentonan frente a la brillantez del látex y el maquillaje práctico.
- Tramas policiales accesorias: Los segmentos de investigación detectivesca pierden fuelle frente al magnetismo arrollador de los desfiles sangrientos de su protagonista.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Sexykiller es una soberbia peineta al cine encorsetado y biempensante. Sabe con exactitud el terreno que pisa: una comedia negra gamberra, chillona y descarada que trata la alta costura como un deporte de riesgo y el buen gusto como un delito capital. Comandada por una Macarena Gómez imperial que eleva el homicidio en tacones a la categoría de bellas artes, la cinta de Miguel Martí y Paco Cabezas se mantiene como un título de culto indispensable de nuestra cinematografía genérica que ha ganado frescura y valor festivo con el paso de los años. Desvergonzada, divertida y orgullosamente libre. 💀
🎬 Tráiler Oficial
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Sexykiller: preguntas frecuentes
- ¿Qué nota tiene "Sexykiller" en Claqueta Ácida?
- "Sexykiller" tiene una nota de 5.8/10 en Claqueta Ácida según el análisis publicado por Odin Lagbert.
- ¿Merece la pena ver "Sexykiller"?
- Con reservas. Le damos un 5,8/10 (Ácido Cítrico), nuestra categoría para obras irregulares que tienen algo que rescatar.
- ¿Quién dirigió la película "Sexykiller"?
- "Sexykiller" fue dirigida por Miguel Martí.
Ficha de Daños Colaterales en Sala
Certificado de impacto psicofísico emitido por Odin Lagbert
0 bostezos; la saturación de chistes groseros y hemoglobina fucsia impide cerrar los ojos aunque quieras.
Las miradas al reloj llegan puntuales en cuanto la película se pone explicativa.
Una lata de Red Bull caliente para aguantar el ritmo epiléptico de montaje de videoclip dosmilero.
"El invento del casco cerebral de lectura de ondas de memoria que acaba provocando una plaga de no-muertos en el aula magna."
La réplica de Lúa Ácida (Reina del Cine Transgresor)
En desacuerdo frontal con la valoración emitida por Odin Lagbert.
“Odin se equivoca al juzgar con ceño severo lo que siempre fue una gamberrada pop autoconsciente: Macarena Gómez está colosal y el libreto de Paco Cabezas es un monumento al cine trash sin complejos.
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